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domingo, 7 de junio de 2009

Explicaciones mediocres...

Cuando irrumpe la derrota algún impulso lingüístico brota sobre todo en el fútbol y más aún en un fútbol mediocre y carente de ilusión y de norte como es el boliviano. Las explicaciones delirantes que detallan, que indagan, que explican, que deconstruyen, que persiguen y que juzgan la penosa derrota de la selección Bolivia frente a la venezolana (que para potenciar nuestra vergüenza es un seleccionado modesto de un modesto equipo llamado Deportivo Anzuategui) no hacen más que profundizar este inmenso pozo en el que no terminamos de caer año a año. A continuación, bajo un impulso anárquico más que interpretativo acopiaré aquellas “supuestas” explicaciones, las causas –para ser más prolijo– de este nuevo derrumbe futbolístico. Explicaciones mediocres que orbitan sin sentido alguno alrededor del Hernando Siles…


- Una de las explicaciones que más abunda y fluye de boca en boca es la del “poco tiempo” de preparación de nuestro limitado equipo. Venezuela se preparó durante más de un mes y la selección boliviana a penas sumó una semana de trabajo. Esta excusa fue ostentada por el Dt, por el capitán del equipo, por un dirigente, por una ex – estrella como es el diablo Etcheverry, entre otros. ¿Qué aporta esta explicación para “entender” o “comprender”, para reparar esta nueva derrota histórica? Nada. Para no ser tan absolutista habría que matizar que su aporte se esfuma rápidamente y que potencia nuestra mediocridad rutinaria. Son más de 20 años que el debate no trasciende la mediocridad de esta explicación…

- Otra de las explicaciones que se desplaza en los discursos supuestamente analíticos y rigurosos es la que apunta a la falta de profesionalidad del Dt. Sánchez. El estadium apelando a un mecanismo catártico, a algún catalizador de esta bendita bronca que designa la derrota en coro apeló al “¡Fuera Sánchez!”. La prensa, en especial ERBOL Deportes en su análisis, lo puso en la mira al Dt. Argumentando que no pudo replantear las vías y el ánimo futbolístico de un equipo que lo menos que tenía era ganas para remontar esa inmensa cuesta arriba que fue el partido frente a Venezuela. Nadie puede refutar que Sánchez carece del histrionismo necesario para representar un estilo de juego, de fútbol pero en descargo y en ataque del cruceño habrá que preguntarse: ¿qué condiciones para el trabajo se le ofrece al Dt? ¿Qué tipo de debate futbolero se instaura y cómo participa el Dt en él? ¿Qué respuestas futbolísticas aporta el Dt al debate futbolero? ¿Qué trabajo instaura Sánchez? ¿De qué proyecto habla o balbucea? ¿En qué fue determinante la presencia de Sánchez en este “proceso”? ¿Qué variables tácticas ofreció en su paso por la selección? ¿Qué entiende por largo plazo en el fútbol?

- Que la penosa tarde de Martins, el nuevito jugador de Werder Bremen, es otro lugar común para descubrir respuestas de la catástrofe. Primero, el penal errado dicen que fue el responsable de conducir a Bolivia hacia un túnel. Segundo, esa impotencia e imprecisión del 17 para tomar el balón y ofrecer una certeza a favor de Bolivia en el partido. Tercero su ingenua expulsión. El último partido jugado en competencia por Martins fue frente a Argentina el 1 de abril. ¿Con la escasa continuidad de la estrella del fútbol boliviano en el fútbol de elite es responsable de nuestra parte cargarle el peso del partido? ¿Quién podía asumir ese peso: el ausente Botero, Alex da Rosa (que de algún modo lo hizo), Menacha Cabrera, Abdón Reyes (que persiste en enredarse en su juego), el Nacho García, o Joselito Vaca? ¿Quién podía asumir el peso del partido más que Martins? Esa es una pregunta caliente en un equipo que con mucha facilidad oculta su coraje frente a las dificultades y se subsume a su fragilidad anímica…

Es en la incapacidad de hacernos preguntas sobre nuestra mediocridad sempiterna la que nos impide buscar las vías, las alternativas para, primero, tocar definitivamente el fondo del pozo y luego buscar las políticas deportivas-educativas que resuciten al cadáver conocido como fútbol boliviano. Mientras tanto el juego como el debate se enfanguen en los lugares comunes nuestro fútbol no saldrá de este péndulo maximalista que del hipnotismo inverosímil (la goleada frente a Argentina) nos traslade radical a la debacle (la derrota frente a la antigua cenicienta).
Fotos: El Deber

miércoles, 15 de octubre de 2008

Inocencia, ingenuidad e ineficiencia

La inocencia, la ingenuidad y la ineficiencia del fútbol boliviano se expresa en el triste empate frente a los uruguayos. Sostener un resultado es un asunto de jerarquía futbolística (jerarquía que coordinó los hilos y tomó cuerpo en el extraño empate frente a Brasil, en Río). Ayer, la selección boliviana careció de ese espesor anímico, físico y técnico para maniobrar el destino del partido que de a poco se pintaba aciago. Espesor que irrumpió a ratos frente a los peruanos, pero que fue suficiente para derrotarlos.

Frente a los uruguayos las cosas fueron distintas. En el segundo tiempo, la selección de Tabárez descubrió que por la banda izquierda Bolivia ofrecía una plataforma ideal para construir el gol. Optaron por esa senda y desde allí levantaron centros perfectos e inalcanzables para los agotados centrales de Bolivia. Abreu conquistó el empate con una facilidad indescriptible y abrió una sangría feroz por la cual se desangra nuevamente la autoestima y la bronca del eternamente débil fútbol boliviano.


El primer tiempo Bolivia estableció en cancha los argumentos de un fútbol que sin caer en la perfección, la arrogancia y el asombro demostraba tener los obreros, las herramientas y los insumos suficientes para ganar la gesta. Marcelo Martins quien además de ser un jugador que justifica su costó (14 millones de dólares), visualiza a la perfección los vacíos en esa estrechez que configuran los rivales, así metió el primero gol e intuyó la ruta del segundo. La virtud de Botero estuvo en desordenar y en angustiar a una defensa que siempre opta por la patada, el codazo, el empujón, el insulto y el escupitajo certero. La gasolina del Nacho García y de Walter Flores hizo que el motor del equipo garantice el equilibrio. Equilibrio que se quebró cuando los dos volantes, más Robles no les quedaba ni un miligramo de energía, el motor se detuvo y se inició el aluvión celeste. Sin embargo, de lejos lo más sobresaliente de Bolivia fue la fuerza de Abdón Reyes, su regate insaciable, su acto de fe de creer ciegamente en sus potencialidades hicieron de él un jugador abismalmente interesante, con instinto para domar la banda derecha, la brillantez futbolera del chapaco llegó hasta el punto que Tabárez en la conferencia de prensa no se cansó de mandarle piropos e insinuaciones a su excepcional fútbol.


El segundo tiempo Bolivia entró con la presión de administrar el resultado. Con menos fuerza en las piernas y, sobre todo, con el veneno de los nervios que enredaba la ductilidad de su fútbol (fútbol proclive al error permanente) fue desperdiciando uno tras otro goles y otorgando oportunidades que despertaron el temple mortífero uruguayo. La dupla Ramallo-Sánchez tardaron tanto para darle una vuelta tuerca al partido que cuando quisieron hacerlo los nietos de Obdulio Varela, el gran jefe charrúa, transformaron el juego de túnel que conduce a la nada en una meseta que les permite hacer más legible, aunque todavía de manera lejana y borrosa, los contornos de Sudáfrica.


¿Qué le queda a Bolivia? ¿Seguir transitando por el círculo estructural de las derrotas sempiternas? ¿Ceder una vez más a la demagogia dirigencia que nos condena a esta historia interminable de ser los últimos de siempre? En este enrredo, ¿por dónde empezamos a transformar ese destino de derrota? No lo sé... ¿Lo sabrán los dirigentes, los periodistas, los jugadores, los hinchas, los fanáticos? ¿Lo sabrán los transeúntes de este círculo que nos lleva al mismo lugar de siempre: la decepción?
Foto: Marcas, La Rázón

lunes, 8 de septiembre de 2008

La historia interminable...


Que el ciclista Horacio Gallardo en las olimpiadas de Beijing haya abandonado la competencia luego de haber liderado la misma por más de dos horas no despierta tanto ruido y ronchas como el significativo hecho de que la deshauciada selección boliviana de fútbol esté última en el tablero de posiciones de la Eliminatoria Sudamericana hacia el Mundial 2010. Casi en un consenso absoluto dirigentes, periodistas, directores técnicos, jugadores y toda clase de futboleros/as convocan a una palabra que al mismo tiempo que describe el desastre anticipa una pauta para encontrar la salida. La palabra es estructura. Esta palabra (que vendría hacer la clave y el factor común de todo análisis) viene envuelta generalmente en la siguiente oración: "El problema es que el fútbol boliviano carece de una estructura" (¿Alguien puede rebatir tal obviedad?). O tiene variaciones como la siguiente: "Hay que cambiar la estructura del fútbol boliviano". Lo interesante es que estas afirmaciones funcionan como una especie de deja vu (es decir, esto ya lo oí antes). Y sí, tengo 32 años y nací al fútbol oyendo estas conduntes afirmaciones sobre la estructura en todas sus versiones y en toda clase de circunstancias, sobre todo en situaciones apocalípticas como la que estamos atravesando.


Pero, me pregunto, ¿de qué hablamos los bolivianos cuando hablamos de estructura en el fútbol? Casi todos apuntan y al mismo tiempo reducen el término a un mero asunto de crisis de gerenciamiento; ya sea de gerenciamiento político administrativo en la federación o de gerenciamiento deportivo (el Dt y su cuerpo técnino). Sin embargo, es motivante rastrear en el conjunto de las opiniones el cerco en el que piensan al fútbol. Me explico. Opinan sobre fútbol asumiendo que esté se da fuera de una práctica cultural que se hereda y creen que es una práctica que se la ejerce dentro de una burbuja; por tanto, su rediseño tendría que concretárselo dentro de este estrecho marco. En ese sentido, surgen criterios que apuntan a que en Bolivia no hay estructura porque no hay escuelas de fútbol. O que no hay estructura porque los dirigentes fueron incapaces en la construcción de una ingeniería futbolística que garantice el éxito del fútbol boliviano en la alta competencia.


La crisis del fútbol boliviano nace desde la evaluación limitada que se hace de ella. El fútbol es una práctica cultural con un potencial simbólico ilimitado. De ahí deriva el fenómeno que despierta ya sea en su capacidad de convocatoria, en las pasiones que se juegan alrededor de una cancha, en las opiniones que genera. Y no es que el humilde redactor de este blog invalide o contradiga los criterios de que en Bolivia no existen proyectos formativos de fútbol o libere de responsabilidad a toda esa masa inoperante que se atrinchera en los círculos dirigenciales.
A lo que yo apunto es que para dar un radical golpe de timón a esta permanente crisis, a esta historia interminable de derrotas, tenemos que sacar al fútbol de esa esfera o burbuja estrecha. Tenemos una crisis deportiva congenita. El momento en que como comunidad reconozcamos que nuestra crisis futbolera trasciende lo formativo reducido al fútbol o lo gerencial daremos un paso importante.


La crisis futbolera nacional es fundamental contextualizarla dentro de un marco educativo y en una matriz más amplia. Y en ese ejercicio descubriremos que el deporte es una práctica que de a poco desaparece de los hábitos personales, familiares, sociales e institucionales. El deporte ha dejado de ser en la vida cotidiana una actividad fundamental y se constituye en parte de las actividades de entretenimiento. Desde los ámbitos de educación escolarizada el deporte sufre una serie de insuficiencias y tergiversaciones preocupantes. La educación física es un saber inexistente, precario por donde se lo mire. El deporte en los colegios bolivianos se asemeja a un trotecito torpe y ocioso, a un fuerte remate en un partido de marca marquita. Los profesores y profesoras de educación física carecen en su mayoría del sentido común que debe acompañar a un formador. En el territorio boliviano la educación escolarizada sufre una crisis de pauperización, obsolescencia. El baile (pero no entendido como parte de la expresión corporal sino como folklor) sustituye a los saberes vitales de un deportista. Y a la educación superior tampoco le interesa el deporte basta ver (en La Paz, por ejemplo) la precaria infraestructura deportiva de la UMSA o de la Universidad Católica.


En síntesis, el deporte para la comunidad boliviana exhibe dos extremos o es un asunto para privilegiados que pueden costar su práctica o es producto de la naturaleza, ya sea de la calle o del pajonal. Y esto es preocupante porque en ninguna de la instancias estatales el deporte cobra la trascendencia que debería tener. Por el contrario es una práctica improvisada, espontánea rodeada de buitres (o dirigentes la rima no es casual) que se alimentan de este azar que por llamarlo de algún modo recibe el nombre de deporte boliviano.

Por eso cuando hablamos de estructura la palabra también debería contemplar a la educación en todos sus ámbitos, a la salud en todos sus ámbitos, a la economía, a la infraestructura, a los hábitos que configuramos como sociedad, a la nutrición diaria, a las mañas que es urgente de desterrar de las prácticas dirigenciales. El deporte es una herramienta que potencia el sentido de pertenencia, que explora la diversidad de saberes humanos, reflexiona sobre el sentido de la palabra competencia. Y el problema es que en Bolivia los dirigentes deportivos, sobre todo los del fútbol “profesional”, no les interesa debatir e incidir en lo formativo dentro de una matriz más amplia. En su gran mayoría buscan, por todos los medios posibles y por la vía del corto plazo, que el fútbol boliviano esté a la altura del impresionante desarrollo del fútbol entendido como negocio, como generador de ingresos, como proveedor de entretenimiento para el espectador y el televidente. A eso apuesta los gestores del fútbol y frente a eso no hay proyectos alternativos. Este es el origen de la crisis deportiva que vivimos… Y es también la crisis que ostenta el debate, así como es la base de ese problema que reiteradamente nombramos como estructural…

En este contexto perder con Ecuador, ser últimos en la tabla de la eliminatoria, recibir una goleada con Brasil, o la destitución del Dt Sánchez son meras anécdotas que sirven de insumo para reavivar permanentemente el show mediático que instauran los medios…

lunes, 16 de junio de 2008

Esta nuestra odiosa costumbre…

¿Conviene transitar por el mismo camino discursivo que narra y busca las explicaciones para justificar nuestra sempiterna obligación de perder? ¿Acaso la exhaustiva autopsia coyuntural al cadáver nos va a configurar la ruta exacta para una resurrección futbolera? ¿Acaso no es más importante saber hasta qué punto estamos dispuestos a seguir cayendo en este precipicio competitivo (parece que ser últimos del torneo eliminatorio no nos abastece)? ¿Si el mito del Ave Fénix no calza con las motivaciones de la selección Bolivia por qué no montamos una estrategia para escapar de la prisión perpetua de repetir la leyenda de Sísifo que sube con enorme esfuerzo hasta la cima de la montaña para luego aventarse al vacío? ¿Acaso la cura para todos nuestros males futboleros se concentran en el virtuosismo o en la precariedad del Dt Erwin Sánchez? Si él se va, ¿acaso la selección más débil de la eliminatoria cambiará de rostro para mostrar otra versión de su impotencia? ¿Acaso el corazón de nuestra crisis no se sintetiza en toda esa precaria red que se nombra como “fútbol boliviano”? Ahora, ¿cómo explica el periodismo deportivo boliviano, sobre todo paceño, esa inflación de expectativas configuradas? ¿Expectativas que tienen como correlato ese apoyo coyuntural y momentáneo del público paceño, apático del fútbol valga afirmarlo (excepto en coyunturas positivas)? ¿Acaso el regionalismo exasperante que fractura el horizonte de lo boliviano no irrumpe en el fútbol? Ayer, ocho de los once seleccionados nacieron en Santa Cruz, ¿no será que sus corazones húmedos laten con otras pulsiones y otras palpitaciones en su tierra húmeda? ¿Por qué la Federación Boliviana de Fútbol no reúne a su Cuerpo Técnico y explícita su “proyecto” futbolísitco? Si la ingenua y franca posición de William Ramallo respecto a que Bolivia se clasificará "recién" para el 2014 es finalmente la intuición y el norte del actual cuerpo técnico, ¿por qué no optar por ese calendario y darle el urgente golpe de timón a esta tradición inquebrantable de ser los últimos de siempre? ¿Si todas las explicaciones y las soluciones al decadente “fútbol boliviano” atraviesan por el sentido de la palabra “estructura” por qué no se instaura YA (a más tardar mañana) una profunda reconstrucción que deje de lado esa otra tradición que se concentra en la improvisación errática de nuestra dirigencia futbolera? Frente a tantas preguntas, ¿cómo remar hacia otra vertiente, hacia otro destino futbolero que no nos condene a este salvaje abigarrado círculo rutinario de la derrota sempiterna?

lunes, 28 de abril de 2008

De ligamentos rotos y fracturas múltiples

Domingo 27 de abril, 14:30, Ariel Ballivián (17 años), el sub 20 bolivarista, injustamente abuchado en los partidos frente a Oriente y Real Potosí, viajó el fin de semana a los yungas paceños para jugar un partido muy "amistoso" con amigos y paisanos. En el trajín del partido, Ballivián se quebró los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda. El diagnóstico médico más positivo le augura mínimo seis meses para volver al gramado. El diagnóstico futbolístico es más lapidario: "todo dependerá del esfuerzo del jugador".

Domingo 27 de abril, 17:30, Carlos Tordoya (21 años), meritorio jugador celeste, formado en el Arsenal de Sarandí de la Familia Grondona, eje fundamental en el Bolívar 2007, fue a manejar "cuadratracks" a Mallasa. Un minibús se interpuso en su camino y el central, a pesar de las maniobras, cayó "a un precipicio de 6 metros" (sic). Tordoya tiene fracturas en el pómulo, en las costillas y una fractura expuesta en el codo. El diagnóstico médico señala que serán seis largos meses los que alejarán del fútbol a Tordoya.

Los dos incidentes extra futbolísticos no hacen más que explicitar las profundas lesiones medulares que tiene el fútbol "profesional" boliviano. El contexto del fútbol boliviano es particularmente poco o nada profesional, tanto así que se permite lesionar a dos jugadores del Club Bolívar, en dos situaciones grotescas y extremas que muestran la pobreza competitiva en la que tristemente se desenvuelve. Y no es que este redactor de blog caiga en la ingenuidad y la mojigatería odiosa del moralista y opte por el juicio de que los jugadores de fútbol tienen que tener hábitos cercanos a los de un repimido monje. Sabemos que la mitología del fútbol cuenta con futbolistas que hicieron de la juerga extrema una poesía futbolera: Garrincha, Corbata, el bulgaro Stoichcov, Maradona, y la lista es copiosa y abundante. Pero se trataba de futbolistas virtuosos, que sudaban talento y genialidad, pese al tufo y a la resaca. Y actualmente hay casos asombrosos como el de Adriano que tienen un pie en la cancha y la otra en el alcohol, pero sabemos que cualquier equipo del Mundo, incluido el Inter, lo requiere en sus estructuras.

Sin embargo, Ballivián y Tordoya son "jugadores" en configuración, un "casi" proyecto. Jugadres de fútbol muy modesto, muy escaso. Ballivián debutó en Bolívar gracias a la buena fe del profesor Habegger. Su debut estuvo matizado de infinitas dificultades, imprecisiones, desprolijidades, desconcentraciones, una síntesis perfecta de lo que es la falta de rodaje para acoplarse al dibujo táctico y a los objetivos del equipo. Estas dificultades, en este actual contexto de lesiones, para el jugador Ballivián se multiplicarán y harán más difícil el sinuso camino hacia el “profesionalismo”.

Tordoya a estas alturas de la competencia y teniendo a un Ronal Arana falto de reflejos, de coraje, de motivación, es un jugador indispensable. Incluso, Tordoya era una pieza fundamental para el entramado de la selección. Pero, increíblemente, avienta de una manera absurda esta oportunidad y condiciona el destino de su carrera futbolística.

La ingeniería competitiva del fútbol está compuesta por un sin fin de variables: desde el contexto familiar y social, la educación deportiva e intelectual, la alimentación, la psicología, la motivación intrínseca, los hábitos, la morfología corporal, los saberes técnicos y tácticos, la historia-tradición, etc. Todas ellas bien complementadas producen resultados o apuntan a su construcción. Cada una de estas piezas son fundamentales para la configuración de una estructura futbolística minimamente competitiva. Además que se las construye paso a paso, con el impulso de políticas específicas, con las herramientas que disponen los profesionales.

En ese sentido, el fútbol y el deporte “profesional” boliviano es más obra de la espontaneidad, que una suma de variables diseñadas. Las dolorosas lesiones de Ballivián y de Tordoya sólo son posibles en un contexto competitivo languido como es el boliviano. Néstor Clausen, decía que gran parte de los jugadores bolivianos no son profesionales porque no saben descansar, no saben qué hacer en su tiempo libre, tampoco saben alimentarse, ni han pulido sus hábitos para colaborar con sus potencialidades. Gran parte de los jugadores bolivianos, decía el "Negro", creen que la competencia se circunscribe a la rutina de la práctica y a la entrega en el partido del domingo y el resto de tiempo es el espacio para el ocio más improductivo. Remataba Clausen con la idea de que los grandes jugadores en su camino se han topado con grandes formadores con los que han descubierto que el fútbol profesional se potencia sobre la rutina productiva que impone el orden y la consecuencia que deriva de ciertos hábitos.

Los ligamentos rotos de Ballivián, las múltiples fracturas de Tordoya son el resultado de un contexto competitivo mediocre que exige lo menos posible a sus jugadores, y que en complicidad con los medios se inventa la ilusión de que podemos competir de “tú a tú” en torneos internacionales, como la Copa Libertadores o la Eliminatoria Mundialística. El fútbol boliviano necesita curar sus múltiples fracturas, es urgente que se repare y se reconstituya sobre la base de políticas que persigan la configuración de una ingeniería competitiva que incluya la integridad de un sin fin de variables. El fútbol boliviano está profundamente lesionado y no hay quien reaccione frente a este doloroso drama.

domingo, 18 de noviembre de 2007

¿Derrota pero digna?


Nuestra cómoda relación con la derrota ha carcomido, ha anulado, ha pulverizado cualquier posibilidad e intento de instaurar una evaluación de esa constante fidelidad a nuestra tradición perdedora. Como muestra valga rescatar uno de los titulares de este domingo del deportivo El Deber: Derrota pero digna. En este titular se concentra toda esa cultura nacional que nos hace inmunes al fracaso. Y este no es un sentido común futbolero excluyente que se concentre exclusivamente en los seguidores del fútbol nacional, es un síntoma que se reproduce en todos los sujetos que participan de esto que se llama fútbol boliviano: jugadores, dirigentes, técnicos, periodismo especializado.

Entre todos hemos transformado al fútbol boliviano en un objeto indescifrable. No encontramos las claves para salir del cada vez más profundo y oscuro pozo. La brújula y los dispositivos eficaces de la clasificación del 93 se averiaron y fueron inútiles para el trazo de las rutas que nos conducirían a los mundiales de Francia 98, Corea – Japón 2002 y Alemania 2006. Las gestiones dirigenciales de Saavedra Banzer, Sergio Asbún y Castedo fueron tan nefastas que hundieron al fútbol boliviano hasta otorgarle el meritorio rótulo de los peores del continente (el puesto 107 connota esa severa vergüenza). A este escenario de decadencia absoluta se añade la negligente figura de Carlos Chávez, que más que como una figura de cambio de nuestro fútbol se presenta como un eficaz garante de la mediocridad absoluta. Chávez destruyó la institucionalidad del Club Oriente Petrolero, dejó un Club sin logro alguno, con un caudal de demandas y de deudas que hasta ahora sacuden las nervaduras profundas del Club más importante de Santa Cruz de la Sierra.

Estos precedentes invaden de penumbras nuestras esperanzas futboleras. La selección boliviana de fútbol está secuestrada en manos de un temible dirigente que todo lo que toca lo infecta de una mediocridad tenaz y constante. Chávez carece de los recursos elementales para conducir un proceso que transforme nuestra cultura futbolística, tampoco cuenta con los insumos intelectuales básicos y políticos que el fútbol actual demanda, su batalla en defensa de la altura es una muestra de ello. Este actual proceso carece de las metodologías, de los procedimientos para instaurar una ingeniería futbolística que nos permita configurar aquello que por ahora no conocemos: la competitividad futbolística. La selección de esta actual eliminatoria es todavía más decadente que la anterior. Chávez ha hecho de la crisis un nudo aún más asfixiante.

De nada sirve hacer una autopsia minuciosa y técnica del coyuntural partido con Argentina, de él no se cosecharán nada más que oscuras tempestades. Por tanto, no me vengan con esa demagogia periodística de que la selección mostró otra actitud, tampoco me restrieguen en la cara esa mentira de que la selección nunca se entregó al pelotazo fácil, seamos sinceros, la única ruta digna para salir de esta asfixia futbolera será a partir del destierro de la actual elite dirigencial que pudre las raíces del fútbol boliviano. El parco de Sánchez y su débil equipo son solamente una consecuencia de esta paupérrima y negligente gestión. El fútbol boliviano necesita con un urgencia de un recambio dirigencial, de nuevos sujetos que incorporen otro aire, otra lógica, otros objetivos y otros sentidos al fútbol. Esta parece ser la única ruta alternativa que nos queda para esquivar a nuestra sempiterna obligación de perder.

martes, 23 de octubre de 2007

Sobre el estado actual del fútbol boliviano

El fútbol boliviano paso a paso se extingue y se evapora. La debacle se convierte en la única herramienta para describir este rumbo de ruina que toma nuestro fútbol. La metáfora de un rompecabezas de piezas dispersas e inconexas se asemeja demasiado a ese objeto de reflexión/pasión que es el fútbol. Con el texto de Mario Murillo inauguramos el recorrido por distintas sendas, nudos, tramas, meandros que intentan atribuir sentido al chenko que se concentra en el fútbol hecho en Bolivia. Mario Murillo es por sobre todas las cosas un revoltoso bolivarista que transforma al fútbol en su bitácora, allí inscribe los códigos de una pasión que trasciende...



Sobre el estado actual del fútbol boliviano

Por Mario Murillo

“Ahí están, esos son, los que joden la nación”
Barra de algunas hinchadas del fútbol boliviano.



Un entrañable amigo me pidió con vehemencia que escriba algunas líneas sobre la situación que vive el fútbol boliviano. Intuyo que me pide que escriba sobre la lastimera y desesperante agonía por la cual está pasando nuestro fútbol a dos niveles: la Selección de fútbol boliviano y los clubes locales que juegan en la Liga Nacional. Me parece que hay muchos indicadores para demostrar la pobrísima situación que está viviendo nuestro fútbol en este momento: el bajísimo nivel del campeonato local, la falta de éxitos internacionales por parte de nuestros clubes, la mínima aparición de talentos jóvenes, las patéticas participaciones internacionales de nuestra triste Selección de fútbol. Parece claro entonces, y existe un amplio consenso al respecto, que nuestro fútbol se enfrenta a una terrible crisis a nivel deportivo y competitivo. Sin embargo, harto de los lugares comunes esbozados por los periodistas o la gente de a pie, no pretendo analizar cosas tan grandes y tan abstractas como las divisiones inferiores, la conformación institucional de los clubes o la genética de los jugadores bolivianos. Concentraré mi análisis en un grupo de protagonistas de nuestro fútbol local: los dirigentes del fútbol boliviano. Aclaro que no pienso realizar una argumentación informativa o silogística, sólo expurgación indignada e impotente.

Antes, más aclaraciones: el fútbol es entendido en general como un fenómeno común y simple, por eso todo el mundo cree que puede hablar con autoridad de él. El mejor ejemplo de esto son los periodistas; para lucrar a partir de este juego sagrado y ser una voz autorizada sólo basta ser el hijo de un periodista deportivo con trayectoria (sí, estoy hablando de ti, hijo del Toto Arévalo), hacer amarillismo sin información y tener un lamebotas que secunde todas tus provocaciones (sí, estoy hablando de ti Juan Pastén y de tu ayuco cuyo nombre no conozco), tener la suerte de estar en el lugar correcto y en el momento correcto sin tener idea de nada (sí, estoy hablando de ti Fermín Zabala), tener acento gaucho o hablar con una voz de locutor estreñido (sí, estoy hablando de Fernando Berdeja y de Azbel Valenzuela). Este peregrino ejemplo muestra que no existe ningún tipo de respeto social con este fenómeno de masas y que cualquiera puede acceder a posiciones influyentes del fútbol a partir de meritos totalmente alejados del conocimiento o el compromiso futbolero. Pero en el caso de los periodistas deportivos, aunque el daño que se le hace al fútbol es profundo (relacionado con la imposibilidad de coadyuvar a la construcción de una cultura futbolística extendida), no hay comparación con el papel de los dirigentes.

Y ahora llego al punto central de mi análisis. Los encorbatados dueños del fútbol en Bolivia. Nuestros huayralevas, olañetas, gonis, gallos, mamertos del fútbol boliviano. Uno ve una reunión de los dirigentes de la Federación Boliviana de Fútbol o de la Liga y, con contadas excepciones (Samuel Blanco y otros), no puede dejar de pensar en el Congreso que formó Melgarejo para llevar adelante sus absurdas y malditas reformas a través del Partido Rojo. Son unos incompetentes con mala conciencia. ¿Qué saben de fútbol? ¿Qué saben del manejo de instituciones deportivas? ¿Qué saben de legislación futbolística, de proyectos de divisiones inferiores, de jugadores, de técnicos? Nada, absolutamente nada. Son “empresarios” (sabiendo qué significa ese término en Bolivia). Al igual que en el caso de los periodistas, están en esos puestos por su capital social, por su capital económico, por puro amañamiento de la suerte y el destino, nunca por su conocimiento futbolero o su entrega por una realidad deportiva mejor.

¿Creen ustedes que Carlos Chávez o “Patato” Méndez tienen alguna idea de cómo funciona el Real Madrid, el Barcelona o el Manchester? ¿Tendrán la mínima idea sobre cómo elaboran los proyectos a largo plazo selecciones como Ecuador o Venezuela? ¿Sabrán cómo están planeadas las divisiones inferiores de los equipos rosarinos? No vayamos tan lejos: apuesto a que no saben ni quién fue Corbatta, Adhemir o (para ser más contemporáneos) José Sand. No tienen idea de fútbol, sólo saben de fastuosas recepciones, de viajes gratuitos, de matecitos en reuniones que no tienen ninguna sustancia. Son incapaces, están en posiciones que no les competen y para las cuales no tienen ningún mérito o conocimiento.

Para que hablar del Tribunal de Penas, de la absurda configuración de nuestro campeonato local, de la burda planificación del trabajo de la selección. Son sólo indicadores de la estupidez e ignorancia de los que gobiernan el fútbol en Bolivia. Hay que hacer fuerza para que ellos se vayan: ya no está más Añez en el senado nacional (un avance), que Chávez vuelva a quebrar empresas y que Méndez vuelva a dirigir truchos programas de bloopers en la tele nacional. Esa es la única esperanza.