domingo, 21 de octubre de 2007

Apuntes, a dos fechas de la Eliminatoria

La Eliminatoria al Mundial Sudáfrica 2010 funcionan como una especie de termómetro que mide el nivel competitivo de las distintas selecciones. En el caso de las eliminatorias sudamericanas el termómetro futbolístico marca que Argentina y Brasil abrieron la brecha en términos competitivos en proporción al resto de las selecciones vecinas. En ese contexto entre Bolivia y el resto de contrincantes sudamericanos (sin contar Brasil y Argentina) la brecha es aún mayor. Terminada la segunda fecha del torneo eliminatorio es posible construir un balance provisorio. El Mercosur del fútbol marca la diferencia en su voraz capacidad por conseguir puntos, frente a una Comunidad andina futbolera que expone recursos limitados y que se atrinchera en la altura con el fin de “potenciar” su escaso juego (excepto Perú que hace todos los esfuerzos políticos para jugar en noviembre frente a Brasil en los 2300 msnm que ofrece Arequipa) . Un apunte más: en la eliminatoria las selecciones optan por presentar un fútbol pragmático y resultadista bajo distintos métodos y formas.

En selecciones como Brasil y Argentina prevalece el desorden, la espontaneidad, la memoria táctica añadida a la intuición y potencialidad de los jugadores. Los Dts confían en la impronta que determina el peso de sus individualidades dejando en un escalón inferior al fútbol que atraviesa circuitos de juego, que requiere asociaciones creativas, que marca el funcionamiento de esquemas defensivos, tampoco ofrecen demasiadas variantes tácticas.

En selecciones como Colombia, Paraguay, Chile, Uruguay y Venezuela (ambas en menor medida) es posible palpar la figura cohesionadora de los Dts que en pocos días de trabajo llegan a afilar la maquinaria táctica, los dispositivos que determinan la creación, más estrategias diversas para montar distintos cercos de contención. En otras selecciones como Ecuador y Perú parece que sus Dts atraviesan un conflicto interno en sus equipos, los resultados no llegan pero sí el aluvión de las trifulcas, abundan los malos estados de ánimo, la credibilidad de los técnicos se devalúa y sus cargos tiemblan. Y hay otras selecciones como la de Bolivia en la que su DT ha perdido la brújula (¿alguna vez la tuvo?) y lo que es peor carece de instrumentos mínimos para incidir en el destino futbolístico de una selección que ya se acomoda en el penúltimo puesto.

En síntesis: la competencia es larga, sinuosa y vertiginosa. La Eliminatoria exige puntos, que son los que garantizan el pasaporte a Sudáfrica, por la exigencia del torneo y el poco tiempo de preparación a los Dts no les queda más que apretar el botón del piloto automático, repasar sobre la marcha las variables de juego y saltar a las canchas aferrados en gran medida a la variable del azar. La siguiente exploración de las diez selecciones de la eliminatoria sudamericana es un intento por mostrar lo afirmado. Empecemos...

Argentina: sin despeinarse y con gestos explícitos de displicencia reeditó la película de la Copa América con final trágico, valga aclararlo y recordarlo, para el país de Borges. La selección argentina ganó sus dos partidos por el mismo resultado y Abondanzieri no recibió gol alguno. Es un resultado sensacional para iniciar la peripecia de una eliminatoria larga y ardua. Sin embargo, tanto en Buenos Aires como en Maracaibo el fútbol de toque argentino mostró que su maquinaria creativa está oxidada y con las piezas dispersas. ¿Motivos? El cerebro ajedrezado de Juan Román Riquelme atraviesa un extraño periodo lejos de la competencia gracias al capricho de un técnico intrascendente, que construye su fama futbolística a partir de la destrucción y la frontal guerra mediática al actual 10 argentino. Y la maquinaria futbolística argentina tiene que pasar necesariamente por los pies de Román para perforar defensas y trenzar juego. Pese al detalle Riquelme demostró que su pierna derecha es una herramienta tan potente que determina destinos ya sea de partidos, de campeonatos, de equipos, de sujetos. Cada vez que patea Román surge en el fondo del escenario el fantasma de un deja vu: Zinedine Zidane y más específicamente las genialidades de su pierna derecha. Los movimientos de la máquina creativa argentina claman por la presencia del DT Basile que no hace más que apretar el botón del piloto automático. La única apuesta del DT se concentra en la diferencia que ofrecen sus individualidades: Messi, Tevez, Macherano (por lanzar unos nombres). El riesgo de la apuesta de Basile es fácil de palpar, sobre todo cuando Tevez y Messi remontan la cancha desde tres cuartos de la cancha hasta el arco de enfrente en una soledad que los obliga a driblear demás y a equivocarse sin clemencia. O cuando Zanetti se ata la pelota al pie y la traslada hasta la puerta del área para terminar retrocediendo, generalmente desequilibrando el cerco defensivo argentino. O cuando Mascherano queda desprotegido y coqueteando con las tarjetas amarillas. O el mismo Mascherano dentro del área definiendo de zurda hacia cualquier parte mientras Riquelme está parado en el círculo central. O cuando Tévez toma el balón y hace de su cuerpo un torniquete esperando que lleguen compañeros para descargar hacia atrás. Esta maquinaria oxidada de fútbol emana una serie de preguntas: Si Basile juega con “enganche”: ¿Qué engancha Riquelme? ¿Las dos líneas de cuatro? ¿Las bandas? La parte defensiva muestra debilidades: se trata de una línea de cuatro que siempre queda desproporcionada, ¿qué respuestas proporciona Basile?

Brasil: Mostró dos caras de una misma moneda. La primera en Bogotá, la segunda en Río. Por un lado, la mezquindad más insoportable. Por otro, el destello de pirotecnia. Empecemos por las rasgos mezquinos. A Brasil se le exige que sea fiel a esa vieja tradición que ostenta, que ofrezca un fútbol proporcional al potencial futbolístico con el que cuenta. Sin embargo, el cero en su arco será su principal prioridad (ahora y siempre). No hay derecho a tener a Robinho, Kaká, Ronaldhino y salir a la cancha con un esquema tan mezquino. Habrá que aclarar que esta avaricia que infecta el juego brasilero no es un atributo del ex - capitán Dunga. Por el contrario, se trata de un legado de vieja data: Lazzaroni, Zagallo, Leao, Scolari, Parreira. Toda una cadena de amarretes que han instaurado el culto del pase atrás, de la cautela exasperante. Brasil juega mal o muy mal desde hace muchos años. Desde el Mundial 90 que Brasil incorporó la figura de un líbero y formó un cuadrado mágico en el Mundial del 94. ¿En qué consiste el cuadrado? En la presencia de dos centrales poderosos más dos volantes de contención. Con cuadrado mágico o sin él Brasil dispone de los mejores jugadores del mundo. La fórmula defensiva nació en los laboratorios del pragmatismo futbolero con el único fin de ganar títulos y matar de aburrimiento a los sedientos del “fútbol espectáculo”. Es una deslealtad con la tradición fundada por el país de los Pelé, Garrincha, Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelinho, Falcao, Sócrates y Zico. Sin embargo, como todas las fórmulas, su efecto ha perdido eficacia con el tiempo. Los brasileños han terminado por depender de los detalles, no del vuelo de sus mejores futbolistas. La fórmula se manifestó nuevamente en Bogotá donde los volantes creativos no podían dar un pase con criterio ofensivo, los delanteros estaban aislados, todos los volantes conducían la pelota, no había la menor comunicación entre las líneas, se privilegió tanto lo defensivo que el ataque estaba disponible exclusivamente para el destello o el golpe de ingenio, un instante apenas. Por el lado del destello y de la pirotecnia, la otra cara de la moneda brasilera, se manifestó en Río. Bastó con un desborde de Maicon para que Vagner Love la empuje. Bastó con que Kaká decidiera agarrar la pelota, que Ronaldinho deje de pensar en el peinado y se ponga a jugar un rato al fútbol y que Robinho volviera a ser el wing desequilibrante que es para desatar el destello. Brasil en 13 minutos liquidó el pleito: Dinho desvío un tiro que se iba a la playa de Ipanema y estiró la ventaja, Kaká mostró su categoría y la colgó en un ángulo. Robinho pirotecnia pura, dejó nada menos que a Ulises de la Cruz y asistió a Elano. Y otra vez Kaká con colaboración de Viteri para cerrar el 5 a 0. Abultado resultado que distrae de ese otro lado mezquino de la cara brasilera.

Paraguay: A este redactor de blog el fútbol guaraní le despierta una fascinación desmedida. Esta pasión tiene como causas el brillante juego mixto de los paraguas, un equilibrio excepcional entre técnica y garra. Con este binomio los paraguayos se plantan en cancha de modo tal que si las cosas no salen de la forma elegante, salgan del modo rústico o, cuando menos, se deje el césped regado de transpiración. Paraguay en estas dos fechas de Eliminatoria fue un soplo irreverente de frescura. De a poco borra de la memoria la dura goleada que le dio México en la Copa América (6 a 0). Combativo como siempre, aunque más ambicioso en ataque y jugando al ras del piso, los paraguayos poseen una fortaleza tan potente que no hay equipo que no caiga en su telaraña implosiva. Se trata de una nueva versión guaraní con mayor capacidad punzante a la hora de estructurar la creación colectiva que concluye con goles brillantes como el marcado frente a Uruguay (gol tejido por el genio de Cabañas). Es un equipo que presiona a partir de una efectiva, a momentos poética, administración del balón y por ello complica a todos sus rivales, ya que no cuentan con referentes claros para contrarrestar el aluvión guaraní. Paraguay a diferencia de Bolivia su fútbol no es permeable a su complejo contexto social, político, económico. Por el contrario, el fútbol transita una senda demasiado interesante. El fútbol en el Paraguay se ha transformado en una vía para salir de la pobreza. Se entiende a la pobreza en todos los sentidos posibles: pobreza económica, educativa, cultural, social, lúdica, valorativa, emocional, actitudinal. En Paraguay existen una infinidad de escuelas de fútbol. El fútbol es un pasaporte a un mejor modo de vida. En ese escenario, el fútbol produce una vorágine tal que toda la economía y al mismo tiempo las esperanzas paraguayas giran en torno a una pelota. En el actual Paraguay Salvador Cabañas es un jugador que desde el primer minuto del partido ofrece inteligencia al servicio del equipo. Donde juega encuentra soluciones. Es un manual andante de soluciones imposibles. Es importante también el trabajo, aunque breve, del Tata Martino quien insertó en la selección Paraguaya: paciencia, tenacidad, organización, cohesión, esfuerzos repartidos... Detalles que en el fútbol potencian la competitividad.

Uruguay: El fútbol a sol y sombra es el título del ya clásico texto futbolero del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Pero también es un axioma que describe el proceder uruguayo en estas dos fechas de Eliminatoria. El sol: goleó a Bolivia y muchos volaron con la imaginación. Pero nadie tuvo en cuenta el pavoroso nivel de los bolivianos. La sombra: Paraguay le devolvió las preocupaciones de siempre al Maestro Tabarez. A sopapos los paraguayos mostraron que Uruguay cuenta con fisuras no sólo defensivas sino anímicas. Uruguay soportó el aluvión paraguayo y por distintos milagros el resultado no fue mayor. El maestro Tabarez sabe que cuando atacan a su equipo le provocan muchas heridas y erosionan su capital futbolístico. Uruguay deja dudas en todas sus líneas desde el arquero Carini hasta el centro delantero Suárez. Después del festival charrúa de goles en el debut ante Boliva, con un simple movimiento de piezas el Maestro Tabarez resignó más de lo que ganó. Conservador plantó dos líneas de cuatro y apostó a los pelotazos largos para ver si Forlán o Suárez se la podían arreglar con una defensa dura y ordenada. Si Uruguay tiene como principal objetivo clasificar al Mundial 2010 tendrá que cuestionar sus métodos...

Colombia: Tiene la suerte de arrancar jugando con los dos extremos sudamericanos: Brasil y Bolivia. Colombia atraviesa una redención después de su triste paso por la Copa América. Ha logrado rearmar el ánimo. Pinto tiene un buen equipo. Una pregunta: ¿Dónde diablos tenían escondido a Julio? ¡Qué arquerazo! Colombia cuenta con un interesante técnico: Jorge Luis Pinto. Es muy hábil para leer y afrontar los partidos con distintos entramados tácticos, arma una doble línea de cuatro cuando no tiene la pelota, desdobla a sus laterales cuando configura juego y opta que el fútbol atraviese los pies de sus excelentes volantes creativos. Tiene con que: Sánchez, Julio, Amaya, Moreno, Zúñiga, Velez, Mosquera, Ferreira, Achico, Falcao, Grisales. Pinto da motivos para que su selección recupere su fe.

Chile: Es pura ilusión. Y el optimismo es un jugador fundamental. La derrota con Argentina la borró enseguida caminándole en el lomo a Perú. A lo largo de la eliminatoria va a ser un equipo bien parado, con muchas obsesiones y presiones. Tiene lo más importante del fútbol: un conductor Matías Fernández, un volante Arturo Vidal (que hizo una jugada de fútbol sobrenatural) y cuenta con un gran goleador, Humberto Suazo. Sin embargo, Chile es un remake de viejas selecciones más que algo nuevo y distinto. Chile es un equipo que antes de empezar a perder la pelota, empieza a perder la fe. Se está cargando en las espaldas de Bielsa demasiada responsabilidad. Se espera que el técnico argentino logre la anhelada profesionalización de los jugadores chilenos. Y se busca que Bielsa construya y fortalezca los tres pilares del fútbol: actitud, concentración y continuidad. ¿Lo logrará?

Venezuela: Tiene razón el DT Paez: posee el mejor equipo de su historia. Venció a Ecuador con un meteorito de José Manuel Rey y compuso un buen primer tiempo frente a Argentina. Venezuela cuenta con una cultura deportiva y una ingeniería competitiva que potencia su proyecto futbolístico. Sin lugar a dudas se trata de una selección que futbolísticamente ha crecido demasiado. ¿Le alcanzará para llegar al Mundial Sudáfrica?

Ecuador: Está pagando el precio de la falta de recambio. No está más el gran Tin Delgado, falta Kaviedes, tiene un grave problema de arqueros, están maduros ciertos referentes históricos como Hurtado y de La Cruz. La va a luchar, porque hay temple y oficio, aunque se le va a hacer difícil esta vez. Parece que el proceso que nació con Drusan Draskovic, que adquirió norte y contenido con Francisco Maturana, que se operativizó con Hernán Darío Gómez y que cosechó resultados con Luis Fernando Suárez se está cerrando. Esa mezcla tan eficaz entre el orden europeo, la garra paraguaya, la técnica brasilera, más la morfología fisiológica colombiana, entre otros ingredientes como la mística del estadio de Quito, fueron los moldes para instaurar el proceso más interesante del fútbol sudamericano que llevó a Ecuador dos veces seguidas a un Mundial y a pasar, cómodamente, en el Mundial de Alemania a octavos de final. En estas dos fechas Ecuador ofreció poco, muy poco. Sus volantes no ofrecieron toques, por el contrario brindaron un concierto de pases improductivos, poca rotación, nada de velocidad, nada de contención, alguito de buena voluntad, más algunas pinceladas de Tenorio y eso es todo. Con Brasil Ecuador mostró su rostro más débil, tanto así que se asemejaba en extremo a lo ofrecido por Bolivia en Montevideo.

Perú: Se pinchó en dos fechas. Todo el entusiasmo previo se derrumbó en dos partidos. Y esta
vez no es por el mentado exitismo del público. Es que no se le vio nada, ni una puntita de fútbol, de garra, de funcionamiento. Muy pobre. Tiene jugadores tallados para el roce internacional, pero con eso sólo no basta. Cuenta con un arquero interesante como Butrón. Desborda con Galliquio y Vargas y apuesta en exceso a la guapeza de la Foquita Farfán. Repite vicios. Por ejemplo, en Lima Solano era poco buscado, en Santiago ni se lo percibió. Y se abusó de los desbordes laterales que se perdieron en el siempre inútil pelotazo. Otra falla, en los dos partidos, Pizarro retrocedía cada minuto del partido hasta terminar como un pobre volante, por supuesto nunca dañó, ni con un rasguño, a sus rivales. Después del partido con Chile se desencadenó una serie de trifulcas en los camerinos que excedieron los códigos del hermetismo que impone el fútbol...

Bolivia: El sustantivo “eliminatoria” es un término bastante perverso para selecciones como la boliviana que no ofrecen nada que convierta al fútbol en un deporte competitivo. Por el juego ofrecido por Bolivia en estas dos fechas de antemano cae en el escalafón de los eliminados. No parece una selección, se asemeja más a un combinado de jugadores medios. Clasificar para nuestra selección suena a una empresa demasiado desproporcionada para el material con el que se cuenta. En una sucesión de absurdos la selección boliviana tiene todos los pretextos para justificar sus fracasos. No se deja de hablar de las causas que impiden el éxito de la selección boliviana. Ahí va una: la terquedad para armar un alboroto con cualquier excusa. A dos fechas de la Eliminatoria y Bolivia ya se aventó al barranco de la derrota sempiterna...

3 comentarios:

Carola dijo...

Muy completo el balance. Además que está muy bien escrito. Felicidades.

lapalabraesferica dijo...

Gracias por el comentario. Si lo has leído completo tengo que darte un premio. La extensiòn/expansión del texto espanta a los lectores. Pero el fútbol se merece algo más que un balance periodístico...

Nuevamente gracias...

gabriel dijo...

Querido Cristian, hacemos aguas tambien los que nos hemos divorciado del futbol, y vamos al estadio a nunca alcanzar en la cola de la ranga. Sin embargo estos textos lucidos tuyos se remontan mas alla de la culinaria curvasuriana, y van a donde en verdad debe vivir el sueño del futbol: en la esperanza.