
Los franceses entraron al partido con el objetivo de fortalecer el fútbol de Ribery para ello ingresó Henry, acompañado de Govou y afinaron la puntería de Evra. Sin embargo, esta decisión fue insuficiente para frenar el torbellino naranja, ya que los holandeses se apropiaron del centro de la cancha a puro toque, inteligencia, aprovechando la gran velocidad de sus laterales, y con el cerebro iluminado de la máquina: Sneijder, quien además de manejar las coordenadas fundamentales del equipo, fue un dínamo de motivación y coraje.

El uno a cero holandés incendió al partido de angustia. Los franceses en ese escenario de tensiones tejidas tomaron la iniciativa con desorden y en momentos con mucha prolijidad. El fútbol francés atravesaba por el talento de Ribery que proyectaba balones a Touolalan, que exigían la inteligencia de Malouda y que buscaban la precisión mágica de Henry. Ribery es un motor que genera fútbol, sin embargo, fue totalmente insuficiente ya que todas las variables reducían su eficacia. Frente a todas las insinuaciones de gol de los franceses, Van der Saar, el arquero holandés, anuló todas.
El partido cerraba el telón con un equipo holandés en extremo fino y agudo en sus contragolpes y un equipo francés desesperado que sostenía sus esperanzas en los tobillos de Ribery. La escenografía futbolera ya denotaba que los holandeses tenían las herramientas para diseñar un fútbol trazado sobre el mapa de la historia del mundial de 1974.
Se abrió el telón del segundo tiempo y Van Basten, como un mago ajedrecista, movió las piezas, cambió a un volante de contención (Engelaar) por uno de los pistones más efectivos del fútbol europeo (Robben). El canón ortodoxo del fútbol señala que el que gana tiene que defenderse, pero Van Basten fisuro el decálogo y optó por la locura. Y Van Basten no se contentó con el cambió sacó al autor del primero gol y metió a Van Persie, otro efectivo delantero. La apuesta de Van Basten era evidente arrollar la lentitud defensiva de los franceses. Domenech sorprendido desde el banco le quedaban pocos recursos imaginativos para contrarrestar semejante propuesta futbolística y no le quedó otra variable que la de meditar al borde de la línea de cal.
Y este amague de Van Basten a la ortodoxia del fútbol culminó con un pase-pirueta de Van Nistelrooy que habilitó a Robben, quien con mucho atrevimiento, gambeta y velocidad hizo un pase a Van Persie quien concreto el dos a cero. El segundo gol sacudió el autoestima francés. Pero, Henry con un toque leve anotó el descuento. Descuento que fue pulverizado un minuto después con un Robben que con una descarga eléctrica despachó el tercero para los holandeses.
Y esta obra holandesa no podía terminar con semejantes gestas, Sneijder, la manija y el norte del equipo, concretó un golazo. Holanda cerró un partido que tiene que ser archivado en la DVDeoteca de todo futbolero. Técnicos, jugadores, fanáticos, estudiosos, fantasistas, en fin, todos se merecen ver este partido en cámara lenta y tomando anotaciones ya sea para proyectar un equipo distinto en la cancho o ya sea para escribir poesía vanguardista.
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