jueves, 4 de septiembre de 2008

¿El resultado nada más?

La prolongada ausencia del redactor del blog se debió a un hastío múltiple y en diversos niveles. Hastío no del fútbol, sino un profundo hastío de las lacras que lo rodean. Trabajada y disimulada esta crisis este blog nuevamente retoma esta incansable aventura de otorgarle a la palabra las virtudes lúdicas e inasibles de un balón. Como parte fundamental de esta terapia para combatir el hastío futbolero revisité un antiguo texto del gran Angel Capa.

¿El resultado nada más?


El fútbol es pasión cuando nos levanta de la tribuna y nos obliga a gritar con los pulmones, con los ojos, mostrando los dientes crispados y los puños apretados. Es razón porque procuramos entender hasta el último suspiro del delantero centro que debió hacer esto en lugar de lo otro, y del marcador central que falló porque dejó de hacer aquello.
El fútbol es eficacia porque todos queremos ganar, jugamos para ganar y si ganamos nos sentimos afirmados, contentos, seguros y si perdemos es como si hubiéramos perdido un pedazo del alma, como si algo irreparable nos hubiera sucedido. Cuando ganamos el mundo entero es más feliz y la gente parece más buena. Si perdemos hasa los dioses parecen estar en contra nuestra y la maldad que nos rodea es irremediable.
El fútbol es ciencia cuando medimos los esfuerzos, calculamos al milímetro el fuera de juego y dibujamos fórmulas en las pizarras anticipando el partido que puede ser y programamos relevos y coberturas y organizamos el pressing.
El fútbol es arte cuando alguien domina la pelota que venía endiablada, rebelde y se queda dormida y dispuesta en el empeine de su pie derecho, cuando el atrevimiento de la picardía inventa un caño donde pasaba ni el aire, cuando el engaña mira hacia un lado para fabricar la sorpresa en el otro, cuando la velocidad frena de golpe y los rivales pasan de largo y la lentitud acelera imprevistamente y deja parados a los rivales mirando el asombro.
El fútbol es arte también cuando el marcador adivina el pase y se queda con la pelota y con la íntima satisfacción de saber que al delantero se lo puso en el bolsillo, cuando el arquero achica los ángulos y los balones no pueden atravesarlo de ninguna manera.
El fútbol es arte cuando dos tiran una pared para que seis no los vean ni pasar, cuando uno decide montarse en la gambeta para pasearse por toda la cancha y sacudir las redes y el corazón de la gente.
El fútbol es inexplicable cuando es gol.
El fútbol es realidad cuando termina el partido y volvemos a casa llenos de sonrisas o lágrimas.
El fútbol es orgullo cuando los jugadores de nuestro equipo defienden todo lo que sentimos. Es miserable cuando los manipuladores de emociones se empeñan en suprimirlas en función de la rentabilidad.
El fútbol es insignificante cuando escuchamos que lo único importante es ganar, porque nos sentimos estúpidos y no sabemos qué hacer con nuestra fantasía.
El fútbol no tiene sentido cuando lo quieren convertir en puro negocio.
El fútbol es hermoso cuando nos sentimos juntos en una misma camiseta, cuando defendemos con amor lo que somos, cuando rozamos la felicidad, cuando jugamos.
El fútbol es sudor, esfuerzo, dignidad. Y es horrible cuando los jugadores se olvidan de jugar porque lo único importante son los puntos. En fin, el fútbol es tantas cosas…
¿Cómo es posible que quieran reducirlo al resultado?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una banda de corazones futboleros es la banda con la que sueña. Una banda capaz de convertirse en pandilla cuando sea necesario. Una banda de siete porque ese es mi número, aunque venere el 10 en el verde césped. Una banda de semejantes kilates con oro de Coro Coro podríamos armar: Murillo, Alex Sintek que llega a Bolivia a cantar --lo secuestramos y lo metemos a trabajar en en el ángulo superior derecho del tercer piso del Palacio Quemado-- Igor Centellas, Oscar Sanz el Peli Rojas y este servidor...y armamos un lindo libro de unas cuantas conversaciones que grabaríamos para la radio. Qué tal? Llámame estimado Cristhian al 730 50717 y de una vez armamos la cosa, para contrarrestar el putrefacto mundillo dirigencial que ha terminado de hacer añicos lo poco que nos quedaba de fútbol en Bolivia.