miércoles, 14 de julio de 2010

Hasta pronto...

Terminado el Mundial, ¿cuál será el destino de La Palabra Esférica? Grave pregunta ya que el blog volvió a reaparecer por el Mundial Sudáfrica 2010 después de una renuncia a escribir sobre el podrido contexto del fútbol boliviano. Y no queda más que ejercer lo dicho… Dejar de postear... Antes de cerrar este post valga algunas reflexiones a esta altura redundantes sobre el desastre institucional del fútbol y del deporte boliviano.

Estamos a la víspera de elegir al nuevo presidente de la Federación Boliviana de Fútbol… El panorama es oscuro por donde se lo mire ya que al parecer todo indica que el señor Carlos Chávez volverá a la cabeza de la federación gracias a sus movimientos maquiavélicos y al prebendalismo que roza con la corrupción, además que Chávez cadidatea con el pésimo antecedente de su anterior gestión en la que el fútbol boliviano consolidó su intrascendencia continental y su mediocridad sempiterna. Sin embargo, hace una semana atrás apareció Guido Loayza, antiguo protomártir de la clasificación boliviana al Mundial USA 94. Frente a Chávez la presencia del paladín Loayza despierta una pequeñísima esperanza. Pero reitero el adjetivo: pequeñísima…

Así como en Argentina no pueden abandonar a los fantasmas del México 86, en Bolivia salvando las diferencias no podemos dejar a todos los fantasmas de la clasificación del 93 que de a poco vuelven… Este es otro síntoma de nuestra mediocridad, la escasa renovación de dirigentes… Pero volviendo a esta narración de los hechos políticos que se dan en el fútbol se añadió a la confirmación de Loayza como candidato la llegada repentina de Xavier Azkargorta, el jefe de tripulación de la selección boliviana mundialista, quien arribó al frío paceño con un proyecto para proponérselo al Presidente Evo o para recibir sus comentarios. El proyecto cabalga entre lo predecible y posible de realizar, nada extraordinario. Sin embargo, en caso de que llegue a la cabeza de la Federación boliviana el señor Chávez con su estigma de inoperancia perpetua y tufillo de corrupción será muy difícil transformar un milímetro del podrido ámbito del fútbol boliviano, más allá de cualquier iniciativa como el proyecto del vasco Azkargorta. Creo que la presencia de Azkargorta en La Paz y en todos los medios del país quiere mover el peso de la balanza política hacia el lado de Loayza. El actual presidente del Bolívar o presidente deportivo de Bolívar o Baisa, no sé, tiene una deuda con el fútbol boliviano. Deuda en el sentido de que luego del 94 no tuvo el coraje y el peso suficiente para transformar el fútbol boliviano. Se fue con la corona de la victoria y su inmenso ego a su casa y heredó la federación a Saavedra Banzer que se encargó en pocos meses en dilapidar todo lo conseguido... Ojalá vuelva... Aunque ahora no tendrá todo el contexto favorable del 94...

El problema del fútbol y del deporte en Bolivia está muy relacionado con el crecimiento en el desarrollo humano del país. ¿Qué se entiende por desarrollo humano? Son muchas cosas que interactúan: desde la educación, la salud, la alimentación, los hábitos de esparcimiento, la calidad en la educación humanística, la calidad en la educación deportiva, los espacios de esparcimiento (canchas, plazas, parques, etc.), construir otra cultura deportiva, la responsabilidad para configurar instituciones deportivas que promuevan, que formen, que capaciten y a aquellos muy talentosos brindarles todas las condiciones posibles para formarlos para la alta competencia; todo esto en relación a una profunda educación humanística… Para esto se necesita dirigentes con otra ética, con ganas de transformar el mediocre contexto, con menos preocupación sobre su propio patrimonio, docentes que permanentemente se cuestionen sobre sus limitaciones y se preocupen por traspasarlas. También necesitamos un estado mucho más comprometido con la educación, con la salud. Municipios que otorguen mejor alimentación en las escuelas, preocupados por construir muchos espacios de esparcimiento e infraestructura para hacer deporte… Por ahora, estamos muy lejos de todo ello…

Más lejos aún si a la Federación Boliviana de Fútbol llega nuevamente el inoperante de Chávez…

Ahora sí es momento de cerrar el post… Volveré cuando crea que sea pertinente… Tal vez para comentar algún partido de la Copa Libertadores, seguramente para la Copa América de Argentina del próximo año… Agradezco a todos aquellos que leían los textos y los acompañaban con sus comentario: gracias Toño, gracias Susana, gracias Jorge Javier, gracias Julio, Alex Urroy, J. Vincent Luna, Roberto Ríos Michell, gracias en la distancia Daesu… Y a todos los que visitaron el blog…

Ya nos vemos…


Ojalá cambié el destino del fútbol y del deporte boliviano…

martes, 13 de julio de 2010

Que queda del Mundial

De este mundial me quedo con el coraje uruguayo y el gran Diego Forlán, con el hermoso recibimiento en Montevideo. Me quedo con el pragmatismo y la inteligencia paraguaya que neutralizo el aburrido juego español. Me quedo con la audacia chilena y con su juego frente a Honduras y Suiza. Sigo festejando el Moulin Rouge francés, el derrumbe italiano, el fracaso inglés, la renovación alemana, la autodestrucción brasileña, la confirmación estadounidense, el catenaccio suizo, el temor portugués, el crecimiento japonés, el atrevimiento eslovaco, las lágrimas del norcoreano Jong Tae Se, la potencia ghanesa, la decepción del resto de Africa. Me quedaré pensando en esa magia pendular argentina que de la euforia pasaron a la depresión total. Disfrute de futbolistas como el esloveno Birsa, el serbio Krasic, el ghanés Annan, el estadounidense Bradley, el japonés Honda, el paraguayo Alcaraz, el arquero portugués Eduardo y el chileno Medel, por citar algunos de los que se fueron más temprano. Los uruguayos Larrionda y Espinoza cargarán con el gol fantasma de Lampard ante Alemania. Los italianos Rossetti y Airoldi con el gigantesco fuera de juego de Tevez ante México. La pelota generó tanta polémica como los fallos arbitrales. La indomable Jabulani dejó expuestos a pateadores y a arqueros. Las vuvuzelas nos volvieron locos. El 4-2-3-1 se impuso como el sistema de moda. Fue el Mundial de Forlán, de Müller, de Sneijder, de Villa. No fue el Mundial de Cristiano Ronaldo, de Kaká, de Rooney, de Messi. Nueva Zelanda, que venía a perder todos, no perdió ninguno y quedó como único invicto del torneo. Sólo este juego sagrado puede regalar una definición como la de Ghana-Uruguay. Y Abreu la picó. Palermo la metió. El Pulpo Paul y Larissa Riquelme la pegaron. Y de golpe, todo terminó. Sudáfrica 2010 hizo justicia con un equipazo y con un crack. Andrés Iniesta habla en el campo. No necesitamos nada más. Con eso, nos hace felices.

Gracias Juan Pablo Varsky, por todos los textos producidos en el Mundial.

lunes, 12 de julio de 2010

Weeb, una vergüenza

Es una lástima que en una final de Copa del Mundo el árbitro haya influido tanto. El partido se oscureció cuando a los 15 minutos del primer tiempo el inglés Howard Weeb –árbitro de la Premier League– sacó cinco amarillas transformándose en el personaje central del partido. Definitivamente en este mundial muchas decisiones arbitrales ensuciaron el juego, crearon un conjunto de susceptibilidades que a uno le despiertan ciertas paranoias. Además demostraron que el arbitraje mundial carece de algo que es fundamental: capacitación y ecuanimidad. Lo patético es que no estoy hablando del arbitraje boliviano, sino mundial. Vuelvo a traer la idea de que este mundial expuso las hilachas más profundas de la mediocridad arbitral y sobre todo la mediocridad de la FIFA y de la International Board para reaccionar frente a semejante espanto.


Weeb dirigió el partido de España y Suiza y desde allí dio señales extrañas. Para los que recuerden ese partido el cual lo perdió España tuvo un alargue extrañísimo de 5 minutos injustificados, la selección roja se quejó de que no cobró dos posiciones adelantadas “clarísimas” en el gol que le convirtieron–para mí no las hubo–, sacó una infinita cadena de tarjetas amarillas para los suizos. Ayer en la final volvieron los fantasmas de Weeb, por una parte, favoreció notoriamente a los holandeses que para equilibrar su ausencia de fútbol empezaron a pegar de manera alevosa. Me refiero a los diversos patadones de Van Bomel que apenas fue castigado con una amarilla mereciéndose una roja, pero lo que fue imperdonable fue la alevosa patada criminal de De Jong a Xavi Alonso. Esa tremenda patada de karateca fue castigada con una amarilla. Las patadas holandesas equilibraron el juego y esto gracias al árbitro. Si de entrada Weeb hubiera echado a Van Bomel o De Jong el destino del partido hubiera sido distinto, seguramente de manera anticipada favorable a España.


Sin embargo, el inglés Weeb, mostrando el otro lado de la moneda, favoreció también a los españoles en varias instancias. Nuevamente se ejecuto esa bendita palabra que persigue a los árbitros: compensó. Seguramente la seguidilla de errores empezó a pesar en los nervios y conciencia de este impresentable árbitro inglés que cobraba de forma exagerada faltas a favor de España, perdonó una amarilla/roja a Iniesta por un codazo en venganza por una falta que cometió Van Bomel y no fue cobrada. También el 6, el héroe manchego, simuló una caída que terminó en la injusta expulsión de Heitinga, pero esos errores no fueron determinantes como si lo fue el no cobrar un tiro de esquina. ¿Recuerdan? Una pelota pateada por Sneijder que se desvío en la barrera. De ahí nació el gol que dio el triunfo a España. Tampoco sacó una amarilla a Iniesta luego de festejar el gol del triunfo en el que se sacó la polera.



Lamento que Webb haya dirigido la final, porque desde su primera intervención (España – Suiza) era posible advertir que no era un árbitro confiable. Es una vergüenza que un réferi sea tan malo y que en un mismo año haya dirigido la final de la Chapions y la final del mundial (¿qué hay detrás de todo es?). Es una lástima ya que es un árbitro que aprecia muy mal el juego, que no da la ley de ventaja, que sanciona de distinta manera dos faltas idénticas. En total, sacó nada menos que quince tarjetas y, aun así, no satisfizo siquiera a los que quieren sangre en el fútbol. El fútbol con esta clase de árbitros peligra, ya que peligra la legitimidad del juego…

domingo, 11 de julio de 2010

Apuntes charrúas, Umbral de la final II

Uruguay tenía la convicción de que serían puro corazón, coraje, guapeza y 100 por 100 fuerza. Y el partido fue así: jugado por los charrúas bajo el registro de la época. El rigor del campeonato mundial pesaba y mucho sobre todo en las piernas de los celestes, muchos de ellos con fatigas y lesiones adormecidas mediante infiltraciones médicas. Esto creo que condicionó el arranque tibio de Uruguay quienes tenían que administrar fuerzas, fortalecer la cabeza y el convencimiento, para luego recién encontrar rápidamente las claves para desmoronar el esquema en defensa de los alemanes. El motor uruguayo se encendió sobre la fuerza de Arévalo y Pérez. Entre los dos se construyó el equilibrio del equipo. Tanto el primer gol (en el que interviene Pérez sacándole una pelota a Schweinteiger, gran jugador) como en el segundo (en el que interviene Arévalo) los dos volantes no sólo controlaron la violenta salida de los germanos, sino que lucharon para llevarle pelotas a Cavani, Forlán y a Suárez. En ese contexto de gesta y bravura, lastimosamente Muslera tuvo dos errores críticos que derivaron en la entrega en bandeja de dos goles a los germanos. Ese fue el camino que eligió Uruguay para quedarse con la derrota. Sorprendió que Muslera esté tan nervioso y confundido en su área luego de que en 6 partidos mostró mucha solvencia, dicen que los arqueros (todos) tienes noches y noches, hoy no fue la de Muslera que se notaba su extravío.

Pese a ello, Uruguay nunca se minimizó frente a la embestida teutónica. Por el contrario, manejó los hilos en ataque, se apropió con autoridad y mucho fútbol del mediocampo y con categoría que sólo los grandes equipos muestran bloqueó la llegada de los alemanes. Nunca subestimó a Alemania, pero le faltaba piernas (a Lugano o a Fucile, por ejemplo) para no ceder tan fácil a los errores. El tercer gol Alemán llegó de una manera muy insólita: imprecisiones, marca frágil y confusiones en defensa. Sin embargo, tal vez a Uruguay le faltaba alguien que con más ductilidad y menos fuerza regule el fútbol del centro de la cancha. Esto para articular de manera más punzante las salidas charrúas. Y sobre todo para darle más legibilidad o claridad y contundencia a los ataques.

Sobre Diego Forlán se hace difícil escribir. Para mi gusto fue el jugador con más presencia en los 7 partidos jugados, fue el pistón anímico para levantar a los celestes en los momentos más complejos. Forlán intensifica el temperamento de los uruguayos. Hizo el primero (frente a Sudáfrica) y el último de los goles (frente a Alemania) para su selección. Concretó con mucha plástica y estética (y por qué no hasta con poesía irreverente) en las circunstancias más complejas para favorecer al equipo que daba señales de derrumbe. Supo inventarse las mañas, extremar recursos y forzar las piernas para ir a traer la Jabulani desde el centro de la cancha. Hizo asistencias, colaboró en defensa, fue fundamental en proyectar la salida, supo jugar con las bandas. De lejos su significancia va mucho más allá de cualquiera de las estrellitas aterrizadas en el mundial. Además que en sus declaraciones nunca se embarró con esa pátina de arrogancia, sino que emitía la serenidad a sus compañeros, a su Dt y a sus compatriotas... En fin, repito, para mi gusto el jugador más deslumbrante del mundial.

No quiero cerrar el post sin dejar escritas algunas líneas alrededor de ese gran volante Müller. Con 20 años irradia mucha lucidez y un fútbol distinto. Fue el engranaje más efectivo para hacer funcionar la fina máquina contragolpeadora, típicamente alemana. Alemania en este Mundial en apariencia dio un giro futbolístico muy relativizado frente a España donde sacó en cancha el viejo orden alemán, ese donde impera la velocidad, los largos pelotazos, la fuerza y donde la inteligencia queda subordinada a un esquema donde no interesa tener la pelota y se prioriza el cómo están parados todos en la cancha. Tal vez esta variación de juego, es decir casi con efecto pendular viraron de un futbol donde era fundamental el toque inteligente de la pelota a uno donde no interesaba ni verla. Este hecho, me parece, fue lo que complotó la desorientación del equipo. Creo que si Low hubiera sido más coherente con su propuesta y menos temeroso otro hubiera sido el destino de los alemanes. En esa confusión Müller entendió que para ganar el fútbol es importante saber hacer cosas con la pelota... Además de Müller la presencia de Özil, de Khedira dibujaron otro rostro de esta selección...

En la final creo que España tiene mucha ventaja para afrontar el partido, no es poco haberle ganado a Alemania. A diferencia de los que creen que España hizo un partido vistoso, brillante, jogo bonito con sabor al Barcelona de Guardiola me parece que exageran. Alemania creyó que la fórmula era ceder la pelota e iniciativa a los Rojos, se aglomeraron atrás y en ese trámite los que ganaron fueron los alemanes ya que no dieron ni un espacio para la llegada de goles del fútbol o futbol de salón español. Además que la posesión española fue muy lejos del área alemana. El gol, como todos saben, llegó de un cabezazo impresionante Puyol. No es un juego que a mí me deslumbre, su tiki-taka es empalagoso, eso sí cuando pasa por los pies de Iniesta cobra relevancia. Ese es su fuerte, pero creo que también los puede condenar a la improductividad en posesión, como algunas veces le pasa al Barcelona. Creo que España tiene mucha pinta de campeón. Quisiera que gané Holanda, pero los naranjas sufren del síndrome de la derrota frente a retos importantes. Y esa será la base del triunfo Español. Ojalá los naranjas me sorprendan y hoy den un giro a su historia que los obliga a perder...

sábado, 10 de julio de 2010

Sobre el Molusco y periodistas

Paul, el pulpo pitoniso
Para todos aquellos que los mundiales de fútbol se reducen a una polla o a una simple apuesta o a un evento bobo el pulpo paul es un personaje trascendental. Pitoniso inventado por los aburridos medios alemanes y reproducido y amplificado hasta exceder el absurdo por todos los medios del planeta. Luego de ver la omnipresencia del pulpo paul en periódicos, noticieros, programas dedicados al fútbol y en otros formatos televisivos, además presente en todas las declaraciones de los actores del fútbol: técnicos, jugadores, extécnicos, comentarias, presentadores, etc. no puedo dejar de hundirme en estas arenas movedizas que plantea la globalización y sobre todo en esa basura o mierda que exporta y que homogeniza a todos bajo el mismo manto de estupidez. En estos instantes uno llega a aborrecer la globalización del mundo. ¿Por qué un pulpo puede generar tanto eco? ¿Por sus dotes de pitoniso? ¿Por la gracia que supuestamente provoca? ¿Por qué orienta en el angustiante mundo de las apuestas (¿?)? ¿Por la originilidad o extravagancia de que un pulpo sea un oráculo postmoderno? Más allá de todo esto sin embargo la omnipresencia del pulpo paul reafirma ese lugar común de que cualquiera puede opinar de fútbol. Y sobre todo la idea de que una noticia absurda puede dar infinitas vueltas al mundo garantizando el raiting y la estupidez de todo aquel que la consume. Este último punto me divierte en extremo ya que a lo largo y ancho del mundo aparecieron cobayos clarividentes, pericos trascendentales, cuys mágicos, ardillas pitonisas, todas versiones locales del folklor inventado por paul. Después de escribir sobre este molusco creo que es apropiado revisar la cobertura del Mundial por el periodismo boliviano, sobre todo paceño... Ahí vamos...


Sí, sí, sí, sí…
Gonzalo Cobo, Director de Fútbol Manía del Grupo Fides, en este tiempo ha cobrado cierta importancia en el relato futbolero. Su relato está presente en cuatro frecuencias, lo cual de por si señala cierto monopolio de su voz. Es indudable la imitación por parte de Cobo a Mariano Kloss, relator de la Fox, sobre todo el relato nasal y el uso de comodines del argentino Klos como: ¡Atención! Es desesperante que Cobo imite a la Fox desde los chistes hasta el formato de la narración futbolera. Pero desespera más el hecho de que en enormes tramos de los partidos se olvidé del relato y priorice sus promociones, haga chistes ofensivos a sus colegas y para disimular lanza una pseudo reflexión futbolera. Estas franjas dominan sus inexistentes narraciones. Momentos en los que Cobo se abstrae del fútbol y cae en digresiones odiosas e inútiles. Lastimosamente tuve que oírlo diariamente en la Cinemateca. Otro detalle de su mala cobertura del mundial fue dejar de lado a relatores y comentaristas más talentosos pero opacados como Marcelo de la Cruz, quien relato los partidos de la primera fase. Sin embargo, lo que me parece imperdonable es llevar de comentarista a Juan Carlos Paz García para analizar los partidos del mundial. Este exdefensa de Guabirá, The Strongest, Bolívar, La Paz F.C., Real Potosí, entre otros, se hace nudos con la lengua (“Uruguay ha cubrido bien lo espacios”, por ejemplo). Este señor García no ayuda a mirar el juego lo opaca hasto lo ensucia, no analiza estrategias porque definitivamente no puede, no puntualiza detalles de la táctica, su forma de mirar el fútbol es muy rústica y torpe, por decir lo menos. A lo largo del mundial la dinámica era que Cobo le planteaba un tema y Paz García realizaba a partir de balbuceos linguísticos una redundancia obvia sobre esa idea. En otras palabras, para opinar lo que opina Paz García no necesitas haber jugado fútbol… Simplemente tener una noción de lo más elemental sobre lo que es el fútbol y con eso basta y sobra. Jamás lo escuché leyendo el partido, pero eso sí siempre comentando aspectos colaterales que no ayudan a producir una visión del juego. Cobo cree ser el gran nuevo relator del fútbol boliviano (bien por su autoestima), seguramente tendrá mucha audiencia que disfruta de su mediocridad, sin embargo, tiene que ser más humilde y reconocer que estar delante de un micrófono te exige responsabilidades que van más allá de la burda imitación a la Fox.


Sobre otras coberturas…
Son tres mundiales seguidos que la dupla Fermín Zabala y Ernesto Moreno secuestraron los relatos del mundial, es increíble e inaudito que esta dupla relate y comente los 64 partidos. Es definitivamente un abuso a la paciencia e inteligencia futbolera de la gente. Con tres mundiales comentando cualquier estupidez enunciada por Zabala ya no sorprende, ni ratifica la inoperancia de este señor. Lo que sorprende es que siga sentado en esa silla aportando todo esa cadena de idioteces, subestimando al público con minucias, trivialidades que convocan a la verguenza ajena, ridiculeces, obviedades, detalles predecibles, zonceras que no convocan a la risa y que despiertan la furia. A la dupla insoportable la presencia de Ernesto Rojas le da mayor solidez, tiene datos, reconoce errores, conoce mucho de fútbol internacional (que en un contexto como el boliviano no es un dato menor), creo que con sus aportes fortalece al relato y al comentario. En ese plano, la presencia de Miltón Melgar aporta pastillas para entender el juego. Melgar en la cancha tenía un enorme potencial para observar la arquitectura del juego y con gran estética distribuía balones, organizaba al equipo en ataque y en defensa, algo de eso arrastran sus comentarios que en general son inteligentes. Gustavo Quinteros tiene más capacidad que el antiguo capitán de la selección boliviana para manejar las palabras, para analizar sin caer en tecnicismos ya sean planteamientos, propuestas futboleras. Es interesante rastrear que entre líneas Qinteros siempre muestra ser un tipo demasiado conservador en su forma de entender y conceptualizar el juego. Y Quinteros es el gran candidato para dirigir la selección…

Alfonoso Toto Arévalo, más su hijo y Papi Numberg viajan -cada uno por su lado- a todos los mundiales y olimpiadas... La cobertura de ambos es penosa. Toto se dedica a codearse con referentes del fútbol mundial, eso hizo desde siempre. Papi, lo mismo. Entre medio de sus reportes muestran una nota curiosa o muchas de ellas: el perrito futbolero tuvo una larga cobertura en el programa de Numberg o José Miguel Arévalo y papá agarrando entre brazos a tiernos leoncitos. Eso es todo... Un viaje de un mes que a los de acá no nos aporta ni un ápice... Ah, pero eso sí vimos a Toto cerquita de Pelé y a Papi hablando a con Platini. ¡Qué importantes que son! ¡Qué buenas vacaciones que tienen los periodistas deportivos!


La cobertura de Radio Gente de Johnny Plata, David Heredia, Paulo Apaza tuvo la virtud de cubrir todos los partidos. Entre Heredia y Apaza plantearon interesantes comentarios, no así Plata. Heredia nunca se queda con lo obvio del fútbol sino que le da una vuelta, explora más hilos que propone el complejo tejido del fútbol. Apaza con menos versatilidad que su hermano (el profe Apaza, Dt de La Paz F.C.) de la misma manera tiene un esquema y herramientas más interesantes para aproximarse a toda la vastedad que ofrece el fútbol. Entre los dos creo que hicieron una buena cobertura del mundial, no podría decir lo mismo del resto de ese equipo.

En la noche Andrés Rojas tiene un programa, Noches de Radio, en el cual organiza una mesa de debate con muchas limitaciones, donde quieren hacernos creer que los invitados, con excepción de uno de ellos, tienen algo interesante que decir respecto al Mundial. En esa pobre mesa el que destaca de lejos es Igor Centellas ya que con mucha información, conocimiento del juego, mucha memoria, con mucho fútbol en las espaldas demuestra ser de lejos uno de los mejores comentaristas de fútbol en Bolivia. En el programa un periodista como Jorge Gonzales –Dt diplomado en Brasil– aporta ideas, genera polémicas y dice las cosas que piensa, a veces cae en caprichos y posee escasez de argumentos. Del resto prefiero no hablar, pero no soporto esa manía del conductor Rojas de no decir nada, ni aportar nada, pero eso sí recordarnos en cada instante que él fue un jugador profesional en el mediocre contexto del fútbol boliviano.

La cobertura de Fox Central tampoco me pareció muy interesante, mucho despliegue para poco contenido. Creo que lo mejor del mundial fue Hablemos de fútbol (ESPN+), Código F (TyC Sport). No pude comprar el servicio de Direct Tv, pero por los comentarios creo que fue una gran cobertura.


De los periódicos hay poco que destacar. Ya que tanto Marcas, Acción, como el deportivo de Página 7 son sobre todo espacios de reproducción mecánica de cables insípidos, descafeinados, escritos casi de forma memorística. Sin embargo, las columnas de fútbol, sobre todo de Marcas, son un mejor producto que varias mesas de comentaristas. No seguí con detenimiento el programa El Golazo de Cotel Tv, lo poco que vi me pareció que es un ejercicio de autoritarismo ignorante de parte de los señores Rivera y Funes (sumar años en los medios no garantiza inteligencia, menos un producto con algo de inteligencia), menos el show barato argentinizado de un tal Iván Cornejo. Del programa de Oscar Dorado hay poco que decir. Tiene a Norberto Kekes que es un tipo interesante para verbalizar y analizar el juego. El señor Lorenzo Carri a su viejo estilo, un poco como Macaya Márquez, nunca asevera nada que lo comprometa. Dejo de lado el Show del Deportivo que dirige Berdeja, es tan malo que más vale condenarlo al silencio.


Entre todo esto por suerte queda el Internet, las columnas de Juan Pablo Varsky, de Santiago Segurola, de Axel Torres, de Ariel Scher, en fin son tantos de los que uno puede aprender a ver y a sentir fútbol.




viernes, 9 de julio de 2010

Umbrales de la final I

No es que Holanda esté jugando como en sus versiones más estéticas (la setentera de Cruyff, la ochentera de van Basten), pero sucede que Arjen Robben ha recibido unas semanas de tregua de sus frágiles piernas, y sucede que aun siendo más impertinente que contundente Robyn van Persie cumple su rol como delantero, y sucede que todo trazo sale al arquitecto Wesley Sneijder, y que hasta el mal-lechoso Marc van Bommel escapa a las tarjetas, y que de la renuncia de van Der Sar brotó un arquerazo como Stekelenburg...

Sucede que los fatalismos, tan obvios en el futbol holandés como la muerte al final de una tragedia griega, ahora lucen ajenos (y, quizá por ende, inminentes): no más un rebote imprudente como en la final de 1974, ni un disparo de Rensenbrinck que se estrella en el poste faltando apenas dos minutos en la final de 1978, ni Rijkaard entrando en caos y escupiendo en los octavos de final de 1990, ni un genio con miedo a volar en la cancha y en los aviones como Dennis Bergkamp, ni los penales que los echan fuera de la Euro 96, ni los penales que los echan fuera del Mundial 98, ni los penales que los echan fuera de la Euro 2000 (2 fallados en pleno partido, otros 3 en la serie definitoria)...


Y sucede que hay una generación con ansias de reivindicarse, que conoce el sacrificio y la subestimación; Sneijder y Robben fueron echados del Madrid bajo el planteamiento “es un salto de calidad tener a Cristiano en vez de a Robben adelante, y a Kaká en lugar de Sneijder en la media”; van Bommel encontró en el Bayern Munich una opción de ser líder que jamás le iba a dar el Barcelona; Kuyt se hizo indispensable en el Liverpool sólo cuando aprendió a recorrer la banda como nadie.


Pero sucede, además, que esta Naranja es mucho más apegada al término mecánica que las anteriores. Arjen Robben, piernas de cristal al margen, sirve como ejemplo perfecto: un crack posmoderno, crack multimedia, crack de laboratorio.


Robben no aprender a conducirse en las irregularidades de la calle, ni a driblar con la banca de la plaza como aliada, ni a disparar con una lata de atún como balón y atinando a un hueco entre dos piedras o chompas, estas son prácticas vedadas en una Europa noroccidental donde se prohíbe jugar con pelota fuera de una cancha.


Robben es resultado de un método de entrenamiento que se basa en “ver y copiar”: observar centenas de veces los movimientos de los más grandes en un video para después salir al campo y repetirlos; memorizadas las técnicas, el resto es saber cuándo emplearlas... Y Arjen sabe como el que más: su diagonal, corte hacia el centro, tiro a gol; su aceleración, freno y disparo. En sus movimientos futbolísticos es posible ver muchos gestos de grandes jugadres, incluido Messi.
La selección holandesa, inspirada en poner diques a las olas, en ganar espacio al mar está a un paso de dejar de ser el equipo más grande que nunca ha ganado un Mundial.

Frente a España habrá un choque de similares, de desafortunados buscando romper su estigma, de desafiar las pesadillas, de cambiar la historia. Holanda tiene fortalezas indicutibles para derribar a España, sin embargo, su mayor flaqueza es la enorme capacidad para diluir su propuesta futbolística, esa manía de olvidarse de manejar los partidos, de descrontralarse en la última línea de defensa...

España Finalista...

Un partido en el que el primer foul se comete a los 27 minutos no es un partido común en ningún caso, y menos si es de esta importancia. Otra sorpresa es que, por primera vez en la historia de los mundiales, Alemania, Italia, Brasil y Argentina no figuran entre los finalistas. Habrá, por otro lado, un campeón mundial debutante que no es local después de 1958. Y por primera vez un equipo europeo será campeón fuera de Europa.


Todos esos datos resultan algo más que curiosidades cuando se empieza a pensar que tal vez el fútbol ha cambiado después de muchos años de estancamiento y que este mundial es la prueba tentativa de que algo ha ocurrido. No es un fenómeno rotundo, definitivo y tampoco nos dimos cuenta cabalmente, pero ha habido una evolución apreciable hacia una competencia donde la técnica y el juego asociado recuperan importancia. Hay mucha gente a la que este mundial le pareció malo o anodino, pero es probable que se deba a que estamos demasiado acostumbrados a que todo sea previsible. Pero no recuerdo un mundial donde los que jugaron mejor ganaron en la enorme mayoría de los casos (la única excepción, y no decisiva, fue Uruguay – Ghana) y los que llegaron al final resultaron equipos bien preparados, dispuestos a dirimir superioridades en la cancha más que a refugiarse en la mezquindad, la prepotencia o la histeria a lo italiano. Quienes así lo hicieron, en cambio, se fueron temprano. Y es curioso, porque en la primera parte del torneo dio toda la impresión de que era al revés, que todo se emparejaba porque era muy difícil quebrar a un adversario que sólo pensara en defenderse. Pero, al final, ocurrió exactamente lo contrario y los que fueron a más ganaron.

Como todos han advertido, se impuso en Sudáfrica un sistema táctico, el 4-2-3-1, que predispone a otra dosis de creatividad y a una ocupación de los espacios mucho más plástica y más agresiva que ese 4-4-2 rígido con el que hasta aquí se podía avanzar sin jugar porque se confiaba en neutralizar al contrario. Este sistema de juego fur tan influyente que la selección Argentina en este tiempo se alejó del 4-4-2 medroso que su técnico privilegió en los compromisos difíciles antes del torneo —el que sirvió, por ejemplo, para ganarle a Francia hace un año y a Alemania en marzo—, y en junio mostró otra casa táctica. Me parece que Maradona se dio cuenta de eso, pero no supo cómo modificarlo y así se terminó revelando que había una crisis táctica que perjudicaba a su mejor jugador, ya que no había convicción ni intérpretes para un cambio de libreto que tampoco estaba claro.



En cambio, Alemania y España eran exactamente lo contrario. Vinieron con un sistema estable, creían en él y estaban dispuestos a ponerlo a prueba en cada partido. Esa confianza es lo único que puede inducir el aplomo necesario para jugar un partido con media hora sin infracciones, este extraño espectáculo de galera y bastón que se vio hoy en Durban. Sin embargo, ninguno de los dos tenía garantía de nada: ambos habían perdido en la primera ronda y su juego había sufrido altibajos e irregularidades. Pero hoy, cuando salieron a jugar, los dos pensaban que tenían cómo avanzar hacia la final y que iban a imponer sobre el rival una superioridad futbolística genuina. Uno de los dos lo hizo.



Desde el primer minuto, se vio que España ganaba el duelo. Su juego de presión en pocos metros del terreno, el ritmo lento y los pases cortos daban más resultado que el despliegue alemán en más espacio, buscando romper con una salida rápida y toques de primera en velocidad. La pelota la tenía España y el circuito alemán, sin huecos para maniobrar, estaba interrumpido. Es cierto que Alemania había sufrido una baja importante, la del volante Müller, mal amonestado por el árbitro uzbeco contra Argentina. Pero más importante, a mi juicio, fue el cambio que introdujo Del Bosque: por fin se decidió a sacarlo a Torres y Pedro, con otra movilidad, otra sutileza y otra comunicación con Xavi e Iniesta, fue decisivo a la hora de arrinconar a los alemanes.



A España no le resultó fácil en ningún partido concretar en goles la tenencia de la pelota y este no fue la excepción. Los alemanes sabían que si resistían con ahínco y no se desordenaban, tenían defensores como para evitar que les conviertan. Y, en ese sentido, se dio una situación curiosa: como Pedro, Villa e Iniesta —los jugadores más adelantados— se inclinaban más bien hacia la izquierda, el lugar más libre era la punta derecha, un vacío que España intentaba explotar mediante la subida del lateral Ramos. Pero Ramos parece menos un jugador del fino equipo actual que una rémora de aquella furia española que chocaba y chocaba. Curiosamente, además, el encargado de tapar sus subidas era el alemán más torpe en marcac, Boateng. En este duelo de los menos dotados que terminó en un empate, se fue el primer tiempo.



Como durante todo el torneo, en el segundo tiempo Löw reemplazó a Boateng por Jensen, un jugador con más proyección (aunque las características del jugador a uno le hacen creer lo contrario). Eso impidió que Ramos se fuera tanto al ataque, pero al final favoreció a España, que empezó a intentar por otras vías. El dominio se hizo intenso —salvo un par de minutos en los que Alemania salió del asedio y el ingresado Kroos (otro para sustituir la enorme ausencia que dejó Müller) quedó solo y pateó sin fuerza suficiente—, Iniesta, Xavi y Pedro eran imparables, Xabi Alonso le pegaba de afuera y era lógico suponer que el gol iba a terminar por caer. Y ocurrió en un corner, mediante un cabezazo espectacular de Puyol, cuando uno suponía que el juego aéreo era una exclusividad alemana.



Quedaban veinte minutos, Alemania metió al tanque Gómez y mandó a Mertesacker a cabecear al área, pero no pasó nada. No era el día de Alemania, con una actuación opaca de Schweinsteiger, pero con Ozil otra vez bajo y delanteros opacos. Fue España la que debió hacer más goles pero no supo y hasta terminó reemplazando a Villa y a Pedro.



España, como en la Eurocopa que ganó en 2008, encontró su mejor fútbol cuando rompió la dupla ofensiva Torres-Villa. Es un equipo respetable, que ha encontrado un estilo y que demuestra una paciencia similar a la del Barcelona, pocas veces vista en los torneos de este nivel. Alemania también es un equipo a considerar, con jugadores jóvenes que seguramente tendrán con el tiempo otra dimensión. No veo, sin embargo, un recambio para Klose. Pero tuvo funcionamiento, ambición, calidad individual, variantes ofensivas y una línea de juego renovada y renovadora. España y Alemania, más allá de que Holanda también puede ser campeona, fueron el pico de calidad y novedad del torneo, dos equipos capaces de jugar con serenidad y clase como no se jugaba un mundial hace muchísimos años.

martes, 6 de julio de 2010

Asombroso lo de Uruguay


Casi otra hazaña de Uruguay en un partido muy raro, bastante difícil de explicar. Parece que esa es la especialidad de Holanda: después de la insólita victoria contra Brasil, hoy estuvo a punto de dejar ir una victoria que parecía fácil en los papeles (y que no lo fue de ningún modo) y otra victoria que parecía fácil en la cancha (cuando pudo terminar goleando y terminó colgada del travesaño).


Después de que todos o casi todos hayan sostenido que Holanda era potencialmente más que Uruguay, hoy dudo que esa afirmación sea cierta. Más bien diría que con Suárez y Lugano entre los titulares, Uruguay debería tener al menos las mismas posibilidades. Es un equipo constante y bien parado mientras que esta Holanda tiene una naturaleza ciclotímica y puede tanto caer en profundos pozos como salir de ellos cuando no se lo espera. Uruguay es igual a sí mismo desde el primer partido y Holanda es un misterio después de seis encuentros.



De entrada, creo que Holanda lo subestimó un poco a Uruguay, menos en el planteo que en la actitud. Empecemos por el principio: Uruguay salió a cuidarse, con el 4-4-2 más nítido que haya jugado en el campeonato. Suspendido Suárez, puso cuatro volantes más especializados en la recuperación que en el ataque y adelantó a Cavani. A Tabárez no se le ocurrió probar con otro delantero y prefirió la alternativa más conservadora. Pero Holanda tampoco mandó a la caballería ligera al ataque. En lugar de De Jong intentó con el muy opaco de Zeeuw y dejó otra vez a Van der Vaart en el banco. Con Sneijder en un día irregular, el debutante Cáceres marcando muy bien a Robben (con un poco de ayuda de sus compañeros) y Kuyt y Van Persie perdidos entre los defensores, no parecía fácil que los holandeses pudieran adelantarse en el marcador. Uruguay atacaba poco pero en bloque y emparejaba la pelea en el medio campo.

Pero cuando Van Bronckhorst embocó ese zapatazo a los 17 minutos, apareció lo mejor de los uruguayos. No la garra ni la voluntad para salir a empatar de cualquier manera, sino la mente fría, la preocupación por jugar con mucho criterio la pelota y un ligero adelantamiento en el campo. Los holandeses, en cambio, parecieron creer que ya todo estaba definido y se fueron metiendo atrás, con esos momentos de abulia futbolística que han sido tan característicos en sus selecciones. No atacaban, perdían la pelota en el medio, no salían claros del fondo y la presión uruguaya —metódica, ordenada e inteligente— le permitió dominar el partido y empatarlo con un tiro de lejos en el que se combinaron la destreza de Forlán, la perfidia de la Jabulani y la falta de reacción del arquero.
En el segundo tiempo entró Van der Vaart por de Zeeuw, pero Holanda no mejoró en los primeros minutos. No le salían las cosas y a los uruguayos se los veía muy confiados y jugaban mejor. Pero eso duró unos veinte minutos. Allí, cuando nada lo hacía prever, Holanda tuvo un rapto de fútbol: empezó a tocar en el medio, los delanteros se asociaron y su juego tuvo una repentina profundidad. Antes del afortunado gol de Sjneider, ya se había perdido un gol Robben y los holandeses le estaban encontrando la vuelta al partido. Tres minutos después del dos a uno, Robben definía con un cabezazo.
El partido estaba liquidado para todo el mundo, salvo para los jugadores uruguayos, que ya sin Forlan en la cancha y como los holandeses no terminaban de golearlos y se dedicaban, en cambio, a felicitarse entre ellos y a perderse goles (con Brasil les pasó lo mismo), se fueron acercando al arco rival. En el descuento Maxi Pereira (el menos pensado, el mismo que tiró un penal a las nubes contra Ghana) puso el 2-3. Y luego vinieron esos dos minutos en los que Uruguay tiró centros, Holanda la sacó de cualquier manera y todos nos convencimos de que estábamos en la antesala de otro milagro. No ocurrió, pero la corajeada fue suficiente como para alimentar el mito y que en las calles de Montevideo se celebre seguramente la ajustada derrota.



La actuación uruguaya en este torneo ha sido memorable. Fueron un equipo sólido, confiado y valiente, que aun con bajas en la alineación y en circunstancias desfavorables supo mantener el orden, luchar con armas limpias y no deponer nunca su legítima ambición. Es cierto que Uruguay escatimó delanteros, pero también es cierto que siempre jugó a ganar y que todos los que estuvieron en la cancha (de hecho, todo el plantel menos los arqueros suplentes) mostraron un aplomo que no es común en el fútbol. Hoy entendí o creí entender qué cosa era esa famosa garra uruguaya: la convicción de que lo que corresponde en los momentos difíciles es mantener la frente alta, no apurarse ni dormirse, pensar que en un partido de fútbol juegan once contra once y olvidarse del marco y de la presión. Es una actitud temperamental que no le he visto muy seguido a equipos argentinos ni brasileños, habitualmente proclives a la impaciencia, y que en los mismos uruguayos me acostumbré a ver transformada en golpes y quejas, en inútil prepotencia.

Uruguay pudo caer con Ghana o recibir cinco goles esta noche, pero también haber llegado a la final y nadie puede decir que habría sido injusto. Este mundial está resultando distinto a los anteriores: aun cuando no jugaron brillantemente en cada partido, los equipos que llegaron a esta instancia recuperaron cierta alegría y cierto placer, como si aun en el medio de esta locura, los jugadores supieran de qué se trata el juego. Esa sensación, sin embargo, es más bien secreta. Porque la máscara más visible de lo que ocurre es la de la tragedia y el llanto de los eliminados, exagerada en muchos casos por técnicos y periodistas que no han comprendido lo más elemental del fútbol: que se gana y se pierde.

sábado, 3 de julio de 2010

Reflexiones tras la derrota albiceleste

Un elemento indispensable para abordar el partido de Argentina – Alemania es que los gauchos salieron a la cancha con una escasa convicción, excedidos en nervios, con un extravío propio, una marca registrada en algunos partidos de la selección Maradona. Un extravío similar con el que salieron a la cancha del Hernando Siles el 1ero de abril de 2009 en La Paz y se llevaron una goleada dolorosa (6 a 1) o el extravío del 9 de septiembre en el Gigante de Arroyito de Rosario cuando perdieron frente a Brasil por 3 goles a 0. La Argentina hoy se mostró tan frágil en los goles, tan inocente, tan desconcertada y a su vez tan impotente…



El equipo argentino cayó de un modo tan rotundo, tan inapelable y tan imprevisto. Argentina a lo largo de su recorrido –desde la Eliminatoria y estos 5 partidos– ha sido un equipo desbalanceado, al que le faltó generación de juego, que nunca resolvió el problema de su zona derecha, que tuvo una defensa que no transmitió solidez y al que los cambios de un partido a otro (o la falta de ellos) no le mejoraron el funcionamiento. Es muy posible que la insistencia de Maradona en prescindir de los amistosos antes del torneo para apostar, en cambio, a la camaradería y la solidaridad del plantel por un lado y a las individualidades por el otro, no le hayan permitido resolver cuestiones más estrictamente futbolísticas y menos ligadas a la confianza y a la mística. Si un veredicto se desprende de lo ocurrido con la Argentina en Sudáfrica, es que avanzó merecidamente y perdió con dignidad —sin llantos ni patadas—, pero que no alcanzó a conformar un buen equipo sino apenas uno que, con orden, concentración y voluntad, podía hacer valer sus individualidades contra rivales débiles.



¿Cómo darse cuenta de que podía pasar esto? No creo que fuera muy fácil, aunque presiento que todos los que seguíamos el mundial tuvimos el pálpito secreto de que esto podía ocurrir. Ni Argentina ni Alemania eran hasta aquí equipos consolidados sino en formación, a los que el mundial iba a terminar de dar su medida. La medida de Alemania resultó muy alta, la máxima que podía adjudicársele. La Argentina resultó más baja de lo que su potencial indicaba.



Hay una razón esencial para ello: no logró, al igual que en las eliminatorias, que Messi brillara como en el Barcelona. Hasta se fue del mundial sin convertir un solo gol. Alguna vez anticipé que el mejor jugador del mundo en este momento podía ser el chivo expiatorio de una eventual derrota, porque ese es el destino de los grandes jugadores cuando las cosas no salen. Pero, en verdad, con Messi ocurrió algo difícil de explicar. Arrancó jugando en su máximo nivel, mantuvo un protagonismo importante en el segundo y el tercer partido y se empezó a desdibujar a partir de México. Si uno analiza lo hecho por Messi en los cinco partidos, verá que el balance es ampliamente favorable: jugó bien la mayoría de las pelotas, no se escondió y la fue a buscar cuando no le llegaba, inquietó siempre a las defensas rivales, combinó con sus compañeros, corrió todo lo que podía. En el lado negativo, a veces la perdió cuando quiso gambetear más contrarios de lo aconsejable y tuvo poca puntería en los tiros al arco. Messi nunca jugó mal pero a partir del partido con México, se le empezó a perder la mirada, empezó a sentirse solo en la cancha, a jugar como si un remoto fastidio lo invadiese. Y una vez que se alejó de su mejor estado, de esa alegría ligera y ganadora, no volvió nunca.



Su contrafigura fue Carlos Tévez, que se puso una ropa de héroe que al final le quedó grande. Tévez combinó la voluntad, el coraje y la técnica con la costumbre de perder la pelota, apenas compensada por destellos ocasionales como el gol contra los mexicanos. Pero, todo hay que decirlo, Maradona y Tévez fueron el centro de atención del equipo argentino, mucho más que Messi, quien en verdad tenía que resolver los partidos. Para que Argentina fuese una formación verdaderamente poderosa, no era tan importante que Maradona acertara con los cambios o que Tévez se inspirara sino que Messi mandara en el campo de juego. Y eso ocurrió solamente en el primer partido y en contados minutos de los restantes.



Si uno analiza lo ocurrido con la Argentina verá que, en el fondo, tuvo los mismos problemas que el traumático equipo de las eliminatorias. Es cierto que hubo otros nombres, más entrenamiento, otra tranquilidad para jugar y otra moral. Pero otra vez tuvo un arquero que no atajó las difíciles, una defensa insegura (todos sus integrantes jugaron bien alguna vez, ninguno lo hizo permanentemente), un medio campo aguerrido pero sin el suficiente fútbol y delanteros irregulares. Argentina apostó a la presión sobre la salida contraria, a las pelotas paradas, a los momentos de brillo de sus delanteros y no tuvo variantes ni soluciones para sus deficiencias: la inseguridad por los laterales, la ausencia de subidas con sorpresa y un ritmo continuo y sin pausas, demasiado desgastante para los jugadores. Empezado el torneo, Maradona decidió mandar al banco a Verón, el encargado de paliar este problema, de regular el ritmo y de elaborar un juego más pensante y más equilibrado. No sabemos por qué lo hizo ni si Verón lo hubiera logrado. Aun así, Argentina era un equipo con posibilidades contra cualquier adversario. Incluso hoy, contra Alemania, el partido podría haber sido distinto. La goleada no fue injusta pero oculta que el trámite del partido no fue tan claro.



Todo empezó bien para los alemanes, con un gol a los dos minutos. Pelota parada, la defensa se duerme, el arquero no reacciona. Antes de eso, Alemania había dominado casi a voluntad y los argentinos no hacían pie. Pero después Argentina emparejó. Recuperó la pelota en el medio y la presión empezó a dar resultado y el rival no podía salir del fondo con claridad, acaso su virtud más peligrosa. Es cierto que se perdió el segundo Klöse tras un error defensivo, pero el circuito alemán, en el que todos tocan la pelota y progresan en el campo estaba cortado cuando terminó el primer tiempo. Hay que notar que los alemanes mostraron en este torneo que tocar y hacer circular la pelota es mucho más efectivo que dársela a alguien para que encare, gambetee y defina. Y ese último, claro, fue el método argentino. Sin embargo, a esa altura había resuelto algunos problemas posicionales. Es fácil reprocharle a Maradona que no haya cambiado antes a Otamendi, que estaba amonestado y al que le era difícil controlar a Podoloski. La opción era Clemente, pero en verdad, cuando Di María (que jugó un buen partido y fue el más claro en muchos momentos) se tiró a la derecha, se juntó con Messi y con Otamendi, cubrieron la salida por ese costado y Argentina empezó a dominar. Alemania estaba encerrada, había dejado de confiar en su toque y se defendía a los pelotazos.



Los primeros minutos del segundo tiempo fueron decisivos y de los mejores que se hayan jugado en este mundial. Alemania salió un poco del encierro pero Argentina seguía atacando. El medio campo se empezó a transitar más rápido y se generaron situaciones de peligro en ambas áreas. Maradona puso a Pastore por Otamendi. Pastore es un buen jugador, audaz y encarador, pero pedirle que resolviera este partido era demasiado. Ahí, en el intercambio de golpes, Alemania pegó primero y con estilo marcó su segundo gol por el lado que antes cubría Otamendi: salida rápida, combinación de Khedira, Muller, Podolski y Klöse, que se mete con pelota y todo en el arco. Un gol magnífico y el final del sueño argentino. A partir de este punto anímicamente la selección gaucha cayó en un foso del que tal vez no pueda salir hasta el próximo mundial.



Solo quedaba saber si la victoria alemana sería por goleada y así fue, con otros dos grandes goles. En el tercero, Schweinsteiger aglomeró gente otra vez por el costado derecho de la defensa y se la sirvió al marcador central Friedrich (un jugador enorme en todo sentido). Con el partido tres a cero, Alemania mandaba a los defensores al ataque. Y el cuarto fue otra jugada por la izquierda, Kroos para Podolski, centro perfecto y otro gol de Klöse (con el gol alcanzó a Gerd Müller como goleador alemán en los mundiales). La actuación alemana fue la mejor de un equipo de este mundial y me temo que de varios mundiales atrás. Hoy fue por momentos imparable, no tuvo puntos flojos y alegró la vista.


Presumo que Maradona será atacado por “ineficaz”, por “soberbio”, porque no sabe nada de táctica… Sin embargo, agarró a una selección Argentina hecha pedazos. Basile había desgastado su relación con los jugadores… En ese momento Maradona agarró ese pesado pedazo de problemas e intentó darle otra mística a esta selección… Creo que en ese sentido lo logró. Ojalá no abandone la empresa y a esta selección le de un norte futbolístico, un estilo… Creo que es posible. ¡Gracias Diego!

viernes, 2 de julio de 2010

Hermoso día

Todavía no me caben todas las lágrimas algunas naranjas y las otras celestes. Lágrimas que caen pero que con ellas traen un aluvión de fuerza charrúa, sabor a Robben. Quiero disecarlas en un pañuelo y mostrarlas a mis hijos/as, nietos y a todo tipo de descendencia. Fui testigo vivo de dos hazañas, inolvidables. Mis lágrimas en el fondo además de expresar goles, expresan que el mundo, el terrible mundo en el que vivimos y subsistimos, puede ser distinto. Ese es el único poder del juego, del fútbol. Mostrarte otras realidades. En segundos nos puede mostrar una pequeña justicia. Hoy vivimos dos inolvidables aventuras, que las palabras se acobardan y se achican para expresar semejante majestuosidad. Es que así vivo el fútbol casi en un lenguaje indescifrable. ¡Qué gane Holanda a Brasil! ¡Qué Uruguay esté entre las cuatro mejores selecciones del planeta sobre la base de un coraje indescifrable y de sólo pertenencia a la marca charrúa! Es para mí una experiencia trascendental en la que la emoción no da chances y asfixia, sofoca. Los perdedores de siempre hoy ganaron. Los perdedores de siempre hoy tuvieron la “suerte” futbolera necesaria para transformar sus destinos en gloria. Los perdedores de siempre ya sea aquellos peladitos frágiles –Robben, Sneijder– de Holanda o la fuerza imbatible de los charrúas den la vuelta partidos tan oscuros, donde la historia y las maldiciones de siempre conspiraban en contra. ¡Fue increíble!

Para aquellos que no lo sepan este blog se redacta desde la altura paceña de un país diminuto no en territorio, sino en autoestima: Bolivia. Uruguay nos goleó en su casa, en el glorioso Centenario, 5 a 0. Y en La Paz, en la “temible” altura de La Paz a 3,600 metros sobre el nivel de los sueños los celestes nos empataron con ese doble corazón que marca su cabalgar en esta gesta heroica: Sudáfrica 2010. No me importa. No me importa nada. Que nos sigan goleando si es que en los mundiales quieren darle un giro a la historia. Los charrúas juegan con doble corazón, se acaba uno y se activa el otro. Además tienes a Lugano, al loquito Abreu, al enorme de Forlán, a Pérez, a Cavani, a Fucile, a tantos otros, entre ellos el inolvidable Muslera. Son imbatibles. Portugal, Inglaterra, Italia cambiarían parte de su patrimonio percapita por un pedacito de esa fuerza celeste. Ni los vikingos, ni todos los euros de esos países podrían transportar en barco o en bancos ese ñeke, ese coraje uruguayo.

A Holanda la sigo con devoción frenétoca, como lo muestra el texto anterior de este blog. Holanda casi siempre perdió con Brasil, obligada, el mundial del 94 perdió 3 a 2 en un aburrido alargue, el mundial del 98 en los injustos penales. Hoy, la historia no fue para los eruditos, para los instrascendentes de siempre, para aquello que creen saber de fútbol, el ex DT Dunga y Felipe Melho, entre ellos, el fascista Dunga que al parecer creía que si destrozaba a golpes y a furia la banca de su defensivo equipo iba a tener algo de juego, hoy no le surtió nada. Holanda con flaquezas, extraviado en incertidumbres y múltiples dudas revertió la historia, dio un giro. Robben, el crack de piernas de cristal, Sneijder, el único diez del mundial, dos petisos, dos pelados –como el gran Zidane– dieron una lección a esos mounstruos imbatibles: ¿Dónde estuvo el crack Lucio? ¿Dónde estuvo el mejor arquero del Mundo y del Universo entero? ¿Acaso la defensa brasilera no era la mejor defensa del universo y más allá? ¿Dónde quedó el impresentable equipo de Dunga que apostaba más a cuidar su arco que a buscar posibilidades en el de efrente?

Seguramente, habrá muchos peros a las victorias de Holanda y Uruguay y es que el fútbol tiene el enorme potencial de relativizarlo todo. Sin embargo, hoy el mundo es distinto. Holanda dice que otro mundo es posible… Un mundo donde los “favoritos” son una invención de la tele, de las precarias mentes. Uruguay, lo de Uruguay es magia pura… Fiesta pura… Dejenme seguir festejando…


Mañana, ojalá el fútbol dé una mano a Argentina, al loco del fútbol de Maradona (gracias, por siempre gracias por lo que no ayudaste y nos enseñaste a los paceños y también (por qué no) a los bolivianos… También a Paraguay (vamos que se puede, la magia es posible)… Acabemos con este mundo Boludo dirigido por eso arios, españoles (Discúlpame Alex Roy), y todos esos lambiscones que creen que el mundo es su pañuelo y nosotros sus mocos con precio…
¡Vamos ARGENTINA!

miércoles, 30 de junio de 2010

Dilemas naranjas

"Decía que la "Naranja Mecánica" del 74 erar el fútbol total, que jugaban basquetbol con los pies, los enfrentamos nosotros en el 72 con Independiente y Pipo Ferreiro, el técnico, me hizo jugar de cinco. Jugué en Amsterdam, donde perdimos 3-0. Era tal la superioridad, que en un momento lo miré al Zurdo López y le dije: "Zurdo, contalos, que son más". (Luis Garisto, Hablemos de fútbol)

Cuando ataca Holanda el mundo es perfecto: las diagonales de Robben, los trazos de Sneijder, el ir y venir de Kuit, los caprichos estéticos de van Persie. Y hay minutos, en todo partido de la misma Holanda, en los que se teme lo peor, lo irremediable, lo injusto pero factible.



Cuando los tulipanes llegaron al Mundial de 1990, idolatrados campeones de Europa, su técnico Leo Beenhakker hizo una declaración que sonaba a condena: “En un Mundial o Eurocopa, el 90 por ciento de los equipos asiste para ganar, pero siempre hay uno que simplemente desea mostrar lo bien que sabe jugar: ese equipo es Holanda. Ese es nuestro drama. Como un boxeador que es muy bueno pero no sabe noquear al contrincante”.




Lo increíbles es que podemos imaginarnos en cancha a Cruyff, a Gulitt, a Bergkamp, a Seedorf, a van der Vart. Imaginar en ataque a Rep, a Rensenbrink, a van Basten, a Kluivert, a van Nistelrooiy: el naranja de Holanda brilla no por su chillantez sino por el genio lúdico de sus ofensivos, pero eso garantiza pocos títulos.




Pasea el Narciso holandés a sus rivales, les mete el primer gol, genera las ocasiones para marcar el segundo, y luego se distrae en disfrutarse, gozarse, no creerse, verse en el espejo como adolescente que se acomoda el fleco, y termina el partido: han perdido 2-1.




Contra Japón estuvieron cerca de ser alcanzados en el último instante tras un partido que les perteneció y Eslovaquia les amargó el final del partido de octavos de final. Los naranjas han ganado todos sus juegos, pero esa vieja capacidad redentora genera sospechas, o, como dijo Leo, Holanda es el boxeador brillante que no sabe noquear.



Existe un paralelo entre su preciosismo futbolero y la cultura local: hacer espacio. En un pequeño país, desde siempre sobrepoblado y arrinconado contra el mar, los holandeses han luchado por acomodar a todos sin perder la sensación de apertura, de aire.




Una de las principales características del “futbol total” de la Holanda del 74 -que sin ambiguedades, ni dudas ha configurado el fútbol moderno- era agrandar el espacio al atacar y reducirlo al defender. El mecanismo para ello radicaba en rotar posiciones constantemente a fin de, primero, recuperar balón a la brevedad, y segundo, hallar vías de acceso a la portería rival. Sin embargo, todo ese afán por encontrar espacios sólo se ha traducido en una gloria (la Euro 88) y en muchísimas e incontables desilusiones.




Jugar contra Brasil en estos cuartos de final, revive mitos y fantasmas: los amazónicos son la negación de aquella idea naranja de que jugar bonito no se traduce en ganar.
Si las piernas de cristal se lo permiten, otra vez brillará Robben. Y ahí estará el magistral Sneijder, y el paranoico van Persie, y el joven gambetero Elia, y el todo-terreno Kuyt... Nos encandilará ese naranja, habrá momentos en los que Brasil no podrá ver ni las placas del auto turbo naranja que lo habrá arrollado, pero a la hora del silbatazo poco chance otorgamos a esta futbolera reivindicación que una vez más estará obligada a perder.




Y es que como una vez dijo Patrick Kluivert riéndose: “lo importante no es que sea gol, sino que sea bonito”.

martes, 29 de junio de 2010

5 seleciones

Para el redactor de este blog son 5 los seleccionados que más cerca pueden estar de campeonar. Empecemos por España, que jugó hoy el partido de octavos frente a Portugal, una selección intrascendente.


Hay dos Españas. Una es la que toca, se desmarca, intercambia posiciones y desequilibra en el ataque. La otra es la que se para estática, con sus jugadores clavados en una zona limitada, que anuncia sus movimientos y cae en la depresión. Lejos de lo que venden los medios españoles como Marcas, Sport, As esta selección está lejos de la exquisitez del tiki-tiki, pero tiene a Xavi e Iniesta y sobre todo a un gran jugador como Villa. Presumo que en cuartos sufrirá el cierre de espacios de Paraguay, pero no tengo duda que accederá a la semifinal. Allí, en ese territorio desconocido para los españoles ya sea Argentina o Alemania aplastarán con rigor a una selección que no está a la altura de lo que se dice de ella.


Argentina. Está en cuartos, Higuaín hace goles y Tévez se enchufó, pero una vez más la noticia es Messi. El centro de todo, el futbolista que tiene que llevar a la albiceleste al título. Argentina necesita un 10 para que todo funcione. Maradona se peleó con Riquelme, ha traído a Verón y Pastore. Pero no. El 10 es Messi. Maradona quiere que Messi sea el Maradona del mundial de México 86. Juega retrasado, con muchos metros hasta el área, participa más pero lleva menos peligro. Es Messi y en cualquier momento hace una jugada maradoniana y gana un partido, pero tan atrás pierde. Alguna vez le hemos visto en el Barcelona ahí, pero con futbolistas mejores en el medio. En Argentina no. En Argentina a menudo es Messi contra el mundo. Supongo que con Pastore o Verón de 10 y Messi más arriba las cosas irían mejor. Quizá sacrificando a Maxi, no sé. Es Messi y él solo puede llevar a Argentina hasta la final. Pero tan atrás va a ser más difícil. Veremos.


Alemania. El equipo que más ha crecido en los últimos meses, y uno de los que más apetece ver ahora mismo del mundial, a la espera de que España se entone del todo. Juega de maravilla, balón al pie, paciencia, abre a las bandas con Podolski y Muller, juega con Khedira en el medio en lo que es una de las grandes revelaciones del mundial, y sobre todo tiene a Ozil. Sería exagerado decir que el nuevo estilo de Alemania se construye alrededor de Ozil, pero lo parece. Le buscan, él se ofrece. Pocos jugadores hay con más talento en esta Copa del mundo. Si no fuese por la sensación de debilidad defensiva y la poca fiabilidad de Neuer los alemanes serían favoritos al título. De momento no, pero casi.


Brasil. El caso contrario a Alemania. Dunga estará satisfecho tras el partido ante Chile, su Brasil ya es exactamente lo que él pretendía. Bien construído atrás, sostenido por el mejor portero del momento, con poca creatividad en el medio pero agresivo y rápido arriba. Robinho ha entendido que tiene que ser el origen de todo el juego de ataque y lo hace. Ni Kaká ni nadie más, si en alguien reposa el juego de ataque de Brasil es en Robinho. Luis Fabiano las aguanta, las pelea, finaliza. Lleva un gran mundial, pero Robinho en ataque es el mejor. Desde el punto de vista colectivo, Brasil ha sido el equipo más poderoso.Y guste o no, es mérito de Dunga. Al César lo que es del César, a Dunga lo que es de Dunga.



Holanda. Caso curioso. Tiene toda para jugar con dos extremos bien abiertos pero no lo hace. O bueno sí, lo hace pero sin extremos. Con la lesión de Robben los holandeses jugaron incluso con Kuyt y Van der Vaart en las bandas. Posición de extremo para hombres que no lo son. Con Robben se mantiene Kuyt. Tampoco. El daño que haría Holanda con Elía y Robben en las bandas sería tremendo, pero de momento Holanda sólo amaga. Gana con dificultades en un mundial de momento con un calendario benévolo. Y con poca creación con Van Bommel y De Jong en el medio.

lunes, 28 de junio de 2010

Admirable Robben, mete miedo Brasil

Hoy creo que está demás escribir sobre la magia de Robben… Basta con verlo y admirarlo plenamente. El partido de Holanda – Eslovenia fue intrascendente excepto cuando Robben la tocaba, la masaba, transformaba el balón en un objeto dócil, en la jugada inteligente que teje a su alrededor… ¡Impresionante!



Del partido entre Chile – Brasil Bielsa volvió a plantear el partido desde un punto de vista sumamente predecible. Pero basta con que en el banquillo esté Bielsa para que todos hablen del admirable juego de Chile (¿?). Hoy Chile no jugó a nada, ni siquiera a que no le hagan una goleada. Bielsa es un tipo admirable dentro y fuera de la cancha, sin embargo, sus seleccionados cuando juegan partidos fundamentales no tienen variables para afrontar los partidos.


No era demasiado difícil acertar que Brasil le ganaría a Chile sin mayores dificultades. La diferencia de jerarquía individual es enorme y Brasil sabe a qué juega. No es el caso de Chile. Hace dos partidos hablé bien de Bielsa, de su empecinamiento por jugar siempre a la ofensiva e imponer su determinación aun contra todas las probabilidades. Pero contra España, el trabajo de Bielsa me sugirió un balance negativo: los constantes cambios, los nervios del equipo, la excesiva obediencia de los jugadores, las expectativas desmedidas de los hinchas, el esfuerzo inútil, la actitud monacal, las largas concentraciones, el contacto regimentado con la prensa, la prohibición del sexo para los futbolistas y todo ese aparato simbólico del logotipo Bielsa me hicieron pensar en un esfuerzo completamente inútil que, en definitiva, tiene algo de engaño. No es que Bielsa sea deshonesto, pero creo que se engaña a sí mismo: lo que hace no sirve demasiado.

No sirvió lo de Argentina en el 2002, un equipo preparado para matar que creó una sola situación de gol en tres partidos, y no sirvió lo de Chile en Sudáfrica, que arrancó bien contra selecciones flojas y cayó estrepitosamente frente a las que tenían otros recursos y otra historia. Se dirá que Chile ganó un partido en un mundial después de 48 años, que la actuación del equipo fue digna y superior a la de otras oportunidades. Pero cuál es la idea de invertir horas y horas de estudio y de práctica para crear automatismos futbolísticos que no dan resultado en la cancha, no solo por el score sino por el juego. Chile encaró cada partido con un dibujo táctico y una alineación diferentes. En algunos casos, muy diferentes. Es cierto que Suazo, su único delantero de punta temible, estuvo lesionado y nunca se recuperó del todo. Y también es cierto que contra España el árbitro lo liquidó prematuramente pero hoy, en el encuentro decisivo, Chile salió a jugar sin volantes creativos y con el nueve en una pierna. ¿De qué sirve en esas circunstancias pretender que se lo ataca a Brasil si no se le crea una sola situación de gol hasta que el partido está definido? ¿Por qué Valdivia, claramente el jugador chileno con más talento, tiene oportunidades mínimas de jugar y nunca se le pide que conduzca el equipo hasta que el marcador es adverso?

Es cierto, Chile fue un equipo disciplinado y solidario, en el que no hubo malas caras, peleas, ni gestos descomedidos. Pero ese logro es más importante en un campamento de boy scouts que en una competencia deportiva. Siempre es triste perder, pero es un poco más triste cuando uno se convence de que tiene el sistema para ganar pero en verdad no tiene con qué hacerlo. España fue más que Chile, pero Brasil fue demasiado. Eso no importaría si Chile fuera Eslovaquia contra Holanda, con su técnico del traje a rayas. Pero es tremendo que el entrenador de un equipo inferior se amargue como se amarga Bielsa en el banco y que haga amargar a todo un país al que le hizo creer que su equipo estaba en otro nivel de competencia. Es cierto que en algunos países no parece haber salida: Bielsa fue mejor que Nelson Acosta —un camelero que sancionaba jugadores— y que tantos otros. Es mejor persona, es más noble, tiene otra idea del juego. Pero está equivocado como entrenador de selecciones y dos mundiales lo han demostrado.
Del otro lado, Brasil es algo espantoso. Si Chile intenta jugar más de lo que puede (una presión constante que termina en impotencia ofensiva y goles en el propio arco), hace demasiados años que Brasil juega menos de lo que puede. Sabe que tiene los mejores jugadores del mundo en cada puesto (si no tiene el primero, seguro que el segundo) y en lugar de concluir que debería golear y gustar se conforma con ganar cada tantos años un mundial y con salir sin haber aportado nada en los restantes.

Con la historia a favor y el papel de favorito entre favoritos, Brasil se plantó en octavos asumiendo su debut en el "veradero Mundial". Sin urgencias pero con complejo histórico, el equipo de Bielsa enfrentó a la "canarinha" con su arsenal de siempre: Presión asfixiante en el centro del campo, robo de balón cerca del área del rival y un ritmo de juego vertiginoso. La receta chilena, que fue un martirio para España durante media hora, se repitió con los mismos resultados ante los brasileños. Fajó, buscó el cuerpo a cuerpo y forzó la máquina. Pero, como ante España, Chile nunca encontró el modo de matar el partido. Sin último pase, sin clarividencia y sin alternativas en el ataque, la resistencia del mediocampo chileno fue minando poco a poco, minuto a minuto, segundo a segundo. A la media hora, en una jugada de laboratorio, los armarios empotrados de Dunga dinamitaron la débil defensa de Bielsa. Una torre humana, Juan, protegido por Lucio y por Luis Fabiano, metió la testa para hacer el primero. Con la autoestima por los suelos, Chile no volvió a levantar cabeza. Sólo tres minutos después del primero, llegó el segundo puñetazo carioca. Luis Fabiano, poco estético pero muy eficaz, acudió a su cita con el gol de manera puntual. El ariete sevillista, todo fibra, se abrió paso entre los centrales después de un toque suave de Kaká. Al filo del fuera de juego, quebró al arquero y marcó. Brasil, con suficiencia, mató cuando tenía que matar. Lo hizo con la cotidianeidad de ese empleado que pasa un día más en la oficina. Chile, herida de muerte, se resignó. Durante 34 minutos, el equipo de Bielsa aguantó de pie. De ahí en adelante, se desmoronó como un castillo de naipes.




En un intento desesperado por cambiar el guión brasileño, Bielsa metió a Tello y Valdivia por Contreras y Mark González. El experimento no funcionó. Brasil fue más físico, más inexpugnable, más fiable, más veloz, más fuerte y mucho más directo. Chile, todo voluntad pero nula pegada y cero ideas, presentó su rendición de manera incondicional con el tercero, rubricado por Robinho de manera brillante. De ahí hasta el final, Chile fue un nada que acabó achicado por el músculo y el físico terrorífico de los brasileros. Con los chilenos bajando los brazos y con muchos espacio libre, Brasil se dio un festín en el contragolpe. Unas veces llegó al área chilena con la potencia de velocistas como Maicon, Alves y Ramires. Otras, con la finura de Kaká y Robinho. Roto por el eje, Chile tuvo un ataque de dignidad y quiso morir matando. Pero a pesar de los esfuerzos de Suazo y compañía, Chile nunca pudo. Bielsa, resignado, debió pensar que habría dado un brazo por disponer de Zamorano y Marcelo Salas. Sin gol y superados, los chilenos inclinaron la cabeza ante un rival superior. Fue demasiado para ellos. Brasil, en su partido más completo del campeonato, les pasó por encima.




Dunga, enterrador del "jogo bonito", el responsable de “militarizar la samba” (como dice Juan Villoro) sigue acumulando cadáveres deportivos y victorias con su receta industrial: Solidez defensiva, jugadas a balón parado y contragolpe letal. Sólo un iluso podría discutir que Brasil es firme candidato a ganar el Mundial. Otra cosa es el asunto estético, antes seña de identidad brasilera. Con el paladar acostumbrado a las fiestas del fútbol samba, resulta grotesco que Brasil, el gran estandarte del espectáculo, haya profanado su propio templo en función del pragmatismo. La nueva versión brasileña, una versión clónica de la Alemania de los ochenta, se ha convertido en una máquina de ganar. No engancha ni cautiva, pero gana por contundencia irrefutable. Brasil asusta…

domingo, 27 de junio de 2010

¿Desmitificar a Bielsa?

El universo del fútbol se dimensiona en 64 partidos por ahora jugados en Sudáfrica. En este vasto universo hay un ausente muy importante, casi determinante en la configuración del fútbol de hoy: José Mourinho. Este personaje se halla a las antípodas de otro: Marcelo Bielsa. ¿Por qué los comparo? Por un detalle muy simple. Creo que el fútbol moderno se debate en aquello que ha llegado a conceptualizar tanto en el discurso como en la cancha además en los logros estos dos directores técnicos, directores de orquesta, pensadores y ejecutores de fútbol… Lo que los diferencia no es el fin sino el medio, a ambos el único elixir que los alimenta y los fecunda es el triunfo pero los métodos para llegar a él los acomoda en mundos distintos de este apasionante universo que se llama fútbol.

Detrás de Mourinho siempre se levanta una polvadera de adjetivos que constantemente apuntan a la racanería, pragmatismo y mezquindad. Por el contrario, detrás de Bielsa los adjetivos, casi en consenso, lo coronan como el Dt distinto, el del pressing, el obsesivo del detalle, el pretensioso que piensa en “todas” las variables del juego, el que pierde pero pierde atacando. En este texto no quiero abrir la zona mediática que igual los diferencia y los transforma en sujetos densamente particulares, sólo pensemos en la arrogancia y las estrategias del lusitano que siempre se transforman en titulares de los medios del mundo y en los ojos agachados de Bielsa que evaden de forma sistemática los lentes de todo tipo de cámaras. Ahora, quisiera detenerme en el juego, en los estilos que proponen ambos entrenadores y configuradores de fútbol.


El viernes Bielsa a través de la selección chilena así como deslumbró cómo sus seleccionados quitaron el balón a la selección española de algún modo para mí el rosarino se mostró algo ingenuo y predecible (ingenuo en ese idilio que persigue a través del fútbol), demasiado enamorado de sus formas de ver el fútbol, de sus conceptos, de sus obsesiones. En otras palabras, demasiado enamorado de sí mismo. Creo que Chile se entregó con mucha facilidad frente a España. Fue por supuesto mucho más interesante ver a Chile, como Ícaro que va al sol sabiendo que sus alas son de cera... Y en esto Bielsa fue el mayor responsable. En todas sus declaraciones previas señaló que él no puede plantear partidos para el empate, sólo puede diseñar juego en función de ganar. No entendió que España con el empate podía estar eliminada y no jugó con esa variable especulativa. Asustó sin causar el menor rasguño en el área española, dominó durante 25 minutos y a partir de ahí se cayó su planteamiento, los jugadores –con rostros muy parecidos a los argentinos frente a Suecia– además de extenuados, se extraviaron en entorpecer el juego español con faltas y con muchas fragilidades e imprecisiones en la salida. FUeron estos detalles los que le hicieron perder el partido. Bielsa podía haber jugado con la ansiedad española, podía haber administrado mejor la ansiedad de la selección que dirige y no lo hizo. Esto demuestra que Bielsa apuesta de manera obsesiva y casi predecible a una sola forma de ganar que es la suya. En síntesis: Bielsa trabaja sus equipos a un registro. Creo que se equivocó frente a España… Chile no es Argentina, no es Brasil…

Mourinho es un Dt mucho más maquiavélico en ese sentido. Sus equipos desde el punto de vista de espectador no seducen, adormecen el juego... Pero el detalle que es interesante en el portugués es que no se repite y sale a ganar cuando así el contexto lo determina o sale a racanear cuando la situación se lo exige como método más importante para plantear un partido. Para él no es indigno buscar un empate. Pero repito, lo interesante es la multiplicidad de registros. Si pensamos frente a Barcelona en la semifinal de la Champions League el Inter no podía salir a presionar a lo loco a Barcelona porque terminaría perdiendo. A Mourinho, como a todo DT, le piden la victoria, él piensa, estudia, y comprende que sólo de este modo puede ganar ante el equipo al que no se le puede discutir la posesión del balón, a Barcelona. Frente al mismo equipo en su casa presenta otros rostros, otro modo de poseer el balón, también de atacar a Barcelona y gana 3 a 1.


Con esto no quiero decir que Mourinho es un mejor técnico que Bielsa. Sin embargo, creo que el fútbol te exige una multiplicidad de registros para encararlo. Creo que Bielsa allanó el camino español, le abrió las puertas a ser primero del grupo con mucha ingenuidad y testarudez. El necesitado parecía Chile y al final del partido terminó rogando que Suiza no le gané a Honduras. En ciertas circunstancias, no está mal la racanería, la mezquindad, sobre todo en selecciones menores como la chilena. Mañana la selección de Dunga esperará ansiosa que Bielsa le planteé un partido similar al de España, donde Bielsa asombre al universo del fútbol con su modesta selección dominando al penta campeón. Ese será un territorio muy propicio para que Brasil se come a su presa en octavos. Pero al final del partido todos admirarán al “gran técnico”, a sus obsesiones, a su admirable pressing, hablarán “que bien le robó Chile la pelota a Brasil” y punto eso será todo… ¿No hay algo de demagogia en esto? ¿Acaso Bielsa no es igual de maquiavélico que Mourinho? ¿A Bielsa le interesa que Chile trascienda en el mundial? ¿O acaso es más importante su ego profesional? Ojalá mañana Bielsa me sorprenda y no haga más de lo mismo: una sutil racanería y mezquindad personal…

viernes, 25 de junio de 2010

Con Dunga, Cristiano no sería titular

Brasil ganó el grupo. No creo que con su fútbol esté conquistando nuevos adeptos, ni con sus resultados nuevos fanáticos, pero nadie le puede quitar a Dunga el primer lugar de una fase llamada "de la muerte" desde el día del sorteo.

Pero tampoco podemos culpar al entrenador brasileño de no cumplir, porque nunca prometió el famoso jogo bonito, ni profesó la fantasía, ni la estética en su propuesta. En el mundo Dunga, las celebridades, el glamour, el mundo fashion están de lado y las cambia por obreros, rústicos y gente del común.

Es más, para él son un problema las figuras, y de tajo las alejó de Sudáfrica. Ronaldinho, Ronaldo y Adriano lo miran por "tv". Fuera de Kaká, Dunga prefiere a Elano que al mediático Dany Alves, hace ingresar a Ramírez, pone de titular a Nilmar y Grafitte también tuvo su oportunidad como relevo. Con la conducción técnica del capitán campeón del 94, jugadores de Wolfsburgo, Panatinaikos, Benfica y Villarreal le ganan el pulso a los del Milán, Juventus, Barcelona y Real Madrid.

Dunga, el más antigaláctico, se pone ropa que no combina, nunca usa corbata, prefiere que sus jugadores la toquen antes de que ejecuten una gambeta y la concepción colectiva del juego siempre debe superar a la capacidad individual de sus fichas.

Por eso, el Cristiano Ronaldo de este mundial no tendría ni la más mínima posibilidad de estar en un equipo dirigido por el entrenador del penta.

CR9 pasa por un momento en el que quiere vencer primero a sus compañeros que a sus rivales, minimiza a Danny, cuando está Almeida, el centro delantero se desespera mirando firuletes. De las pocas veces que ha pensado en un compañero, nació un gol ante Corea del Norte. Y eso que no quiero escribir de la costumbre de estar peinándose y mirándose en la repetición de la pantalla gigante de los estadios.

En el fútbol siempre deben jugar los mejores, pero nunca perder la concepción colectiva, aunque tampoco negar los valores individuales.


En realidad para mi gusto futbolístico no nombraría a Dunga como entrenador de mi equipo y no me gastaría tanta plata en Cristiano Ronaldo, aunque no puedo negar que cuando le sale una jugada me levanto y aplaudo.


Por Tito Pucceti

Al final Chile cumplió...

Cuando Chile venció a Suiza hubo un elemento fundamental: no jugaron con ansiedad. Este detalle fortaleció el ímpetu creativo de los chilenos. Hoy en cambio frente a España se excedieron en nervios, la ansiedad devoraba la pausa y eso no les permitía procesar ese vértigo frenético que tanto gusta a Marcelo Bielsa. La ansiedad se reflejaba en el hiperquinético juego del Alexis Suazo que deambulaba por tener y retener la pelota. Se reflejo en esos primero 15 minutos donde a Chile fácilmente le sacaron tres tarjetas amarillas. En el absurdo remate de Bravo a los pies del implacable Villa. En los nervios y la impotencia que se reflejaban en los infinitos gestos de Bielsa, típicamente acomodado sobre sus rodillas como queriendo en esa pose descubrir alguna clave para transformar el partido.

Con esta enorme ansiedad Chile asfixió de entrada el tráfico español en el centro del campo. Esa máxima obligó a los de Vicente Del Bosque a jugar sin la pelota, un calvario hasta ahora nunca sufrido. España sin pelota es una selección intrascendente. El equipo español, huérfano de esférico, vivió un tormento desposeído de su trofeo más preciado. Chile, apoyado en una presión terrorífica, exigente, brutal, embistió a una España que no encontraba las claves en ese manual sobre el cual entraron y supuestamente previeron las variables del partido. Chile con 2000 voltios, se enchufó al partido y condenó a España a parecer un cable pelado. Era el mundo al revés: Chile tenía la pelota y España la perseguía. La Azul, porque esta vez La Roja mudó de color, aguantó el martirio chileno, que no dejaban espacio sin presionar. En su salsa, el equipo de Bielsa convirtió su fútbol en un ajedrez revolucionario. La apertura chilena hizo zozobrar a España. Allá un caballo, Mark González (un cohete). Por allí un alfil, Valdivia (un incordio). Y más tarde, una torre, Bounseyour (un jugador impredecible). España sólo atinaba a defenderse. El temporal pudo desencadenarse de no haber mediado dos cruces extraordinarios de Piqué y Busquets. Cuando peor la pasaba España encontró su oportunidad…


Tres acciones dinamitaron el tablero cartesiano del maestro Bielsa. Todo empezó con una cabalgada eléctrica de Torres, todo fe, en un envío kilométrico. Fernando forzó que Bravo metiera el pie, la pelota cayó en los dominios de Villa y el asturiano, magistral, ejecutó un globito teledirigido que voló con delicadeza hasta posarse en las redes. El tanto, liberador, dejó entrever el talón de Aquiles de Chile, su defensa. Con la duda instalada en el equipo de Bielsa, España golpeó de nuevo. Iniesta se puso el frac, tiró una pared con Torres y devolvió a Villa, abierto en el pico del área. El asturiano, sutil, amagó con el disparo y sirvió al espacio libre para Andresito, que apareció libre de marca en la frontal. Su remate, un canto a la precisión, entró a ras de hierba pegado al poste. España, a la que medio mundo acusaba de falta de pegada, hacía dos goles en dos disparos.


Otro detalle importante fue que bastó que entrara en acción Marco Antonio Rodríguez Moreno, Chiqui Drácula, según los mexicanos, para que Chile se perdiera en la cancha. Rodríguez es un árbitro que no tiene contemplaciones con los infractores ni con el fútbol y cuyos actos de tarjetero serial desacomodan los partidos. En un lapso de seis minutos, les sacó tres tarjetas amarillas a los chilenos. La expulsión de Estrada fue el tercer movimiento en falso de Chile, que arranco el partido de forma brillante y terminó exhausto más preocupado en el partido entre Suiza y Honduras.



En el segundo acto, Chile no varió su apuesta y España volvió a las andadas. Con más balón pero menos profundidad, el equipo de Del Bosque se tomó cinco minutos de respiro y quiso imponer su famoso fútbol-control. La apuesta española le costó un gol de Millar, rozado por Piqué, que abría de nuevo un partido que parecía cerrado. Sin margen de error, entró Cesc Fábregas para cambiar la velocidad de ejecución del centro del campo. Sus tres primeras apariciones fueron una bendición para el fútbol. La mala noticia para España fue que, salvo chispazos puntuales, su ritmo nunca fue a más. España se limitó a sacar la calculadora y secuestrar la pelota y Chile, con un ojo puesto en el empate entre Honduras y Suiza, se dejó llevar. Mitad exhausta, mitad conformista, la horda de Bielsa aceptó el armisticio y juntos, españoles y chilenos, dejaron correr el tiempo. De un modo feo, pero práctico, unos y otros aceptaron su posición final en el grupo. Chile no quiso morir matando porque entendió que puede quebrar la historia frente a Brasil (esta es definitivamente una utopía futbolera, deseable utopía). España tampoco pisó a fondo, porque entendió que bastante había tenido con superar el drama de su debut ante Suiza. Con el objetivo cumplido, ambos firmaron la tregua. España, esta vez sin buen fútbol, sí supo salir del pozo en el que ella misma se había metido ante los suizos. Francia o Italia, por ejemplo, no pueden decir lo mismo. España se mete en octavos, pero tampoco puede presumir. Próxima estación, la Portugal de Cristiano Ronaldo. Un todo o nada. A Chile el difícil reto de vencer a Brasil…

Peripecias de los entrenadores

Si en este Mundial el chivo expiatorio favorito de los arqueros ha sido la Jabulani, el de los seguidores ya no es el árbitro, sino el director técnico. Con ocurrencias arcanas, contraintuitivas y a veces insostenibles, el también llamado míster parece obsesionado con sorprender a la fanaticada –en parte para justificar su sueldo millonario, en parte para hacernos creer que él ve más– mediante decisiones que festejan sobre todo los equipos rivales. Se dice que en Montevideo, cuando vieron que México saltaría a la cancha para el partido decisivo con el Guishe Franco como presunto ariete, las calles se llenaron de candombe y serpentinas, y también se ha escuchado a los muchos detractores de Italia corear el nombre de Camoranesi en los estadios, convencidos de que la vieja gloria del Cruz Azul conseguiría transmitirle a los Azzurri la maldición de la inoperancia y el lento semirritmo.


Ya desde las listas de convocados la ira se estaba desbordando en dirección de los banquillos. Siguiendo el ejemplo del Mundial de Italia 90, cuando en el duelo Argentina-Brasil de octavos de final el aguador de la albiceleste disolvió un Royphnol en las botellas que beberían los amazónicos para sedarlos, una vez que se supo que Dunga no llevaría a Ronaldinho a Sudáfrica se desató una fiebre nacional para intoxicar al timonel, no con narcóticos sino con cicuta. Y antes de que Francia se hundiera ignominiosamente en el grupo A de la mano de Domenech, ya había en París el proyecto de transformar el Obelisco en una vuvuzela gigante para empalarlo tan pronto regresara.


Aunque Maradona viajó a la cita mundialista con la etiqueta de ser la piedra en los botines del tercer campeonato argentino, hasta ahora han sido Domenech, Marcelo Lippi y el Vasco Aguirre los técnicos que han destacado por su terquedad y sus metidas de pata. México, es cierto, a diferencia del campeón y subcampeón del mundo avanzó a la segunda fase, pero habría que decir que la hazaña la consiguió en buena medida a pesar de Aguirre, y más bien gracias a que la mala estrella del técnico de los Bleus era aún más nefasta que la suya. Lippi, por su parte, es obvio que dejó la cabeza en el pasado y nunca la volvió a encontrar. No sólo creyó que el 2006 podría durar para siempre y Cannavaro no se convertiría en una momia disfrazada de capitán; también supuso que 1982 era algo así como el sello de agua de todos los mundiales y bastaría jugar sólo los últimos diez minutos de la primera fase para avanzar a tropezones con tres empates sudados. La mala suerte hizo además que a la maquinaria normalmente bien aceitada de los tetracampeones le faltara un eje importantísimo —Andrea Pirlo—, y sufriendo como siempre sucedió lo que casi nunca: que Italia hiciera las maletas tras el tercer desafío.


Es verdad que nos gustan tanto los chivos expiatorios que, si pudiéramos, los ordeñaríamos para más tarde triturarlos a través de los medios. Y también es verdad que quienes se desempeñan en el rectángulo de césped son los futbolistas y hacia ellos deberíamos dirigir la mirada y las críticas. Pero en el armado de una selección el técnico tiene mucha tela de donde cortar, las piezas del rompecabezas las decide él, y está claro que la desgracia de un equipo se escribe desde la convocatoria. Lippi, que siempre ha jugado a ver más, no sólo marginó a los ya veteranos pero muy peligrosos Totti, Del Piero y Toni, y a los delanteros que todos los tifosi pedían: Cassano, Balotelli y Borriello, sino que confió en la Vecchia Signora del Calcio —la Juventus—, como columna vertebral de una Italia lerda y decepcionante. Buffon, Cannavaro, Chiellini, Marchisio, Camoranesi, Pepe, Iaquinta… ¡todos de la Juve!, y no hay que olvidar que en su liga local ese equipo se quedó en un deslumbrante séptimo sitio y que su defensa, encabezada por los tres primeros arriba mencionados, recibió 56 goles, demasiadas para cualquier equipo de primera división y un auténtico escándalo para la mística italiana.




Así como Lippi dejó todo en manos de los inoperantes jugadores de la juve, (quienes se encargarían de hacer que Italia calificara con la inercia del pasado), Domenech y Aguirre, cada cual a su modo, también se aferran —se aferraron—al clavo ardiente del esoterismo y la cábala. Mientras que en el caso del timonel francés se antoja un gesto de desesperación consultar a las constelaciones para conjurar la ausencia de gol, qué decir cuando un entrenador sobrio pero imaginativo, como solía ser el Vasco, confía ciegamente en un oráculo de nombre Mario Carrillo, tan enigmático como el de Delfos pero tan dudoso como el de Walter Mercado. “El mejor jugador nunca debe permanecer en la cancha” o “El rival se intimida cuando alineas a un delantero en silla de ruedas” son el tipo de mensajes sibilinos que, mucho me temo, salieron de la boca del auxiliar técnico del tricolor durante la fase de grupos y dejaron a Aguirre con ese gesto incierto de galletita china.




No sabemos si el destino del Vasco, en caso de perder el domingo contra Argentina, será el empalamiento o la trituración mediática, pero todavía está a tiempo de sacudirse el estigma de genio incomprendido, que no es sino la variante optimista del chivo expiatorio. Si primero amordazara a Carrillo para no caer en la tentación de consultar sus consejos, y después, frente a una defensa lenta y un tanto improvisada como es la gaucha, mandara al ataque a los más veloces (a Guardado, Juárez, Chícharo, Giovani, Barrera, con la opción de cambio de Vela y El venado Medina), es muy probable que entonces, aun con el descalabro, pueda volver a casa en calidad de héroe trágico.