miércoles, 21 de enero de 2009

Costumbres dirigenciales

Mientras la dirigencia liguera del fútbol profesional boliviano siga vendiendo espuma o su equivalente: la mentirosa idea de conformar equipos competitivos no hacen más que profundizar esta espiral de mediocridad que vuelve con más fuerza y reiteradamente de manera cíclica en cada inicio de temporada. Y es que la élite dirigencial boliviana tiene sus manías y sus mañas, “virtudes” que se heredan de generación en generación. La tradición cuenta que en esta época del año la dirigencia en comparsa juega su pequeño partido que se reduce a participar siempre de manera minúscula (por no decir invisible), precaria, insuficiente y con altos grados de improvisación y mendicidad en ese monstruo que se llama mercado futbolero. Habrá que subrayar que los dirigentes ligueros bolivianos se contentan con contratar los residuos que defeca el monstruo del mercado futbolero. Y es que sólo a eso alcanza la potencia de sus ideas a mendigar una limosna del mercado. Con estas menudencias la dirigencia alimenta su imaginario, su ego o lo que ellos nombran demagógicamente como su “proyecto”. Por ejemplo, con un colombiano consagrado en cancha y un argentino de nombre creen haber demostrado que son sujetos que saben de fútbol. Lo interesante es que los dirigentes consideran que con esta insuficiente argamasa deportiva es posible vender a la hinchada el brebaje de la ilusión de tener un equipo competitivo, con soltura argumentativa creen haber incorporado a su ecuación deportiva el ingrediente que faltaba, los “refuerzos” ideales para encarar las vicisitudes de la “competencia”. Pero esta tarea de mendigar del mercado futbolero es tan sólo una faceta, apenas un costado de las labores dirigenciales la otra se asemeja a una decadente batalla. Batalla en la que los pocos billetitos de unos se enfrentan a las de otros. Batalla que no hace más que potenciar el amarillismo de la prensa deportiva y saciar el vicio de las enormes audiencias futboleras por consumir una prensa deportiva chatarra. Pero volvamos a la descripción de la batalla. Con unas chistosas espaditas de dinero los dirigentes escenifican en código de parodia la vorágine del juego de pases y contratos del fútbol moderno. Empeñados en demostrar quién es el más fuerte o el que más sabe de fútbol. Perdidos en este jueguito inútil, en esta impresentable parodia los dirigentes criollos del fútbol boliviano reproducen sin vergüenza alguna la actual subordinación absoluta de la organización deportiva a la voluntad del poder económico. Demostrando con esta acción la devaluada posibilidad que tienen de intervenir en la construcción de otra realidad futbolera, deportiva. Y esta generalización cubre a todos los dirigentes del futbol nacional desde los más "meritorios" que por un conjunto de azares nos llevaron a una copa del mundo hasta los dirigentes cooperativistas mineros llegados al fútbol que al parecer todavía no se dan por enterados que el precio de los minerales está de bajada. En esta decadente granja futbolera nacional los dirigentes mueven a los jugadores de una cochera a otra, así es fácil que éstos muten sin ningún escrúpulo del amarillo negro al celeste (o viceversa), del celeste al verde (o viceversa), del celeste a la roja (o viceversa) y así… En esta pequeña granja los dirigentes juegan: declaran, especulan, prometen, venden, hablan, ostentan, aparecen y desaparecen de los medios, dicen lo que no es y lo hacen pasar por cierto y este es su jueguito, el amague permanente. Con estito tejen su motosa herramienta de poder. Pero de poder al fin. Como los viejos partidos políticos del neoliberalismo la dirigencia sólo abre sus puertas para que sus hijos ingresen y hereden este hábito de la “gestión” deportiva, también las abren a sus amigos y sobre todo a algún mecenas dispuesto a vaciar una parte de sus arcas en las débiles economías de los clubes, pero se las cierra totalmente a aquellos que no cumplan estos tres requisitos (obvio). Dibujada parcialmente esta descripción sobre las actitudes y aptitudes dirigenciales bolivianas lo único que brota de este contexto es la frustración. Es muy difícil imaginar la instauración de otras formas de concebir la gestión deportiva. Más difícil aún desterrar esa nuestra odiosa costumbre de amar la derrota. Con certeza la élite dirigencial mientras sueña con ganar la Copa Libertadores en los hechos no hace más que transitar en un fango circular, inventa proyectos de barro, pero eso sí venden el brebaje de la ilusión de tener un “equipo competitivo”. Con todo esto participar en la “emoción y la pasión que convoca el fútbol”, ¿acaso no se trata de celebrar la mentira, la ilusión que tejen los dirigentes mediados por la mediocre prensa deportiva? Es por eso que el redactor de este blog ha optado por el repliegue, para evitar el asco… Adiós futboleros, afinen sus vísceras que la cochinada futbolera cada año se pudre más…

Foto: La Palabra Esférica

domingo, 18 de enero de 2009

Hasta que la arbitrariedad lo decida...

Arbitraria fue la irrupción de este blog, también arbitraria es su repliegue... Hasta pronto lectores de La Palabra Esférica la coyuntura del fútbol terminó por asfixiarme...

viernes, 16 de enero de 2009

Ritmos

Si los jugadores encarnaran la música, serían melodías plenamente identificables en el pentagrama del campo. La felicidad en la disposición de un genio como Messi, ¿no nos recuerda acaso esas melodías de alegría radiante que musicalizan cintas de final feliz? ¿No representa Ronaldinho el desenfado sonoro de una samba? ¿Un jugador como Beckham, convertido en un mercado ambulante, no traduce acaso la música chillout que ambienta esos impresionantes malls fríos y postmodernos?¿El ritmo que lleva a las canchas un jugador como Riquelme, tan introvertido y genial, no se parece acaso a esos tangos perdurables, sin letra -como le gustaban a Borges- que resuenan en los mórbidos galpones como parte de la naturaleza? Los jugadores tienen ritmo. Sin embargo, lo principal es establecer el cambio de ese ritmo en función de un planteamiento táctico que funciona como las partituras de una sinfonía nunca definitiva. Las ligas del mundo, al menos las más famosas, también funcionan con una muy reconocible identidad ritmica a la que los jugadores se adaptan.La Liga Premiere, por ejemplo, no admite parsimonias ni especulaciones, no deja que los jugadores sasonen sus razonamientos dentro de la cancha y se despliega con la vertinginosa voluntad de un tormenta o un tornado. Su música futbolística es lun solo pianístico ejecutado con virtuosismo inapelable. La Liga Española, en cambio, parece ese jazz donde lo sorprendente traza un mecanismo de recomposición rítmica sobre la marcha. El Barcelona por eso es una Big Band: como las orquestas fundacionales (Count Basie, Louis Armstrong, Cab Callaway) surte de talento el orbe, de sus raíces se desprenden esos solistas (Messi, Iniesta, Hleb, Xavi, Etoo, Henry) que funcionan solos y como parte de un conjunto.

Daesu