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domingo, 14 de octubre de 2007

El círculo

Extrañamente la cancha del mítico Centenario tenía trazadas una serie de esferas circulares. Parecía una alusión subliminal a nuestra estructura futbolística circular. El 7 de septiembre de 2003 Bolivia perdió 5 a 0 con Uruguay en el bautizo hacia la Copa Mundial Alemania 2006. El 13 de octubre de 2007 Bolivia perdió 5 a 0 con Uruguay en el bautizo hacia la Copa Mundial Sudáfrica 2010. Lo interesante y trágico es que nuestra historia futbolística se repite tal como si giráramos en una perversa trama circular, pero como ya no la podemos repetir dentro de las coordenadas de lo trágico, la repetimos en clave de parodia. Lo que vimos ayer en la tarde montevideana fue una parodia.

Hay tanto que decir, pero a la vez tampoco que este post se ahorrará la tarea de verbalizar la parodia del 13 de octubre. Sin embargo, no puedo dejar pasar unos cuantos datos. Ni bien acabado el partido nuestra torpe comunidad periodística ya estaba afilando las hachas y poniéndose las camisas de leñadores para acabar con el escaso capital futbolístico de los once de Sánchez. Los periodistas gobiernan en el corto plazo, lo controlan, lo administran y sobre él ejercen su poder. En su balance corto placista los chivos expiatorios de este desastre son los jugadores que dejaron de entrenar para preocuparse por satisfacer sus arcas con verdes. “Amigos de la prensa”, como dice el Presidente, el 7 de septiembre de 2003 Bolivia perdió 5 a 0 con Uruguay, el único jugador que encaró ese partido y el de ayer fue Miguel Ángel Hoyos. Uruguay repitió cuatro: Diego Forlán, Carlos Bueno, Regueiro, Vicente Sánchez. Bolivia renovó casi en su totalidad su cantera de jugadores.

Bolivia atraviesa una crisis deportiva, educativa demasiado profunda. Si se quiere transformar este horizonte secuestrado por la derrota, no se trata simplemente de potenciar la alicaída Liga profesional, ni de fortalecer la inexistencia de “divisiones inferiores”, ni de traer a un técnico con un currículo demoledor, el problema es mucho, pero mucho más complejo.

En nuestra comunidad a nadie le interesa el deporte. Obviamente hay una serie de dirigentes que atan y desatan la intrincada burocracia del fútbol, pero este lío del fútbol excede sus capacidades y sus competencias. Para desandar este camino de derrotas no queda más que tomar en serio a la educación y el deporte. Y no concentremos responsabilidades en un par de funcionarios. Es decir, no nos desliguemos de responsabilidad de este desastre. Democraticemos las responsabilidades: desde el Presidente de la República, pasando por sus Ministros de área, más los Prefectos (incluidos los prefectos que manejan fortunas), las alcaldías, los vecinos, los profesores, los profesores de educación física (hagan algo ¡Por favor!), las autoridades de Clubes, los dirigentes, el presidendete de la FBF, de la ANF, los deportistas, en fin... El deporte y la educación es tarea de todos, responsabilidad de todos y responde a una ingeniería humana y a un conjunto variado de políticas, de variables, de prácticas, de saberes, de condiciones, de retos, de oportunidades.


En Bolivia se exigen resultados pero nadie trabaja para alcanzarlos. Una muestra de ello es rastrear lo que ha hecho la FBF para erradicar nuestra cómoda costumbre de perder. Ese rastreó muestra que lo único que se hizo fue cambiar al presidente de la FBF y conseguir un nuevo DT. Eso es todo. Para trascender de nuestra estructura futbolística circular que nos condena a la ceguera de la derrota con urgencia tenemos que descubrir nuestra cuota de responsabilidad, desde el lugar donde estemos.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Nuestra sempiterna obligación de perder















Esta semana el sombrío fútbol de nuestra selección puso en escena un episodio más de nuestra sempiterna obligación de perder. Nuevamente irrumpieron los oscuros y temibles fantasmas de la derrota. Lo raro y lo preocupante es que los bolivianos sostenemos una relación bastante cómoda con la derrota. Es como si tuviéramos una extraña capacidad para saborearla y no para transformar el perverso orden en que habitualmente nos subsume. Sin embargo, “el problema aquí no es perder, sino lo que uno hace con la derrota”. La idea no pertenece a ningún prócer latinoamericano, pertenece a Jorge Francisco Valdano.


Para los comprometidos con el fútbol boliviano la sesuda idea de Valdano debería funcionar como una brújula para bregar por las aguas tormentosas de la derrota. Es más, como una sentencia asumida en nuestra cotidianidad tan compleja y matizada por los constantes tropezones competitivos. Y es que el fútbol boliviano –desde la selección nacional con todas sus subs, los clubes de la liga, más los del campeonato del Simón Bolívar y en sí todos aquellos que conforman el amateurismo– viven en un ambiente perdedor, pero este constante declinar no genera, no produce, simplemente nos hipnotiza y no nos permite generar cambios y diseñar estructuras deportivas coherentes que aspiren a la transformación deportiva. Y, para precisar esta constatación, habrá que connotar el hecho de que ese ambiente derrotista no surge por mera espontaneidad, sino por fallas estructurales que cada vez ostentan más resquicios y fisuras desde donde se trasluce la desorganización, la falta de convencimiento, la carencia de iniciativas y de ideas, la poca oferta pedagógica en cuanto a formación deportiva, los pocos espacios donde se piense y se genere cultura deportiva.


Desde el apoteósico y añorado 19 de septiembre de 1993 Bolivia no consiguió absolutamente nada, más que un modesto e irrelevante segundo puesto en la Copa América de 1997. En este desolador clima futbolero y dentro del pragmatismo del fútbol la regla manda: si no ganaste perdiste. Aquí es donde surge una primera conjetura. En términos genéricos Bolivia no consiguió más que derrotas, de mayor y menor intensidad, ya sea con clubes de la Liga en campeonatos de la Conmebol o en los torneos FIFA. Bajo las huellas de este razonamiento, el fútbol boliviano no aprovechó la experiencia, la sabiduría, el aprendizaje que proporciona la derrota. La derrota produce. Produce experiencia, produce ideas, produce nuevos caminos, produce sensibilidades. Instaura utopías. Instaura el deseo de reivindicar un nuevo orden. Ya lo decía René Zavaleta: “la crisis y la derrota son fuentes generadoras para desear el cambio. Son dispositivos para la irrupción de un nuevo orden”.


El fútbol boliviano al no aprender de la derrota, consagró un sistema estructural cínico para afianzar el fracaso y hacer de él una cotidianidad. Y esto es fácilmente palpable en la planificación amorfa para el trabajo de la selección mayor, en la poca capacidad de incentivar la configuración de políticas deportivas, en la imposibilidad de mirar e interpretar la complejidad agónica que gira domingo a domingo en nuestro decadente fútbol local. Los andamiajes institucionales del fútbol boliviano son impermeables a la pegajosa sustancia de la derrota.


El perfil institucional del fútbol boliviano no es generador de configuraciones estructurales y orgánicas coherentes con nuestras complejas realidades futboleras. Vivimos en un corto plazismo totalmente conformista y, a estás alturas, bien consolidado. Hacer un rastreo sistemático para comprobar esta idea no haría más que afianzar y deprimir más la mediocridad del perfil institucional de este nuestro alicaído fútbol. Vivimos dentro de la imposibilidad de la planificación. Para añadir más complejidad a la lectura: la institución del fútbol boliviano es una síntesis de la comunidad inoperante que arroja a este país a las fauces de la mediocridad más desoladora.


La derrota del miércoles en el Perú debe generar un plus. En este contexto, es urgente revisar las metodologías y el estilo con las que afronta el reto de seleccionador el “profesor” Erwin Sánchez. La derrota tiene que convertirse en un motor de búsqueda para desear y al mismo tiempo perseguir objetivos ambiciosos y modestos (valga la contradicción). Para escapar del profundo espiral de la derrota no hay otro camino que no sea el de aprender del error, de la debacle. En otras palabras, para los bolivianos no debería ser penoso perder, sino no aprender de esa derrota con el fin de instaurar un camino alternativo al que traza la asfixia de la derrota. Todo proyecto futbolístico en Bolivia, si aspira a ser realizable y evitar, como dice Terry Eagleton, que nos enfermemos con deseos imposibles, tiene que basarse en las tensiones y posibilidades que ofrece la derrota.

jueves, 5 de julio de 2007

Llorar y llorar... (Como cantan los mariachis)

A su arribo el técnico Erwin Sánchez esgrimió en pleno aeropuerto de Viru Viru (con música de mariachis de fondo) dos barbaridades extremas. La primera, instauró un precario ajuste de cuentas con la prensa deportiva, calificándolos de “injustos” por los criterios asumidos luego del pálido encuentro entre nuestra selección contra la de Uruguay, en medio de este reclamo de víctima herida perdedora dijo: “¿Acaso no se han fijado del desastroso arbitraje? Es que somos muy exitistas”.

La segunda barbaridad gira en la actitud de atrincheramiento del técnico bajo el argumento de que “nadie nos ha pasado por encima” (argumento que convoca a una vergüenza tal que hace arder la cara). ¿Qué esconden estos usos de la palabra del Técnico Sánchez? ¿A qué prensa interpela? ¿Qué pretende lograr con la exposición de ese par de absurdos comodines con los que los perdedores justifican sus inevitables derrotas? Sánchez nunca ocultó su enorme torpeza para manejar los argumentos, los justificativos, las tramas que explican y que supuestamente brindan insumos tanto para analizar los triunfos como para justificar las derrotas. Se podría decir que es una víctima de su ingenua franqueza. Pero en este uso de palabra el técnico Sánchez da pésimas señales, porque entre líneas da pautas de su lectura evaluativa de este fugas paso de la selección Bolivia en la Copa América. En estas “justificaciones” (vergonzosas por donde se las mire) se puede rastrear que es un técnico de objetivos minúsculos y lo que es peor parece estar entrampado en un nudo de mediocridades, de prejuicios, de mezquindades mentales. En otras palabras, da señales de ser un técnico menor, escaso de oficio (y valga este paréntesis para insertar este dato: no hace falta volver a ver los partidos de la selección Bolivia y releer la lista de convocados para darse cuenta que la marca de Aragonés se encuentra en el armado de la estructura futbolística).

El manejo mediático de la palabra es vital (y no sólo en el fútbol). Porque ni bien termina el partido, empiezan a rodar las palabras y con ellas Sánchez demuestra, una vez más, ser víctima de una insuficiencia alarmante. Su retórica es tan simple que en sus balbuceos lingüísticos ni analiza, ni justifica la derrota y lo que es peor no echa semillas en el equipo para que se instaure el remoto sueño de una posible clasificación a Sudáfrica; simplemente demuestra que sus objetivos son tan limitados como las estrechas posibilidades que ofrece nuestro escaso fútbol. Por tanto, no queda más que oír a los mariachis que recibieron en Viru Virua a la primer selección eliminada de la Copa América:

“Llorar y llorar, dirás que no me quicisite...Tatatatatta”.

martes, 3 de julio de 2007

¿Cómo construir un “Manual del perfecto perdedor” y no ganar en el intento?

-Las palabras eliminación de la selección boliviana dan paso a un lugar común, y éste al siguiente y al siguiente.

-Usted sólo debe ordenarlos, a su gusto por supuesto.

¿Listo?

Tiene ahora en sus manos el "Manual del perfecto perdedor...".

Muy pronto, y con algo de asombro verá que su reciente creación de lugares comunes será reproducida y amplificada por conductores de programas deportivos en radio y TV, por hinchas de toda laya, especialistas, aficionados y hasta por nuestro DT y jugadores de selección, incluso por columnistas de escasa letra. Entonces, se dará cuenta que la originalidad no es su fuerte.

Todo ha sido escrito, todo ha sido dicho sobre la sostenida obligación de perder de nuestra “querida” (otro lugar común) selección boliviana. El asunto es que llevamos años de años (unos más que otros) de verborrea futbolera...

Ninguno de nosotros (ni dirigentes, ni hinchas, ni futbolistas, ni directores técnicos, ni periodistas, ni autoridades, ni futboleros de cepa) queremos despertar de este círculo perverso de la derrota...


Digresión:

Tal vez, para salir de esta asfixiante derrota consuetudinaria valga un fragmento del gran César Vallejo:

“Un héroe no es el que sale a hacer la guerra, sino el que saca a pelear su pasión en contra de esa guerra”. [Imagen española de la muerte]


¿Los bolivianos tendremos pasión futbolera?

Más allá del fútbol: ¿Los bolivianos tendremos pasión?

¿Todavía tendremos motivos para inventarnos, entre todos, una modesta pasión?



Creo ingenuamente que somos unos hálitos verdes espumosos dispuestos en la cornisa a encender la hoguera.