domingo, 16 de septiembre de 2007

Nuestra sempiterna obligación de perder















Esta semana el sombrío fútbol de nuestra selección puso en escena un episodio más de nuestra sempiterna obligación de perder. Nuevamente irrumpieron los oscuros y temibles fantasmas de la derrota. Lo raro y lo preocupante es que los bolivianos sostenemos una relación bastante cómoda con la derrota. Es como si tuviéramos una extraña capacidad para saborearla y no para transformar el perverso orden en que habitualmente nos subsume. Sin embargo, “el problema aquí no es perder, sino lo que uno hace con la derrota”. La idea no pertenece a ningún prócer latinoamericano, pertenece a Jorge Francisco Valdano.


Para los comprometidos con el fútbol boliviano la sesuda idea de Valdano debería funcionar como una brújula para bregar por las aguas tormentosas de la derrota. Es más, como una sentencia asumida en nuestra cotidianidad tan compleja y matizada por los constantes tropezones competitivos. Y es que el fútbol boliviano –desde la selección nacional con todas sus subs, los clubes de la liga, más los del campeonato del Simón Bolívar y en sí todos aquellos que conforman el amateurismo– viven en un ambiente perdedor, pero este constante declinar no genera, no produce, simplemente nos hipnotiza y no nos permite generar cambios y diseñar estructuras deportivas coherentes que aspiren a la transformación deportiva. Y, para precisar esta constatación, habrá que connotar el hecho de que ese ambiente derrotista no surge por mera espontaneidad, sino por fallas estructurales que cada vez ostentan más resquicios y fisuras desde donde se trasluce la desorganización, la falta de convencimiento, la carencia de iniciativas y de ideas, la poca oferta pedagógica en cuanto a formación deportiva, los pocos espacios donde se piense y se genere cultura deportiva.


Desde el apoteósico y añorado 19 de septiembre de 1993 Bolivia no consiguió absolutamente nada, más que un modesto e irrelevante segundo puesto en la Copa América de 1997. En este desolador clima futbolero y dentro del pragmatismo del fútbol la regla manda: si no ganaste perdiste. Aquí es donde surge una primera conjetura. En términos genéricos Bolivia no consiguió más que derrotas, de mayor y menor intensidad, ya sea con clubes de la Liga en campeonatos de la Conmebol o en los torneos FIFA. Bajo las huellas de este razonamiento, el fútbol boliviano no aprovechó la experiencia, la sabiduría, el aprendizaje que proporciona la derrota. La derrota produce. Produce experiencia, produce ideas, produce nuevos caminos, produce sensibilidades. Instaura utopías. Instaura el deseo de reivindicar un nuevo orden. Ya lo decía René Zavaleta: “la crisis y la derrota son fuentes generadoras para desear el cambio. Son dispositivos para la irrupción de un nuevo orden”.


El fútbol boliviano al no aprender de la derrota, consagró un sistema estructural cínico para afianzar el fracaso y hacer de él una cotidianidad. Y esto es fácilmente palpable en la planificación amorfa para el trabajo de la selección mayor, en la poca capacidad de incentivar la configuración de políticas deportivas, en la imposibilidad de mirar e interpretar la complejidad agónica que gira domingo a domingo en nuestro decadente fútbol local. Los andamiajes institucionales del fútbol boliviano son impermeables a la pegajosa sustancia de la derrota.


El perfil institucional del fútbol boliviano no es generador de configuraciones estructurales y orgánicas coherentes con nuestras complejas realidades futboleras. Vivimos en un corto plazismo totalmente conformista y, a estás alturas, bien consolidado. Hacer un rastreo sistemático para comprobar esta idea no haría más que afianzar y deprimir más la mediocridad del perfil institucional de este nuestro alicaído fútbol. Vivimos dentro de la imposibilidad de la planificación. Para añadir más complejidad a la lectura: la institución del fútbol boliviano es una síntesis de la comunidad inoperante que arroja a este país a las fauces de la mediocridad más desoladora.


La derrota del miércoles en el Perú debe generar un plus. En este contexto, es urgente revisar las metodologías y el estilo con las que afronta el reto de seleccionador el “profesor” Erwin Sánchez. La derrota tiene que convertirse en un motor de búsqueda para desear y al mismo tiempo perseguir objetivos ambiciosos y modestos (valga la contradicción). Para escapar del profundo espiral de la derrota no hay otro camino que no sea el de aprender del error, de la debacle. En otras palabras, para los bolivianos no debería ser penoso perder, sino no aprender de esa derrota con el fin de instaurar un camino alternativo al que traza la asfixia de la derrota. Todo proyecto futbolístico en Bolivia, si aspira a ser realizable y evitar, como dice Terry Eagleton, que nos enfermemos con deseos imposibles, tiene que basarse en las tensiones y posibilidades que ofrece la derrota.

4 comentarios:

Andrés dijo...

Algo que no dices en este tu post ni en el anterior es que todos los que se jactan de hablar de las musas del fútbol bonito son ahora los que le exigen a Sánchez invadir el centro del juego de PICAPIEDRAS. Ya que en ellos reace la responsabilidad de contener las arremetidas de los equipos contrarios. Sánchez fiel a su inexperiencia fue a Perú creyendo ciegamente en su equipo. Y así es el fútbol, en cancha se dio cuenta que estaba dirigiendo a Bolivia. Así que su planteamiento agresivo, fue diluido, pulverizado por los peruanos. De ahí a creer que estamos perdidos es una exageración. El periodismo deportivo es nefasto, destructivo, como dices en tu texto fomenta deseos imposibles. Y bien sabemos que en el fútbol las promesas se las pagan, incluso con cabezas de jugadores, técnicos y dirigentes.

Saludos Christian.
Andrés

lapalabraesferica dijo...

Andrés, nuestra selección no posee muchas variantes de juego creativo. Es difícil que un jugador marque la diferencia. El único referente en ese sentido es Jhasmani, con eso te digo todo. A la selección no le podemos exigir que juegue bonito, porque no somos Brasil, ni Argentina. A la selección se le tienen que exigir resultados. Y para ello el medio campo es central.

Ahora, lo que yo intento decir en el texto es que tenemos que aprender de nuestras derrotas. POrque hasta el momento no lo hemos hecho. Sí, no lo hemos hecho. POr el contrario, mantenemos con ella una relación cómoda (como digo en el texto).

Gracias por seguir el blog.

Christian.

Sergio Quevedo dijo...

Christian: Hace unas buenas semanas atras, vi una entrvista que le hicieron a nuestro amigo Felix Berdeja. Nose si la pudiste ver, en fin, me impresiono mucho lo que dijo. Cabe aclarar que fue luego de su salida del Tigre. Felix parecia molesto con la actitud de los jugadores bolivianos de fútbol, en especial con los del Tigre (y creo que los demas no se salvan) por dos razones:

Señalo que el jugador de fútbol en Bolivia es flojo. Los clubes apenas trabajan un solo turno que dura ´máximo 3 horas y no dos turnos como lo hacen en otras partes del mundo. El profe incluso mencionó que cuando trató de imponer doble turno en en Tigre, jugadores y DIRIGENTES se opusieron a la idea. Ahora bien yo me pregunto como es esto posible?.

La seguna razon que menzionó fue probablemente la mas dura y mas realista. El jugador de futbol boliviano no cree en grande. A que se refiere el profe, el jugador tiene un mentalidad de inferioridad a la hora de jugar partidos.Ningun jugador boliviano pone sus aspiraciones es metas grandes, metas que con trabajo, visualizacion, esfuerzo se pueden conseguir; puso de ejemplo como meta a visualizar una futura incorporacion de un jugador boliviano al Chelsea. ¿Por que no?

Me parecio interesante lo que dijo Felix y si lo añadimos con tus sabias palabras Christian, tenemos el gran panorama a la problematica del futbol boliviano.
Aprender de los errores ¿Cuantas veces nos dijeron eso en el colegio?

Un saludo querido profe

ser

lapalabraesferica dijo...

Estimado Sergio, gracias por insertar tu comentario. COmo siempre un lujo. Félix Berdeja es uno de los mejores profesores de fútbol que tiene este país. Es una lástima lo que le ha pasado en el TIgre.
Nuevamente gracias, Sergio. Tenemos que re-establecer contacto.