jueves, 18 de octubre de 2007

Mensajes emitidos de un proceso que hace aguas


El partido con la selección Colombia emitió distintos mensajes rescato algunos:

Que César Verdúguez es en la cancha el equivalente de lo que es Erwin Sánchez al borde de la línea de cal, un inexperto.

Que Mojica carece de rodaje futbolístico detalle que pronuncia su basta colección de inconsistencias desparramadas en el Siles y que su presencia en la cancha no responde a sus antiguas potencialidades, sino al capricho del DT Sánchez y al de su cerebro táctico: Aragonés. Mojica ni pinchó, ni cortó: su presencia fue intrascendente e hizo que la máquina creativa de la selección se atore.

Que la selección boliviana cumple con ese lugar común del fútbol que señala que los equipos se parecen en exceso a sus entrenadores. En ese sentido es posible concluir que la selección es un amorfo conjunto futbolístico invadido por una intermitente serie de vacilaciones, víctima de explosiones constantes de irregularidad, un grupo deshilachado, invertebrado y desnorteado clan de once medrosos hombres de casacas verdes.

Que Arce es un exquisito jugador proclive tanto a la pirotecnia como al exceso (a veces inútil) de técnica. Tiene una manía por entretenerse en los costados y esta parece ser una debilidad no trabajada por el DT y el Cuerpo Técnico. Es un gusto verlo jugar. Bajo el imperio de mis limitaciones sostengo que se trata del mejor jugador boliviano en la actualidad. Ojalá el nuevo técnico del Corinthians le abra la puerta a la cancha.

Que la selección configura un entramado futbolístico tácticamente imposible de descifrar no tanto por el modo en el que los jugadores de Sánchez irrumpen en el gramado y disponen los espacios, sino por el escaso fútbol que articulan y sobre todo por la alta inoperancia a la hora de encender la mecha creativa que implosiona el cerco defensivo del rival y marca la diferencia.

Que Galarza parece no soltarse del péndulo que lo lleva de un extremo al otro: del miserable desastre a la vanagloria del héroe.

Que el déficit de funcionamiento de la selección es un reto casi imposible de vencer por parte del DT Sánchez y de su Cuerpo Técnico.

Que Raldes posee una jerarquía consolidada en esa escuela futbolera que es la ciudad de Rosario; sin embargo, es muy permeable al contagio de las fisuras emocionales de la selección, detalle que se traduce en errores ingenuos. Además arastra desde el partido con Racing en Avellaneda un ligero desgarro que no termina de explicitarse, pese a eso Raldes posee el talento para subirse al podio de los mejores centrales del fútbol doméstico argentino.

La selección está demandando con urgencia y a raudales respuestas del DT que por ahora no sabe dar y en una mezcla de pragmatismo y sinverguenzura se oculta en la soberbia y en esa manía por subestimar al periodismo deportivo.

Que Santos Amador demostró ser un central con virtudes destacables. Parece, como Galarza, que está atado al vaivén del péndulo: de villano a héroe. Sin embargo, ayer jugó bajo el guión de un Milito o un Puyol (no exageró, eh).

Que el partido de ayer por la tarde ya permite encarar una evaluación descarnada del primer año de gestión del DT Sánchez que rápidamente se la puede sintetizar en una palabra: decadente.

Que Gaty Ribeiro tiene un potencial creativo y un horizonte de fútbol tan amplio que sus virtudes gratamente nos recuerdan al Gaty del Bolívar de la Sudamericana 2002. En el conjunto de jugadores de estas eliminatorias, Gaty está en la bolsa de los jugadores diferentes. Nunca abandonó sus obligaciones de marca y fue el que encendió la mecha creativa de la selección. Posee la nervadura y el horizonte de un crack.

Que el DT posee una extraña habilidad para mostrar su soberbia y sus límites. Cada vez que Sánchez vierte declaraciones a la prensa cada una de sus palabras enunciadas devienen en feroces pelotazos en contra donde siempre queda mal parado.

Que Limberg Gutiérrez pese a la displicencia que es su marca de estilo, demostró que casi a los 30 años es un jugador indispensable. Provee a la selección de su única herramienta ofensiva: el tiro de media distancia. Aunque habrá que precisar que ayer en la tarde Limberg tuvo herido el rifle, pero lo sustituyó con una inédita versión de un Bomba Obrero.

Que ya sin reflejos al borde de la línea de cal y abrazado a un discurso que subestima cualquier intento de verbalizar y analizar las imposibilidades futbolísticas del equipo que dirige, Sánchez está preparando un cóctel de razones que hacen insostenible su proceso que valga decir carece de brújula, de carisma y lo que es más grave de objetivos y métodos.

Que Lito Reyes despierta la melancolía de los antiguos cincos. No se trata de un Gago, ni de un Macherano, ni del antiguo Emerson se asemeja más a la fuerza de Makelele. El abecedario con el que lee el juego lo aprendió en las Villas paceñas, a puro golpe, tragando nubes de tierra y en medio de la piedra y el cascajo. Sus herramientas de albañilería lo distinguen. No la pierde una y las lucha todas. Además que es una manija virtuosa para salir jugando. Sí, juega al límite y ayer no midió sus excesos, ya que el DT Sánchez optó por dejarlo solo en el centro de la cancha. Es que en el abecedario de Lito la letra C de cagón no existe. Y en Montevideo sus dotes de albañil de la contención pucha que hicieron falta.

Que la selección Bolivia es un grupo emocionalmente herido. Un equipo herido de las dos alas. Quebradas alas que lo subsumen a la tradición de ser los últimos de siempre.

Que Jhasmani Campos desata cualquier nudo que se instaure en el centro de la cancha. Tiene una ductilidad creativa, pero carece de coraje y de armazón corporal para transformarse en un jugador diferente. Ayer tuvo errores dentro y fuera de la cancha: dentro, fue impreciso en los pases y uno de ellos casi termina en gol; fuera: señaló como un gauchito que en el primer tiempo se estaba ahogando, ¿acaso Jhasmani no viene a la altura (paceña, cochabambina, orureña, sucrense, potosina) por lo menos una vez por semana?

Que Aragonés y el Papi Vaca entraron de polizones a este “proyecto”. Mediante el caballito de Troya de la Gerencia Técnica Aragonés tiene entre las manos una nueva oportunidad. ¿En la historia del fútbol boliviano habrá algún técnico que pese a sus sistemáticos fracasos tuvo tantas oportunidades?

Que Andaveris posee la brújula para jugar sin balón. Es decir, funciona como el 9 referente de área que molesta y perjudica el trabajo de los centrales. Su función era la de arrastrar marcas. Pero, ojo con el pero, la pelota a Augusto le despierta un conflicto existencial y le provoca un descalabro futbolístico que se concreta en la impotencia golera del yungueño.

Que tanto hinchas como periodistas y dirigentes contamos con una habilidad asombrosa para discutir y analizar las ramas, nos encanta saborear los frutos, pero hay un temor y poco audacia para analizar las podridas raíces del fútbol boliviano. Además de carecer de esa audacia, también se carece de instrumentos analíticos, de políticas concretas que imaginen la construcción de la ansiada columna vertebral no sólo del fútbol, sino de una cultura deportiva.

Que el ingreso de Joselito no vertebró el medio campo, ni asumió la responsabilidad de administrar el potencial creativo de la selección. Que el Chaqueño Gutierrez entró en un momento demasiado intrincado. A esa altura del partido, Colombia ya construyó dos murallas de cuatro hombres cada una, imposibles de acceder. Que Cabrera se perdió en el laberinto del área custodiado por un tridente asombroso: el arquero Agustín Julio y los dos centrales Moreno y Mosquera.

Que en el fútbol boliviano resulta casi imposible privarse del exquisito arte de culpar. En este contexto es inevitable no dejarse tentar por buscar al Chivo expiatorio de turno. En Bolivia cada miseria futbolística tiene su respectivo dueño. Y ayer en la nublada tarde del Siles los espectadores que son el coro del espectáculo futbolístico emitieron una muestra del estado de la opinión respecto a este actual proceso: “¡Fuera Sánchez! ¡Fuera Sánchez!”.


Fuentes foto:
-La primera Internet
-La segunda La Prensa, suplemento Acción

domingo, 14 de octubre de 2007

El círculo

Extrañamente la cancha del mítico Centenario tenía trazadas una serie de esferas circulares. Parecía una alusión subliminal a nuestra estructura futbolística circular. El 7 de septiembre de 2003 Bolivia perdió 5 a 0 con Uruguay en el bautizo hacia la Copa Mundial Alemania 2006. El 13 de octubre de 2007 Bolivia perdió 5 a 0 con Uruguay en el bautizo hacia la Copa Mundial Sudáfrica 2010. Lo interesante y trágico es que nuestra historia futbolística se repite tal como si giráramos en una perversa trama circular, pero como ya no la podemos repetir dentro de las coordenadas de lo trágico, la repetimos en clave de parodia. Lo que vimos ayer en la tarde montevideana fue una parodia.

Hay tanto que decir, pero a la vez tampoco que este post se ahorrará la tarea de verbalizar la parodia del 13 de octubre. Sin embargo, no puedo dejar pasar unos cuantos datos. Ni bien acabado el partido nuestra torpe comunidad periodística ya estaba afilando las hachas y poniéndose las camisas de leñadores para acabar con el escaso capital futbolístico de los once de Sánchez. Los periodistas gobiernan en el corto plazo, lo controlan, lo administran y sobre él ejercen su poder. En su balance corto placista los chivos expiatorios de este desastre son los jugadores que dejaron de entrenar para preocuparse por satisfacer sus arcas con verdes. “Amigos de la prensa”, como dice el Presidente, el 7 de septiembre de 2003 Bolivia perdió 5 a 0 con Uruguay, el único jugador que encaró ese partido y el de ayer fue Miguel Ángel Hoyos. Uruguay repitió cuatro: Diego Forlán, Carlos Bueno, Regueiro, Vicente Sánchez. Bolivia renovó casi en su totalidad su cantera de jugadores.

Bolivia atraviesa una crisis deportiva, educativa demasiado profunda. Si se quiere transformar este horizonte secuestrado por la derrota, no se trata simplemente de potenciar la alicaída Liga profesional, ni de fortalecer la inexistencia de “divisiones inferiores”, ni de traer a un técnico con un currículo demoledor, el problema es mucho, pero mucho más complejo.

En nuestra comunidad a nadie le interesa el deporte. Obviamente hay una serie de dirigentes que atan y desatan la intrincada burocracia del fútbol, pero este lío del fútbol excede sus capacidades y sus competencias. Para desandar este camino de derrotas no queda más que tomar en serio a la educación y el deporte. Y no concentremos responsabilidades en un par de funcionarios. Es decir, no nos desliguemos de responsabilidad de este desastre. Democraticemos las responsabilidades: desde el Presidente de la República, pasando por sus Ministros de área, más los Prefectos (incluidos los prefectos que manejan fortunas), las alcaldías, los vecinos, los profesores, los profesores de educación física (hagan algo ¡Por favor!), las autoridades de Clubes, los dirigentes, el presidendete de la FBF, de la ANF, los deportistas, en fin... El deporte y la educación es tarea de todos, responsabilidad de todos y responde a una ingeniería humana y a un conjunto variado de políticas, de variables, de prácticas, de saberes, de condiciones, de retos, de oportunidades.


En Bolivia se exigen resultados pero nadie trabaja para alcanzarlos. Una muestra de ello es rastrear lo que ha hecho la FBF para erradicar nuestra cómoda costumbre de perder. Ese rastreó muestra que lo único que se hizo fue cambiar al presidente de la FBF y conseguir un nuevo DT. Eso es todo. Para trascender de nuestra estructura futbolística circular que nos condena a la ceguera de la derrota con urgencia tenemos que descubrir nuestra cuota de responsabilidad, desde el lugar donde estemos.

sábado, 13 de octubre de 2007

Linchamiento futbolero

El sentido común boliviano parece no soportar que un futbolista exija el equitativo pago de sus haberes. Y el periodismo deportivo que vive del fútbol y no en el fútbol, en coro ha potenciado la orientación de este odio. Algunos con más matices que otros apuntaron a los jugadores y en menor medida a los dirigentes como los responsables de este bochorno salarial-gremial. La figura es clara: los jugadores seleccionados exigían concretar y comprometer con la dirigencia un escalafón salarial, más el pago de premios o bonos por objetivos cumplidos a corto y largo plazo. La dirigencia arrebatada no estaba de acuerdo con las sumas sugeridas y al parecer recién vislumbró el peso del costo de la convocatoria de 30 jugadores. Al parecer para la FBF es imposible sostener el caro costo del proyecto del técnico Sánchez (me refiero al experimento de trabajar con dos selecciones: una aclimatada a la escasez de aire de la alta montaña y otra acostumbrada a los rigores de la deshidratación del llano y la costa).

La posición de este redactor de blog pretende ser diáfana. El jugador boliviano es producto de la generación espontánea. En Bolivia hacer deporte es un mérito de motivación individual y no un producto/acción que devenga de un proyecto educativo colectivo. El deporte en Bolivia se reduce a una práctica recreativa, a una mecánica trivial para saciar el ocio, o se trata de un instrumento de catarsis del estrés o una mal conducida práctica que lo único que pretende es modelar la vanidad de los cuerpos. En síntesis: en la escala de valores sociales el deporte es una mera recreación de los cuerpos sanos, no es un acto educativo. Educación no entendida bajo los términos tergiversados de la educación escolarizada en la que la educación física es una práctica carcomida por lo inútil donde se pretende consolidar un par de técnicas deportivas o una máquina de tortura de los cuerpo flácidos. Tampoco en el sentido católico donde la educación física se expresaba como una disciplina que controlaba los excesos del cuerpo y donde hombres y mujeres se comunicaban con sus osamentas en ámbitos separados y bajo la lógica del tabú. Me refiero a educación en el sentido de fortalecer una cadena de valores. Educación en el sentido de construir en su práctica un sentido profundo de pertenencia a un proyecto colectivo. Educación en el sentido de transformar el deporte en un instrumento de indagación de los complejos meandros que constituyen la subjetivad del ser. Educación en el sentido de que el deporte es una práctica imaginaria donde los deseos disputan el territorio de la esperanza y de las utopías. Educación en el sentido de aprender de la derrota. Educación para resignificar esa feroz palabra: la competencia.

Hace 13 años que Xabier Azkargorta hablaba de la escasa profesionalización del fútbol boliviano. Hoy seguimos habitando en ese lamento. Peor aún, las pocas condiciones que existían han cumplido su ciclo o se han extinguido por mútiples factores. Al extremo que sólo el oriente boliviano y más específicamente el departamento de Santa Cruz se ha transformado, con un sin fin de falencias y limitaciones, en la única cantera de jugadores. El resto de las regiones atraviesan una de las peores anemias futbolísticas. Y este dato detrás suyo oculta un angustiante panorama porque demuestra que las diversas condiciones que deben posibilitar la formación de atletas son inexistentes. Cochabamba que era la región que aportaba al deporte boliviano con atletas admirables (no sólo en Bolivia) como Vladimir Soria, hoy su aporte es menor que el del Norte de La Paz... Los jugadores que llegan a tropezones o por casualidad al fútbol “profesional” boliviano son sujetos dignos de medalla y de cualquier podio que mida los esfuerzos. Son sujetos que han atravesado un laberinto caótico invadido de mediocres monstruos obstaculizadores. Sujetos que han amagado a las carencias que carcomen cualquier motivación. Sujetos que han convivido con la indiferencia de una comunidad a la que no le importa el deporte... Por más que estos “profesionales” del fútbol destruyan a la brevedad sus carreras, por más que estos sujetos hagan del fútbol una mera práctica mercantil, por más que no sientan ni la mínima chispa por esta comunidad fragmentada, por más que derrochen ingenuos sus sueldos en importadoras de autos, por más que hagan gala de una variedad de inconsistencias formativas, por mas impertinente que haya resultado su estrategia de presión faltando horas para el debut eliminatorio, son sujetos admirables, luchadores frente al poder de la nada. Hijos de la generación espontánea. Es decir, son futbolistas que han nacido del chume y no de un proyecto deportivo.

La FBF en un acto demagógico y en complicidad con los medios en un par de días incentivaron un linchamiento a los jugadores, vulnerando su capital de credibilidad simplemente por haber exigido el justo pago de sus haberes. ¿O es que tanto dirigentes como periodistas consideran que los jugadores que llegan a la selección no deben recibir remuneración alguna? La Federación debería hacer los esfuerzos suficientes no sólo para pagar a estos atletas que provienen de la nada, sino sobre todo para imaginar los destinos del fútbol (tarea imposible para estos Jerarcas del fútbol). Entendiendo que el fútbol es ante todas las cosas un acto educativo.

jueves, 11 de octubre de 2007

Las cortapisas del DT Sánchez

Dentro de la bolsa de valores que el fútbol boliviano ostenta al “profesor” Erwin Sánchez el periodismo (los cancerberos de la opinión pública) le ha otorgado el valor colonial de ser el boliviano que más conoce la modernidad del fútbol europeo. Sin embargo, el “profe” Sánchez da muestras de pertenecer a un mundo futbolístico mucho más provinciano y cantonal. Una prueba de ello es su constante preocupación por la protección –casi obsesiva– de ciertos “secretos” futbolísticos de la selección nacional. De ahí también proviene su manía paranoica por los entrenamientos “a puertas cerradas”. O sus esquivas declaraciones –escasas en espesor verbal– que no hacen más que expresar, además del laconismo del Técnico, su manía por enredar al fútbol de falsas intrigas.

Luego de escuchar sus declaraciones en el borde del Tahuichi no me pude contener en la redacción de este post. Un periodista cruceño, al que no llegué a reconocer, le pregunta al DT: “¿Qué sabe de Uruguay?”. El profe Sánchez fiel al cansino ritmo en el que procesa sus ideas se toma el tiempo que considera suficiente y lentamente responde: “Muy poco... No como ellos que gracias a ustedes saben todo de nosotros. Todos tenemos que tirar la carroza para el mismo lado. Pero parece que no es así. El otro día un colega tuyo me comentó que los colombianos también saben todo lo que estamos haciendo. Y eso no es ayuda. Nosotros si queremos sorprender al rival no podemos porque ya todo se sabe”. El anacrónico razonamiento del profesor Sánchez proviene de otro mundo futbolístico. Un mundo futbolístico silente. Un mundo futbolística que gira en el vértice de la pelota de trapo. Un mundo futbolítico sin cámaras que construyan, que potencien y que multipliquen los contenidos que desplaza la pelota. Un mundo futbolístico ajeno al constante asedio periodístico. Un mundo futbolístico lejano del espectáculo.

El fútbol de hoy está atravesado por la vorágine de la información. No hay detalle futbolístico que no sea procesado y desmenuzado por los sujetos que componen el abigarrado mundo mediático del fútbol. El fútbol de hoy se juega más fuera de la cancha, en sets televisivos, en salas de prensa, al borde de los gramados, en interacciones de multimedia, delante de los micrófonos, en las graderías... Un ejemplo del fútbol actual es el Barcelona. El mundo mediático del fútbol sabe que se trata de un equipo de juego predecible, pero esta condición (casi mecánica) le permite instaurar una multiplicidad infinita de variantes ofensivas con las que se hace cada vez más incontenible para sus rivales. Por más oscurantismo y misterio que quiera incorporarle el DT Rijkaard a sus declaraciones, sus rivales saben a la perfección como el holandés arma a sus equipos, las funciones, las obsesiones del colectivo de jugadores, las libertades e incluso los límites que posee cada jugador azulgrana y, por supuesto, intuyen la sendas de la cartografía (poética) en la que se trazan los circuitos futbolísticas que desplaza el equipo catalán. Pese a todo ese saber el Barcelona, por ahora, es incontenible para los rivales y es un constante referente para pensar e imaginar el fútbol actual. En ese sentido, el profe Sánchez por más hermético y misterioso que sea o pretenda serlo no podrá darle demasiadas vueltas de tuerca al juego de nuestra selección. De ante mano se sabe o se tiene la sospecha sobre los lineamientos generales sobre el cómo jugará Bolivia en Uruguay. Es predecible: jugará con dos ajustadas líneas de cuatro, más dos hombres en punta con fuertes obligaciones de marca. Estas líneas ordenarán su juego sobre la obligación (o sobre el fundamentalismo) de la marca y la presión. En La Paz la selección Bolivia ostentará otras generalidades futbolísticas: fútbol vertical, veloz, vertiginoso, obsesivo en remates, excesivo en desbordes por izquierda y por derecha, centros... El patrón para ordenar el juego en La Paz será la velocidad para literalmente asfixiar al rival.

Por tanto, los misterios del profe Sánchez, su apetito por el suspenso y la intriga, sus sistemáticas coerciones a la prensa, desde la miope mirada de este redactor de blog, no solamente son innecesarias e inútiles, sino que son importantes gestos que sintetizan la actitud torpe, abusiva y atropelladora del DT. Sánchez confunde las causas con el efecto a tal extremo que considera que es el periodismo el responsable de la bulla que se está generando en el continente a partir de su decisión de no traer a la altura a un selecto grupo de jugadores bolivianos, con el filoso argumento de potenciar su rendimiento. ¿Son los periodistas los responsables de esta decisión y de su masiva repercusión?

Por otra parte, Sánchez no hace más que proporcionar al periodismo deportivo boliviano una serie de dispositivos-cortapisas instaurando con esta práctica un estilo comunicacional vertical y poco (por no decir nada) democrático. El DT Sánchez sugiere entre líneas que el periodismo se límite de preguntar, de informar; y también entre líneas sugiere que se comunique sólo aquello que el Cuerpo Técnico desea. Frente a todo esto: usted, caro lector, se preguntará si la FBF cuenta con un equipo comunicacional que trace ciertas líneas operacionales. La respuesta es simple. Sí, la FBF cuenta con un equipo comunicacional pero éste se encuentra repartido entre Facetas deportivas y la Sala de Prensa del Deber Deportivo. Y ellos están concentrados en desacreditar sutil y al mismo tiempo de manera torpe el fútbol en la altura...

miércoles, 10 de octubre de 2007

La altura y las decisiones del Cuerpo Técnico

Desde junio de este año que la altura de occidente presiona tenazmente a la compleja geopolítica del fútbol boliviano. En un contexto político donde pesan en exceso los sentidos de pertenencia ya sea a lo regional o a lo étnico, el fútbol boliviano recoge esa tensión que a dos días del difícil debut de la selección se plasma en una paradoja.

Caro lector, ¿a qué me refiero con una paradoja? Desde el discurso tanto la Federación Boliviana de Fútbol como el Gobierno Boliviano han emprendido una lucha descarnada por la inquebrantable defensa del fútbol en la altura. Desde los hechos el Cuerpo Técnico de la Selección ha optado por ejecutar un experimento (“con respaldo científico”, según Carlos Aragonés) para evitar los efectos de la altura en el pequeño grupo de jugadores bolivianos que brindan su irregular fútbol en distintas canchas suramericanas y europeas.

¿Dónde está la paradoja?, dirá usted. Estamos dando la razón al médico de la selección Argentina, el doctor Madero (impulsor de la proscripción del fútbol en la altura). El Comité Médico de la FIFA en junio de este año y con asesoría del doctor Madero y su colega del Brasil, señaló que el problema de la competencia en la altura es la aclimatación y que para una eliminatoria en la que los tiempos cortos son los que predominan ningún atleta podrá aclimatarse a ella, detalle que repercutirá en su salud. Bajo está lógica el Comité concluía que Bolivia al jugar en la altura obtiene evidentes ventajas deportivas, por tanto el accionar deportivo boliviano va en contra del Fair play.

Más allá de evaluar la acertada o equivocada decisión del Cuerpo Técnico, es importante subrayar que tanto Erwin Sánchez como Aragonés inyectaron inconsistencia a la inquebrantable defensa del fútbol en la altura; ya que sobre la base de un supuesto criterio “científico” mandan preocupantes señales a nuestros rivales del continente ya que ni los jugadores bolivianos (cruceños todos ellos) no pueden aclimatarse a la altura. En otras palabras, sutilmente nuestro Cuerpo Técnico (con un profundo espíritu de fakir) está dando la razón al Comité Medico FIFA. Reconozcámoslo, jugar en la altura proporciona un plus innegable. La altura existe. Sin embargo, ese plus debe ser protegido por todos los bolivianos, no sólo por los que hemos nacido en la montaña. ¿A qué me refiero con la apelación de ese término paternalista? A que se deben cuidar ciertas formas en el delicado trato con el fútbol en la altura. La altura es fundamental en la composición de nuestra topografía, pero para el fútbol boliviano es más que una ventaja es UN PATRIMONIO. A 3400 metros sobre el nivel del mar hemos conseguido los principales galardones del fútbol boliviano. Y si la Federación Boliviana de Fútbol ha decidido jugar en ella debe asumir la responsabilidad de ejercer coherencia y respeto. Porque no es coherente actuar con dos posiciones a la vez; posiciones que se superponen, que se chocan, que se contradicen. No es coherente, por un lado, defender el fútbol en la altura con un sinfín de argumentos y de estrategias, por otro, no es coherente que llegado el momento de la competencia el propio Cuerpo Técnico de la selección se convierta en el principal devaluador de los criterios de la defensa.

Sí, caro lector, me dirá que lo hecho por el Cuerpo Técnico es lo que se tenía que hacer. Los jugadores que vienen del llano y de la costa sufren los rigores del sorojche. Me dirá que es una tortura para sus físicos eso de subirlos a la altura, para más tarde bajarlos y finalmente obligarlos a trepar, avíón mediante, la alta montaña hasta llegar al Miraflorino Siles. Sí, puede que la decisión de Sánchez-Aragonés sea acertada o no, pero desde un punto de vista político-deportivo, desde la difícil defensa del tema de la altura lo que provoca es un contrasentido. Contrasentido al que la FIFA, presumo, debe ver con buenos ojos.

En el inicio de este post afirmaba que la altura de occidente presiona tenazmente a la compleja geopolítica del fútbol boliviano. También afirmaba que en el actual contexto político donde pesan en exceso los sentidos de pertenencia ya sea a lo regional o a lo étnico el fútbol boliviano toma partido hacia los dos horizonte: el regional y el étnico.

Para hablar exclusivamente del peso de lo regional sabemos que el Fútbol Boliviano está conducido desde el oriente boliviano: el presidente de la ANF es cruceño, el presidente de Fabol es cruceño, el presidente de la FBF es cruceño, el gerente de la FBF es cruceño, el viceministro de deportes es cruceño, los principales miembros de los distintos tribunales de justicia deportiva son cruceños y, por último, los responsables de comunicación de la FBF son cruceños. Y el peso de lo regional no termina ahí. Para el periódico El Deber la defensa del fútbol en la altura no es un asunto primordial, menos un patrimonio del fútbol boliviano que hay que preservar y fortalecer. Por el contrario, es un obstáculo para los intereses regionales. No se cansan de subrayar sutilmente ese otro contrasentido que articula el fútbol boliviano: Santa Cruz cuenta con toda una burocracia dirigencial que administra la totalidad de la estructura del fútbol boliviano; sin embargo, no son la sede de la principal competencia de la selección: la eliminatoria. Desde las páginas deportivas del Deber entre columnistas, periodistas y médicos deportivos han asumido un compromiso ambiguo en el tratamiento de la altura y el fútbol. La sala de prensa deportiva parece apuntar a desacreditar y a relativizar la importancia de la defensa de la altura. Los ejemplos son infinitos basta leer con cierta frecuencia el suplemento deportivo del Deber, pero sobre todo esta semana ya que el asunto de la altura y el experimento del Cuerpo Técnico de la selección ha potenciado a estas voces que entre líneas y explícitamente en los textos que producen no dejan de incentivar el exterminio de la práctica del fútbol internacional en la altura paceña.

Desde una mirada profundamente paranoica e invadida de susceptibilidades y sospechas presumo que la decisión del Cuerpo Técnico de fragmentar en dos grupos a la selección no es gratuita. Primero, es una decisión profundamente irrespetuosa e ingenua con la defensa de la altura. Segundo, es una decisión que responde a la compleja trama geopolítica de intereses que componen el fútbol boliviano. Tercero, en la decisión tomada es posible palpar un extraño sentido de inseguridad en el Cuerpo Técnico, a ratos da la sensación que para ellos jugar en la altura es un evidente perjuicio, pero en otros momentos dan señales que hay que aprovechar su innegable plus. Sobre esta ambigüedad ya empezaron a tomar decisiones: ojalá no se equivoquen... Y, por encima de estos detalles, ojalá que gané la selección boliviana.

sábado, 6 de octubre de 2007

Peripecias del Ave Fénix Celeste (en tres episodios)

Siempre que un político, en este caso un político del deporte (del fútbol), se arroja a la desenfrenada peregrinación por distintos medios no hace más que despertar una enorme cantidad de sospechas. Valga como aclaración que estos episodios de incontenible verborrea generalmente son antecedidos de un inquebrantable hermetismo impregnado de un silencio de claustro en el cual es fácil rastrear el vuelo también peregrino de una mosca (Rrrrrrr). El Doctor Cuéllar, Jefe de los designios y de las esperanzas del Club Bolívar desde el 99, decidió el jueves al medio día quebrar su antigua estrategia que optaba por el mutismo, también quebró el cerco hermético que le contenía, desechó los pudores del silencio y optó por el uso, siempre político, de la palabra y de los medios.

El círculo
Hábil, el Doctor demostró datos irrebatibles. Entre ellos, que durante la gestión Cuéllar el Bolívar salió campeón 6 veces en 18 campeonatos, lo que le hace acreedor del 33 por ciento de éxitos, le sigue Oriente Petrolero con 3 campeonatos (será la perversidad de las casualidades o una muestra del precario estado de nuestro fútbol que en esta gestión ambos clubes atraviesan un desplome institucional que todavía no percibe fondo). Cuéllar explicitó los caudales económicos que ingresaron al Club y también describió los aluviones de salida del dinero. Don Mauro detalló hasta los costos de los viajes y como un ingeniero civil mostró las fisuras del dique Bolivarista que es evidente que no pudo retener esos altos montos de dinero y menos hacerlos reproducir por el bien de los destinos futboleros Celestes. Una de esas fisuras que el licenciado presidente se ocupó de evidenciar fue el fin de los “pases”, que fue también el fin de los dueños de futbolistas y, lo más grave, el fin de un modo de gerenciar el patrimonio de los Clubes. El Club Bolívar según Cuéllar fue el que más sufrió el cambio de esta estructura jurídica-económica que marcaba la propiedad casi esclavista de los jugadores. Pero las declaraciones de Cuéllar fueron tan abundantes que estuvieron más cerca de la retórica demagógica política que de una evidente muestra del debilitado estado del Club. Y en el medio de esa suma de declaraciones fue fácil palpar los manotazos de ahogado.

A modo de pinceladas rescato algunas ideas, por ejemplo, esa que busca trozar el Gran Centro Bolívar (de la 17 obrajes) en tres parcelas o pedacitos (en otras palabras optar por el minifundio como salida a la crisis) y sobre ellas montar el futuro económico Bolivarista. ¿Cómo? Fácil. En una de las tres parcelas, según Cuéllar, se debe construir una infraestructura para posteriormente venderla, el otro pedacito debe ser mantenido para la administración del Club, y la última, bajo una mentalidad rentista, alquilarla para que el club Celeste viva de los alquileres. ¿Cómo se puede evaluar esta aventura gerencial del Doctor Cuéllar? ¿Se trata de creatividad empresarial? ¿O es un mero ejercicio de ingenuidad? ¿O será que Cuellar está aludiendo a las únicas líneas de sobrevivencia que tiene el Club Bolívar? ¿No habrán otras ideas para potenciar al Club con más campeonatos ligueros en su haber? Si las hay Cuéllar las desconoce.

En la ingeniería argumentativa del Doctor Cuéllar el dispositivo del cinismo es una pieza clave, tanto es así que marca en estos 8 años de gestión una impronta en el errabundo tránsito dirigencial Celeste. ¿A qué me refiero con cinismo? A la actitud del Doctor que recurre al eufemismo del ojo por ojo. Caro lector permítame describir esta lógica con ejemplos que provienen de la galería de argumentos marca Cuéllar. El Doctor recurre permanentemente al recuerdo y a la extraña e ilegal venta de predios Bolivaristas en Irpavi, a la antigua condición propietaria por parte de los Celestes de la gasolinera de la calle 17, a la casona de la calle Indaburo. Y señala que nunca nadie aclaró dónde fueron esos montos de dinero, ni tampoco nadie pidió explicaciones de las oscuras ventas y permutas de los respectivos predios. El Doctor entre líneas sugiere que el Bolívar siempre fue víctima de manejos oscuros. Así que hace un llamado implícito a la supuesta tradición Celeste donde todo queda obscurecido y enterrado por la bruma de la irregularidad y pide (ahí arroja el cinismo) a exdirigentes, expresidentes, hinchas y en general a toda la comunidad Celeste que sigan fieles a la tradición de no entrometerse con las operaciones putrefactas del Club. Algo así, como: "antes a nadie le preocupaba las irregularidades administrativas, ahora, ¿por qué les tiene que interesar?".

Y el segundo argumento cínico persigue el siguiente razonamiento. Note caro lector la estructura geométrica de un perfecto círculo vicioso. El Doctor recibió el año 99 al Club con una enorme deuda dentro de sus fauces, un conglomerado de procesos judiciales, impuestos jamás pagados, más un crónico desorden administrativo (en el Bolívar, según el Doctor, no existía contabilidad alguna, ni papelitos que demuestren los ingresos y los egresos), a este contexto habrá que añadirse una agónica pobreza de fútbol que se expresaba en la impotencia copera del Bolívar en los noventa. En síntesis, según el Doctor Cuellar recibió a un Bolívar profundamente deficitario, irregular, con un sin fin de procesos oscuros. Pero, aquí va la paradoja: pasados estos 8 años el Doctor Cuellar legará al próximo directorio un Club con las mismas características que el 99 (Claro, con el “mérito” (¿?) de un Subcampeonato en la Sudamericana del 2004). Caro Lector Celeste, ¿acaso no se trata de un perfecto trazo de un círculo vicioso que mata y asfixia a nuestras utopías futboleras?


La Divina Comedia Celeste
Sí, el fútbol boliviano es una Divina Comedia (con los respectivos respetos que se merece la obra del gran Aligieri).

El Infierno
El día miércoles dos días después de la irreversible eliminación Bolivarista del hexagonal el conglomerado inexistente de dirigentes que pilotean la barcaza Celeste remitieron una carta a sus jugadores en la que sutilmente se los amenaza de no pagarles todos sus haberes comprometidos, bajo el pretexto de no haber cumplido con los resultados que el club les exigía. La carta puede ser interpretada como el último lamento del actual directorio Bolivarista, como la última ofensa a su maltratada hueste de jugadores. La carta cifraba el infierno celeste.

El Purgatorio
El jueves el Doctor Cuéllar en un exagerado ejercicio de verborragia futbolera salió a los medios a encarar la lucha política por los destinos celestes, a expurgar sus demonios. Pero valga introducir este comentario. En una actitud sospechosa y en sus respectivos programas Gonzalo Cobo, Juan Pastén y el visible Padre Eduardo Pérez preguntaron a Cuellar todo lo que él quería que le pregunten. Es decir, propiciaron un terreno periodístico armónico, sin intermitencia alguna, ni pregunta impertinente que moleste al Doctor que se mostró como una víctima y un héroe de la dirigencia futbolera boliviana. Sin embargo, Gonzalo Cobo abrió la línea telefónica y fue su audiencia la que pinchó inteligentemente con preguntas al hábil Doctor. Pero nadie preguntó al Doctor sobre el desatino de la abusiva carta de su directorio remitida a su grupo de jugadores. Tampoco nadie preguntó sobre los atropellos sistemáticos a los jugadores (el caso Pachi, por ejemplo). Ni de las irregularidades médicas que siempre son poco importantes en el momento de evaluar una gestión deportiva. ¿Recuerda caro lector la lesión de Gati Ribeiro? ¿Recuerda como actuó el Doctor Cuellar? Ahora, ¿qué pasa con Lito “Hacha” Reyes? ¿No se trata del mismo caso? Un jugador que fue víctima de negligencia médica. Pero este es un tema que se merece un otro post. Volvamos al Doctor Cuellar que, ahora sí, quiere ser fiel al estatuto Celeste para “terminar” su gestión en diciembre de 2008. Es evidente, don Mauro sale a la plataforma de los medios para proteger y blindar las bastas zonas oscuras de su gestión y tiene toda la ayuda de ciertos periodistas y medios que saben medir los límites de su indagación.

El Paraíso
Ayer viernes al medio día el Tribunal Superior de Penas de la FBF institucionalizó para el club Bolívar la figura del Ave Fénix. Falló a favor del Bolívar de tal manera que los Celestes son los subcampeones del apertura; por tanto, tienen la oportunidad de jugar con el subcampeón del clausura el pase al tercer lugar de la Copa Libertadores de América, si pierden ese partido como premio consuelo recibirán una plaza para la Copa Sudamericana. El paraíso. El destino parece ser nuevamente Celeste. Inegenuo me pregunto: ¿con la aparición de este fallo qué pasará con el agresivo tenor de la carta del miércoles? ¿Los improvisados miembros del directorio, entre ellos el doctor Aranibar, borrará con el codito lo que escribió con la mano? Por lo menos, ¿los miembros del directorio de Cuéllar se disculparán con los jugadores? ¿Llamarán por fin a Sandy? ¿Cómo diablos volverán a los entrenamientos? Cuentan que muchos de los jugadores firmaron contratos en los que se estipulaba que si el equipo era eliminado el vínculo legal era anulado. Pero, luego del bendito fallo este contexto de debacle puede dejar de lado la melancolía y subirse al barco de la esperanza. Todavía hay mucho que ver...

La conjura de los necios
Este largo Post arrancó bajo el mando de una sospecha. Siempre que un político, en este caso un político del deporte (del fútbol), se arroja a la desenfrenada peregrinación por distintos medios no hace más que despertar una enorme cantidad de sospechas. ¿Por qué Cuellar se sumerge en este desenfreno? ¿Por qué despierta tantas sospechas? Por un detalle que alborota la pasividad del directorio Celeste. El lunes antiguos dirigentes (Iturralde, Zuleta, Loayza, y un potentado de apellido Claure, entre otros) organizarán una asamblea para rearticular ideas y vías alternativas a la crisis Celeste. Pero también se reunirán para presionar al directorio Celeste que no termina de hundirse. El actual directorio sabe que tiene una enorme sombra alargada por encima de sus espaldas. Una sombra vigilante que pretende proyectar urgentes transformaciones en el Club. Para decirlo en una oración estas transformaciones: quieren desprender del Club un brazo financiero comercial que se vertebre con la participación de accionistas que acopien dineros y transparenten el manejo económico de la institución bajo lo estipulado en el Código de Comercio Boliviano; por otra parte, mantener la figura jurídica del Club que será el brazo que administrará los designios deportivos.

Si observáramos el electrocardiograma de todos los Clubes del fútbol “profesional” boliviano es fácil palpar el diagnóstico de riesgo cardíaco latente. El momento menos pensado todos nuestros clubes de Liga, uno detrás de otro, pueden sufrir un fulminante paro financiero y administrativo con carácter irreversible. Todos los clubes, sin excepción, se reflejan y se reconocen en la debacle Celeste. Que tristemente sintetiza la evidente debacle del fútbol boliviano.

martes, 2 de octubre de 2007

¿Cuándo se jodió el fútbol boliviano?

Dentro del decálogo del fútbol boliviano el caos y la paradoja parecen ser las palabras que conducen su anómalo y mediocre funcionamiento. Parafraseando al destestable operador político mirista Oscar Eid valga perseguir las rutas de sentido que plantea esta pregunta: ¿Cuándo se jodió el fútbol boliviano? Y sin ceder al pántano de la duda este modesto redactor de blog agresivo apunta hacia las cabezas aneuronales de la élite dirigencial del fútbol. ¿Por qué ellos? Por una razón que se desploma por su carácter simple. Son los chivos expiatorios del archi conocido desastre del fútbol boliviano. En ellos se condensan y se concentran las sombras que oscurecen el pobre horizonte de nuestro mediocre fútbol; y también son ellos los que cínicamente se alimentan, como alimañas encorbatadas, de nuestras ingenuas esperanzas futboleras. Los dirigentes tuvieron y tienen entre sus odiosas manos el poder del fútbol boliviano y hacen de ese poder un mezquino recurso para satisfacer sus estrechos intereses.


Los dirigentes tuvieron y tienen la responsabilidad y la obligación de producir entramados reglamentarios que allanen y sobre todo transparenten el víacrucis de la competencia, sin embargo cada uno de sus trazados y de sus decisiones conllevan una fisura que los condena a la inconsistencia. A modo de preguntas planteo un ejemplo concreto que ilustra esta cotidiana práctica: ¿Cómo es posible que jugadores que pertenecían a la Asociación del Fútbol Boliviano, hace exactamente un año atrás, hayan sido mal habilitados o dudosamente habilidados para jugar en la Liga profesional? ¿Cómo es posible que gracias a este detalle se abra nuevamente la posibilidad del perverso tejemaneje chicanero de leguleyos que secuestran al fútbol de la cancha y lo transfieran al oscuro ámbito de la inequitativa cancha del Tribunal de Disciplina Deportiva de la Liga?

Los dirigentes del fútbol boliviano fueron y son incapaces de vertebrar un proyecto deportivo que potencie la alta competencia y que haga del fútbol una herramienta educativa. Y de esta aseveración no se salva nadie, ni el meritorio Guido Loayza, porque a estas alturas del ruedo de la Historia, luego de 13 años de una clasificación al Mundial, sobre el tapete se encuentran las variables que ayudan a entender los motivos y las causas de esa clasificación, una de ellas: las características del torneo. Se trataba de un torneo corto al que Bolivia arribó con un plus de trabajo (mérito de la dirigencia y del cuerpo técnico) y lo más importante con una renovada actitud que se tradujo en cancha en un sin fin de magia y de hazañas futboleras (mérito de la dirigencia y del cuerpo técnico). Pero, de esa hazaña y de ese manejo dirigencial no nos quedó ni las hilachas de la esperanza...


Y es que él fútbol boliviano es un complejo ámbito (una parte del todo) en el que podemos leer todas aquellas fracturas que nos suturan como país. El fútbol abre un resquicio para sentirnos como sujetos de un proyecto de comunidad inexistente. En el fútbol también es posible palpar nuestras más profundas imposibilidades, en otras palabras saborear la amargura de pertenecer a una comunidad de sujetos inoperantes y excluyentes que saben con precisión instaurar las suficientes estrategias para presagiar y habitar en el tropezón y en la apelación constante de la derrota. El fútbol boliviano posee infinitos escenarios para visualizar las taras que nublan nuestros más complejos deseos.

Pero, volvamos a la pregunta: ¿Cuándo se jodió el fútbol? Tal vez cuando Mario Mercado descubrió que el excedente de Inti Raymi podía potenciar su hobby de hincha y a la vez transformarse en una herramienta para atraer el poder. Tal vez todo se jodió cuando Rafael Mendoza regaló como buen mecenas el Complejo de Achumani y determinó el modo de actuar de una dirigencia que hace del mecenazgo una práctica que erosiona al fútbol. Tal vez cuando Oriente Petrolero por una maniobra dirigencial dejó de alimentarse de las arcas de YPFB. Tal vez el día que Guido Loayza dejaba la presidencia de la Federación en manos de descabezados dirigentes. Tal vez cuando Azkargorta nos recordaba la impronta, parafraseando a Hemingway, "se juega como se vive". ¿Cuándo se jodió el fútbol? Tal vez cuando al Maestro Agustín Ugarte se lo reconoció con una simple moto después de haber conseguido nuestro único título en la Copa América. Tal vez cuando la historia fundacional de nuestro fútbol, que es la historia del Oruro Royal formaba parte del realismo mágico más que del realismo futbolero. Tal vez cuando fuimos por una penosa invitación al Primer Mundial del 30. ¿Cuándo se jodió el fútbol? Tal vez cuando el Diablo Etecheverry se rompió los ligamentos de la esperanza en una cancha chilena. Tal vez en estos últimos 10 años exactamente desde el bendito día en el que Saavedra Banzer llegó a la cabeza del fútbol boliviano para cercenarla con ayuda de sus mediocres sucesores (el triste Asbún, el intrascendente Castedo y ese desorbitado del fútbol: Chávez, contratista del rasputín del fútbol: el doctor Víctor Hugo Pérez). ¿Cuándo se jodió el fútbol? Tal vez cuando Papi Numberg y Toto Arévalo transformaron al fútbol en un objeto de lucro, vaciándolo de toda posibilidad de contenido y sentido. Tal vez cuando el icono de la política pactada, el paladín del cuoteo, el medalla de oro en cruzar ríos de sangre, aseveró con voz de Tiro Loco y con aliento a aguardiente que “Bolivia es un país de ganadores”. ¿Cuándo se jodió el fútbol? Tal vez cuando el vasco Azkargorta orfebre de la actitud y de la mística de la selección 94 abandonó el premoderno barco del fútbol boliviano para, pragmático, abordar la modernidad y las certezas del millonario contexto del fútbol chileno. Tal vez el 23 agosto del 77, día en el que se declaró el nacimiento de la Liga del fútbol boliviano. Tal vez cuando el gran Chichi Romero ahogaba su inigualable talento maradoniano en las botellas de ron. Tal vez cuando descubrimos que para jugar de igual a igual con nuestros rivales del continente tenemos que atrincherarnos en la altura. Tal vez cuando Drusan Draskovic, el serbio que escapó a Ecuador para salvar sus sueños del monstruo de la desfragmentación que carcomía su inexistente país, llegó al Alto y descubrió como un Colón del fútbol que el soccer boliviano tiene todas las condiciones de competir de tú a tú, pero con los países de Centroamérica no con los de Sudamérica. Tal vez cuando la selección boliviana de fútbol pasó a ser la selección cruceña de fútbol (Pedido clamoroso: por favor no se lea esta aseveración simplemente en clave regional). ¿Cuándo se jodió el fútbol boliviano? Tal vez a partir de la incoherencia evidente de Real Potosí que hace unos tres meses atrás, fecha en la que ganó meritoriamente en cancha el campeonato apertura, era un defensor del fútbol ganado en cancha; y ahora, eliminado en cancha del hexagonal, ha optado por jugar con la chicanería de la impugnación.


Estimado lector, ¿cuándo se jodió el fútbol boliviano?