martes, 5 de junio de 2007

La judicialización del fútbol boliviano

Los “servidores de justicia” afrontan un intencionado paro histórico. Buscan a toda costa que nadie les toque su PODER. Cuiden sus espaldas que hoy ni jueces, ni abogados,ni magistrados salieron a trabajar.

En este día es pertinente, entonces, más que nunca, reflexionar sobre la judicialización del fútbol. El fútbol boliviano casi desde su fundación ha estado profundamente articulado, para bien o para mal, al ejercicio siempre dudoso de la abogacía. Bien o mal fueron los abogados quienes vertebraron (infectaron, dirán algunos maliciosos como yo) la mayoría de Clubes del país, una buena parte de los fundadores del Bolívar fueron abogados, lo mismo con el The Stronguest cuando hace más de 85 años saltó del amateurismo al profesionalismo y esto gracias a un conglomerado de abogados. No entraré en los porqués, en los motivos, porque es ahondar en aguas putrefactas y hoy no deseo bucear en lodazales con el único fin de seguir infectándome de mugre. Sin embargo, estos últimos 10 años esta hueste (o peste, depende de usted inexistente lector) leguleya ha hecho crisis, sin embargo, también ha instaurado su poder casi de manera inquebrantable en las precarias estructuras de nuestro decadente fútbol.

Para no extender las modestísimas pretensiones de este texto exploraré algunos datos referenciales, para ello es importante el año 2004. En ese año Oriente Petrolero, el club más impugnador de la historia del fútbol boliviano, a cargo de nuestro actual Presidente Federativo, descubrió que dado el caos de reglamentos, debilidad, poca consistencia y superposición de normas, los partidos de fútbol pueden ser ganados fuera de la cancha. En otras palabras, la lógica futbolera orientista (aclaro orientista, porque Blooming, Real Santa Cruz, es otro su andar) marcaba una impronta mañosa a nuestro fútbol. Una lógica que arbitrariamente se la puede cifrar de la siguiente manera: “no importa si uno tiene un equipo mediocre, mientras se arme un buen buffet de leguleyos es posible ganar campeonatos”. Y esta consigna rápidamente hizo cuerpo, obtuvo sus frutos en el campeonato clausura de 2004, cuando Oriente le ganó en mesa al Tigre. No quiero entrar en la legalidad o ilegalidad de las impugnaciones, simplemente me asomo a ese afán casi deportivo de impugnar, de manejar las inconsistencias del reglamento de acuerdo a la necesidad y tejemanejes del club. Es importante recalcar que el pivote articulador de este afán impugnador recae en el NEFASTO abogado Víctor Hugo Pérez. Sobre él Oriente Petrolero monta todas sus estrategias jurídicas para ganar sistemáticamente sus partidos fuera de la cancha. Hasta el momento son más 16 casos de impugnación, de los cuales varios fueron a favor de Oriente Petrolero, entre los que más destacan son:

· José Alfredo Castillo: caso doping (junio 2004). Mediante el alegato jurídico de mal procedimiento Castillo salió impune del doping, abandonó al Bolívar y volvió rápidamente a jugar en la reserva de Tecos.
· El Tigre: caso Robledo (diciembre 2004). Oriente ganó la impugnación, recibió plata de la Conmebol, de la Federación Boliviana, del Club The Stronguest y no dio ni un solo dólar a Real Potosí que también era otro de los afectados.
· Real Potosí: caso negar jugadores a selección (junio 2007). De manera hábil Oriente se presenta en cancha el 23 de mayo, sabiendo que tiene a su favor las fichas claves del reglamento (tanto el de la Federación como el de la FIFA). Fichas que irrevocablemente lo respaldó en mesa.

Los casos que están en veremos: el doctor Pérez quiere reactualizar el mismo alegato utilizado para salvar a Castillo, para salvar a Leo Fernández. No está lejos de demostrar que hubo evidentes errores en el doping del arquero. Este hábito impugnador está demostrando una vez más que el fútbol boliviano paga más a sus abogados que a técnicos y jugadores. Digo esto porque Oriente paga fortunas a su notable doctor Pérez. ¿Y cómo no?, si es gracias a Pérez que Oriente salió campeón en el clausura 2004 y está a punto de salir campeón en el apertura 2007.

Pero la judicialización del fútbol boliviano no termina en mostrar las habilidades del doctor Pérez, abundan abogados que no necesariamente ajustan la malla jurídica deportiva para transparentar el juego, por el contrario no le dejan de abrir resquicios para montar su proyecto de poder. El doctor Edgar Linares, ideólogo de la FABOL (futbolistas agremiados de Bolivia), es otro interesante personaje, que ha movido las estanterías económicas y jurídicas de los clubs, lo triste es que no en beneficio del fútbol. Linares junto con otros abogados y diputados elaboraron la Ley del Deporte.

En julio de 2004 fue promulgada la Ley, esa que tanto orgullo le provoca a Pichicho Borja, uno de sus autores. A la Ley le importa un carajo generar una matriz para construir una estructura deportiva. En toda su intrascendencia se encuentra el famoso artículo 2770 y el Decreto Supremo 2779. El artículo señala que en lo que respecta al fútbol profesional, todas las instituciones deportivas deben adecuarse a la normativa de la Ley del Trabajo. Por tanto, todos sus dependientes: futbolistas, cuerpo técnico y cuerpo médico deben cobijarse de los beneficios que norma la Ley del trabajo. Este artículo abrió un caos legal que derivó en 64 litigios en el Bolívar, en el Stronguer bordearon los 20 y algo parecido en Blooming, Wilster. Sin embargo, en Oriente hay muy pocos, por algo será. Lo chistoso de esto es que uno de los redactores de la Ley fue el más beneficiado. Sí, sí, Pichicho Borja hizo una Ley de acuerdo a sus mafiosas necesidades. Aprueban la Ley y Pichicho rápidito fue a cobrar sus beneficios “al club de sus amores”. Este es un caso descarado. Un gesto del más puro mirismo. Del mismo modo la inútil Ley Añez. Ley que se contradice desde su primera línea y que no apunta a fortalecer el fútbol, por el contrario desde el principio de su redacción se convirtió en buen motivo de exhibición mediática y de beneficiosa cosecha política por parte de su autor, ex – presidente de la Liga.

Entre todo este caos jurídico, con dirigentes-abogados presos (el doctor Cuellar, por ejemplo), con más abogados que cuerpo técnico el fútbol boliviano paulatinamente, además de exponer sus vísceras: agoniza. Hay tantos casos sucios manejados por abogadillos hábiles. Los casos abundan. Por ejemplo, la impugnación vergonzosa de los dirigentes de The Stronguest a San José, justamente por la bendita Ley Añez que señala que en cancha sólo deben entrar 4 jugadores foráneos. Es vergonzosa esta impugnación ya que los dirigentes estronguistas (Pacheco y Cía. valga aclarar que todos son abogados) el año 2004 eran los más grandes defensores de los jugadores “Nacionalizados”, feroces combatientes de la Ley Añez. Ahora, no, se transformaron en los impugnadores de la invasión foránea, acatadores de la Ley que antes repudiaban. Así va el club, así va nuestro destartalado e inútil fútbol...

Para terminar, la injusticia tramada en contra de Real Potosí es la muestra de la judicialización del fútbol boliviano, repito la idea: y no para el bien del fútbol boliviano, sino para terminar de tullirlo. Las conclusiones del Tribunal de Justicia apuntan, cínicamente, a que Real Potosí sufrió de una carencia de asesoría jurídica. Sin embargo, este modo de actuar, de competir, de normar está empezando a erosionar de manera irrevocable el fútbol boliviano, de a poco lo que pasa fuera de la cancha se transforma en insostenible. En una práctica repulsiva. No puede ser que, en una línea, estemos pelando en contra de las arbitrariedades, de las injusticias discriminadoras FIFA, mientras que, en otra línea, en casa, se dibuja el destinto del juego de la pelotita desde fuera de la cancha, más específicamente en finos buffets de abogados. Es Asqueroso. Si procede la proscripción FIFA a la altura, Oriente Petrolero le encontrará una y más vueltas jurídicas al tema. Desde estos tejemanejes se transformará en un equipo imbatible en la altura y no por virtudes futbolísticas de su equipo, sino gracias a las habilidades jurídicas del doctor Pérez.

Todo parece apuntar que a Oriente, una vez más, le importa poco si pierde o gana dentro de la cancha, lo que le interesa es que el doctor Pérez tenga todo en orden para efectuar la correspondiente impugnación de turno. Como hace 3 años es posible que Oriente vuelva a ser campeón gracias al brillante juego chicanero de sus abogados. El lema parece ser: “Importa poco lo que haga Clausen en cancha, para eso está el brillante, el único: el doctor Pérez”.

Mañana en canchas cambas ojalá que Real Potosí vapuleé, destripe, pulverice al mediocre Oriente (como varias veces lo hizo). Si Real Potosí mañana no gana en el Tahuichi Aguilera, el fútbol dará sus últimos hervores de integridad y todo se irá al carajo. En este contexto, importará poco si se juega o no en la altura.

1 comentario:

Ivo Daniel dijo...

Estoy de acuerdo con lo que planteas en el texto: el fútbol de a poco está siendo reducido a una práctica de abogados y jueces. Ayer el árbitrario, el juez de la cancha, regaló un penal a Oriente. ¿Cómo habrá que interpretar esta decisión?

Chivo