martes, 24 de junio de 2008

No más Italia


La Palabra Esférica se transforma en una sucursal del envidiable y exquisito blog: La Pelota el Corazón del Aire, del culiacanense Daesu. Los textos futboleros de Daesu se conforman a partir de heterogéneas capas que envuelven una sutil pasión por el fútbol. Bienvenido al Blog Daesu…

Inglaterra inventó el futbol, Brasil lo reinventó desde la felicidad insobornable de sus genios, sus anarquistas de gambeta melodiosa, su voluntad de improvisar al vuelo una jugada maestra; Italia, en cambio, inventó la especulación (por medio de Helenio Herrera) y la sosobra; creó las sombras de la estrategia y la ilegalidad. ¿Por qué solventar y celebrar un juego puntista, golpeador, rocoso, diseñado para el desequilibrio emocional de los contrincantes? ¿Por qué inclinarse ante hombres como Gentile, quien debió ser expulsado hasta tres veces en el Mundial de España 82? ¿Por qué terminar hablando del carácter italiano, ante las salvajadas de Tassoti, héroe secreto de aquella eliminación a España en el 94; o los golpes sistemáticos de Materazzi, un cruento malevo de hostal; un alien recubierto con el halo de la gloria azurra en el 2006? ¿Por qué los mismo aficionados advenedizos que un día celebran el futbol de Brasil, hecho de sambas intrincadas, el día de la eliminación carioca atienden el llamado de la tribu más rústica y le van a Italia?

Ayer, la selección de España se olvidó del peso histórico de una selección acostumbrada al granito táctico, y haciendo franjas con la pelota en todas las zonas del campo, presionó a una Italia aferrada al alargue, obsesionada con llevar a las últimas instancias un juego donde exhibieron su mezquindad y su falta de arrojo; una Italia que depositó sus esperanzas en un portero grandioso como Bufon, acostumbrado a pararse en la línea y ver de frente al fuego. En su estupendo blog, La palabra esférica, Christian Vera mencionaba la proverbial fortuna de Italia en las gestas de trascendencia, ante el reclamo de un lector al no darle el carácter de hazaña al triunfo de los azules frente a Francia. ¿Por qué? Cuando llegó dicho partido, se sabía que a Francia le hacía falta un constructor de ideales tácticos; un cerebro que moviera la bola a su propio ritmo y lanzara sobre las moles italianas los pases más precisos en busca de un Henry o un Benzema o un Anelka ávido de goles. Sin embargo, el mejor francés de los últimos 15 años estaba -creo- viendo el partido en la sección VIP del estadio, e imaginaba los trazos y las circunstancias con las cuales su equipo pudiera acceder a la ronda de cuartos.

En Italia, un jugador de esa categoría no es necesario. Sus técnicos apuestan a las bandas como un canal de comunicación futbolístico. Depositan todos sus sueños en un jugador cuyo juego ofensivo dio muchos goles en la Bundess Liga gracias a las descolgadas, sí,de un francés (Frank Ribery). Se acabó la polémica manida de si es pertinente poner a Toti o Del Piero juntos. No, ninguno de los dos jugadores más brillantes que ha dado el futbol de la bota en los útlimos años ha sido factor, ni para conseguir logros ni para convencer a una nación acostumbrada a la ceguera de los árbitros ante la marrullería de sus jugadores, la poca disposición de sus estrategas para hacer del fútbol un fresco de espectáculo y belleza plástica. ¿Hace cuánto esta selección no da, no diré un juego completo, sino un mosaico de jugadas aisladas que configuren eso que llamamos fútbol de asociación y que ha tenido muchos, innumerables protagonistas en el mundo? Sí, son los Campeones del Mundo, se me dirá. Acaso sea igualmente justo decir que el mundo le ha permitido todo.

3 comentarios:

martin salas dijo...

A la pregunta de por qué celebrar a Italia se me ocurre una respuesta sencilla: porque Italia es Italia, porque no todos deberían jugar con la samba de Brasil, la frialdad de Alemania, la técnica de Argentina. Aquí hablamos de identidad futbolística, nada mas ni nada menos. Que bueno que no todos jueguen de la misma manera, y lo interesante es que esta Eurocopa lo está demostrando con cada selección. Es cierto que lo que nos proponen los italianos es muchas veces la destrucción del juego bonito, pero también nos han brindado jornadas heroicas, tan necesarias en los momentos limite, de pura garra. Recordemos el gran partido Brasil-Italia del 82, por ejemplo.
Eso también es fútbol...de esa manera podemos igualmente disfrutarlo.

Daesu dijo...

De hecho, sí, tienes en buena parte razón. Mi texto está hecho como un recordatorio a esas salvajadas italianas que nunca tuvieron culpables en la historia del futbol, y que la gente celebra como un razgo de carácter futbolero. Me castra esa Italia llena de artilugios y trampas, golpes bajos y paulatino desgaste del rival con esas faltas sistemáticas que, en ellos, es un arte mayor. Aprecié de aquella Italia que ganó el título en el 82 una final ganada desde el arranque con un futbol de trazo continuo (el gol de Tardelli, un tanto de muchos toques sin respuesta alemana, es una obra mayor de arquitectura futbolística) y ese juego que mencionas. Sin embargo, soy puntual en cuanto a lo que dije sobre Gentile, Materazzi, Tassoti. Pero no todo está perdido en mi relación con los italianos. Soy aficionado del Milan (después del Cruz Azul y el Barça) y he sabido apreciar muchas individualidades italianas a lo largo de los años. Dos de mis jugadores favoritos son Franco Baresi y Paolo Maldini, sí, defensas que hicieron de su posición un arte de desconstrucción productiva. Un saludo.

lapalabraesferica dijo...

Martín, sí, eso también es el fútbol, es lo que hizo Alemania a Turquía con un pragmatismo que alarma. Sin embargo, volviendo a Italia es que la squadra azzurra, como le dicen, no abandona ni un poquito a esa línea tediosa de fútbol que es la marca sus puestas en escena. Ese fútbol discreto, sin grandes alardes, y esa lección sobre cómo cerrar los espacios me abruman, esa habilidad con la que modulan el ritmo de los partidos y esa capacidad para atraer al rival al tipo de fútbol que ellos quieren es francamente asombroso, pero es un fútbol insoportable que desnuda el costado más pragmático y simplista que rodea a este maravilloso juego.

Además, estoy cansado de ver a los italianos mirar a su portería más que a la del rival. Estoy cansado de que los italianos primero cuiden su área, opten por la paciencia estratégica, la concentración que hipnotiza a los rivales y vean pasar los minutos en la cancha sin alterarse, porque saben que en algún momento llegará su oportunidad. También es cierto que cuentan con una ventaja que no tiene Brasil, Argentina, Holanda. Y es que a Italia nunca se le exige que juegue bien. Su público, su audiencia futbolera la juzga por los resultados. Da igual como gesta su victoria, la cuestión es ganar.