miércoles, 27 de junio de 2007

Duelo de Lánguidas Cenicientas

No es que uno se ilusione con el escaso espesor de fútbol de la selección boliviana, pero frente a una tibia selección venezolana, vergonzosamente entregada a los 25 minutos del segundo tiempo, que ingenua creía que el partido era suyo, no quedaba otra que mínimamente empatar. Con débiles herramientas tanto de generación de fútbol como de contención la selección boliviana expuso una síntesis perfecta de lo que dolorosamente es nuestro fútbol: una nada verde con algo de sincronía, mecanización y aparente concentración.

La modestia podría ser la palabra que ruede arrogante y con mayor poder de precisión en el momento de describir lo hecho por las dos selecciones bolivarianas en el césped de San Cristóbal. Ambas selecciones quedaron entrampadas en la estrecha modestia de su débil y lánguido fútbol. Ambas selecciones desgastaron importantes chances para clasificar a la segunda vuelta. Sin embargo, en descargo de lo dicho, fue un partido que a ratos contagiaba algo de vértigo. Es decir, un partido que por momentos espantaba al bostezo.

La selección de Venezuela con un interesante aire de pragmatismo futbolero demostró que sobre la base de pases cortos y de eficacia puede ser punzante, tiene jugadores para ello. Aunque antes de afrontar el salto de Cenicienta a Revolucionaria la selección de Chávez debe con urgencia incorporar en sus archivos de saberes futbolísticos el concepto de marca, el ítem de contención y el de manejo de ritmos. El técnico Paez desde que su modesta selección concretó el segundo gol, mandó a la cancha tantas señales de amarrete que demuestran y desmitifican ese rumor del tan hablado “desarrollo” del fútbol venezolano. El fútbol venezolano es todavía un proceso en ciernes (por no decir en pañales). Por otro lado, como lo mencionaba en el primer párrafo, el seleccionado venezolano fue víctima de su ingenuidad. Antes del partido, rondaba en el ambiente mediático una ilusión muy mal configurada por el técnico Paez. La selección venezolana se creía muy superior a su rival al que lo miraba desde un par de peldaños arriba. Cosa que en cancha, hasta el más tuerto futbolero pudo evidenciar que Bolivia fue y es superior en todas las líneas respecto a Venezuela. En otras palabras, la selecciona boliviana tiene una elaboración de fútbol más sofisticada frente al pragmatismo ingenuo venezolano.

Sin embargo, esto de ser “superior” en fútbol es casi una insignificancia, ya que a riesgo de exponer una chinchosa obviedad, una verdad de perogrullo, pero que hace a la sustancia del fútbol, este juego es ante todo y sobre todo: gol. Y Bolivia metió los mínimos suficientes que le dieron un modesto empate (con fisonomía de derrota) frente a un rival que no cuajaba por la inmensa irrupción en su juego de una cantidad innumerable de resquicios.

De la selección boliviana quiero rescatar dos escenas contradictorias que suturan y describen los momentos más significativos del partido: la primera imagen muestra a un Joselito Vaca tímido, escaso de fútbol, de ánimo, escaso en su inclinación al coraje, densamente frágil en lo físico y en lo anímico, endeble frente al peso de los volantes venezolanos, predecible en cada uno de sus aburridos arranques, tenue en su configuración de juego. No es casual que la imagen que, a mi entender parcial, concentra el fútbol tenue de Joselito se reduzca a la imagen que muestra al 10 boliviano arrastrando los pies y saliendo de la cancha totalmente abatido, sujetado a una botellita de Gastorede. Por otra, la imagen de un Arce demasiado hablador en cancha, “canchero”, como dicen los argentinos, aguerrido, preciso. De más está decir, que es en el gol del empate, en su grito que se puede oír lo mejor de la selección boliviana. Entre estas dos actitudes se vertebró el débil juego de nuestra selección.

Alrededor de esta tensión entre un opaco Joselito y un corajudo Arce surgen otras imágenes futboleras que terminan de configurar las hebras de lo que tristemente fue nuestra selección: Raldés como todo los domingos ya sea en el gigante de Arroyito o en cualquier cancha gaucha demostró que los centros para él son una utopía, inalcanzables; además se confirmó, una vez más, que desde su desgarro del año pasado no recuperó su talento y de a poco su fútbol ya se hunde en el pantano de imprecisiones e inseguridades de toda laya. De Peña ya se entiende por qué no renovó contrato con el Villareal y por qué está más cerca del MLS que del campeonato español. De Lorgio Alvarez se hace más legible el argumento del ex DT de Independiente, Jorge Burruchaga, que lo rechazó de su equipo: “es un gran jugador pero no tiene capacidad de concentración”. De Hoyos quedó confirmado que hace lo que puede: no tiene una velocidad asombrosa, es de una técnica muy modesta, su fuerte no es la marca, no es el remate, no es el juego aéreo: ¿A qué juega Hoyos? ¿Por ahí su talento no está en el fútbol? De Mujica se nota que su fútbol creció un poquito (un poquito nomás) desde su partida de Blooming. De García, Grecia no le hace bien. De Reyes lo único que se puede decir es que su hacha nunca se oxida. De Darwin Peña es la víctima del DT Sánchez, ¿por qué? Porque para el técnico el físico ya no le da. De Galindo ojalá que algún día antes que deje el fútbol demuestre algo de fútbol, Galindo es un mito, pero un mito decadente. De Moreno fue el corazón del ataque, habrá que matizar: de un lánguido y desprolijo ataque. Valga una breve digresión: La cultura del ataque boliviano consiste en estrellar, lo más antes posible, tiros insulsos al arco. ¿Será que son muestras de nuestra impotencia técnica? ¿Serà que esito nomás podemos? ¿Será por un hábito creado por jugar en la altura, no ve que dicen que acá la pelota no dobla? De Cabrera tiene un coraje de cuchillero, es otro bocón, pero es otra víctima del DT. De Galarza: estamos atravesando la peor crisis de arqueros.

En el indicador de las oscilaciones anímicas, tan dinámico como el juego propiamente dicho tal vez este empate pueda ser interpretado como un plus. Sin embargo, las dudas en el entorno de nuestra selección abundan: ¿Cómo sostener los bríos de la tropa cuando se ha disipado el partido más accesible? ¿Cómo equilibrar las cargas de peso de nuestra selección cuando se hace demasiado evidente que los tres del fondo no son una garantía? ¿Cómo tejer marañas de ataque, marañas que sean configuradas desde los pies del opaco Joselito (el querido del DT)? ¿Cómo evitar los notorios desniveles de intensidad y nuestra angustiosa inclinación a perder la pelota y pasar de dominador a dominado? A nuevos problemas, nuevos exámenes y, por añadidura, nuevas soluciones. Ojalá que Sánchez baraje, maneje y descarte las variables suficientes y pertinentes. Todavía el fútbol de nuestra selección no convence a los descreídos como yo. Para soñar a lo grande hasta las últimas consecuencias debemos atravesar un proceso y no nuestra típica, consuetudinaria pasión, a la improvisación y a la generación espontánea.

Por último, este redactor de blog imitará a Ulises. Con espesa cera forrará sus oídos para no perderse en el mediocre canto de sirenas que provienen de los medios. Demagógicos cantos que inflan a sus audiencias futboleras de expectativas vanas y de ilusiones inexistentes respecto a las potencialidades de la selección Bolivia. Este redactor de blog sabe que nuestra selección estará de vuelta en estas tierras a más tardar el miércoles de la próxima semana.

Firma,
el optimista.

4 comentarios:

Andrés dijo...

Es increíble como los medios evalúan el "triunfo" de nuestrra slección. Apenas fue un empate y hay titulares de heroísmo. Estoy de acuerdo contigo hay que tener mucho cuidado con las falsas expectativas.
Una pena lo de la altura.

lapalabraesferica dijo...

No hay peor cosa que nuestros medios. AUnque suene paranoico, a ellos les interesa inflar las expectativas por una sunto de mero raiting (perdón por la linealidad del pensamiento). La selección no tiene argumentos para rebatir en cancha ni a Uruguay, ni a Perú. Al rival más accesible no se lo pudo ni herir. Así estamos.

Estoy cansado del tema de la altura, de sus tramas políticas, de sus intrigas. Estoy harto. Me parece una exposición descarnada de nuestra tenas mediocridad.

Ezequiel dijo...

no estoy de acuerdo con tu pesimismo, la seleccipon boliviaa tiene equipo para sorprender
Ahora que ya se levanto el veto, que también se levante el veto dentro de Bolivia. ¿Por qué la selección boliviana no puede jugar en otras ciudades?

lapalabraesferica dijo...

Sí ojalá me sorprenda mañana. Ojalá. Pero, por lo expuesto en cancha y por la calidad de fútbol de nuestros jugadores: no lo creo.

El optimista.