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jueves, 7 de mayo de 2009

En un lugar de la Mancha…

Hace año y medio, cuando el Barcelona pugnaba por asomar la cara, luego del esplendor de dos títulos de liga y una Champions, Rijkaard no encontraba acomodo para un jugador salido de la cantera, con una inusitada movilidad para correr entre piernas con el balón cocido a la bota. Iniesta ya había probado las mieles de la titularidad momentánea (eran los días en que Ronaldinho apostaba por su nube de confort) y había respondido con creces a la confianza del holandés. En algún post señalé la pertinencia de que Frank Rijkaard, y ante el ninguneo del Dinho a sus propias cualidades futbolísticas, le diera esa posición al machego Iniesta, un jugador identificado a plenitud con la playera blaugrana -debutado muy joven por Vaan Gal- y con una incontrovertible cualidad para escuchar y atender con pacencia las instrucciones del táctico en turno. Apenas mide 1,70 pero su persnalidad en la cancha lo hacen parecer más alto. Forma, junto con Xavi Hernández, Xabi Alonso, Cesc Fábregas y Marco Senna, la media cancha más poderosa del mundo a nivel selección, y con el primero, el medio campo más flexible, dinámico y preciso a nivel clubes en toda Europa.

Es indiscutible que los reflectores buscan más la sonrisa de Messi , la mirada abisal de Alves o el andar de bailarín de Henry. Sin embargo, el manchego nunca ha decaído en su vocacion por convertir su zona del campo en una carta de presentación irrevatible. Su portentosa sencillez es antípoda del protagonismo mediático que portaba Ronaldinho con sólo sonreirle a la cámara. Es un jugador en el que siempre he confiado como espectador y nunca he sentido que me defraude. Venció su nerviosismo en la Euro, maniestándose plenamente junto a Xavi, su compañero y socio en el Barça. Él y todo el equipo remaron contracorriente de una táctica mezquina de un Chelsea que parecía más bien comandado por el inefable y estentoreo José Mourinho. No, el triunfo del Barcelona fue justo: venció el futbol esencial, el futbol que se borda con paciente armonía colectiva, frente a un cuadro que esperaba el yerro, que apostaba al pelotazo, que pugnaba por el indisctible potencial físico de sus delanteros (dirán que hubo cuatro penales cuando en realidad el arbitro sólo debía sancionar uno, el de Piqué; sin contar la absurda expulsion de Abidal). Lo que hizo Andrecito Iniesta fue un acto de justicia que se merecían los catalanes y, sobre todo, se merecía él.

viernes, 20 de febrero de 2009

¿Por qué el fútbol?


No hace mucho, alguien criticaba las energías que gasto al plantearme el futbol como una suerte de universo alterno, con su simbología, su literatura implícita, si lirismo exacerbado en la relación músculo, vértigo, habilidad, precisión. Ellos piensan que sería más productivo que escribiera sobre la literatura o el arte. Sin embargo no. En el futbol he encontrado los dominios, no de una creatividad decantada, sí de una creatividad cuyo pulso lo rige una emoción natural, la misma que me lleva a los patios límpidos de una infancia alegre, una calle ancha convertida en una especie de Estadio Azteca donde un servidor, acompañado por su augusta grey, dibujaban rabiosos arabescos con una pelota de plástico color ladrillo.

Vaya pues, mi lista de razones (sólo algunas y bastante mías) para escribir sobre un deporte que pienso, vivo y respiro como si fuera el bosque rasante de un cuento sin fin.
-El futbol me dio la oportunidad primera de saber que el cuerpo, esa masa de carne y hueso que pugna por encontrar su equilibrio, podía manifestarse de otras maneras, podía dialogar con un balón utilizando eso que Dimitrijevic llama "la prehistoria del cuerpo", el pie. Con el pie, uno necesita lograr lo que otros deportistas logran con la mano, y todo esto, mientras se corre o se mantiene en estado de tensión ante la inminente llegada de un rival. El futbolista manda señales al pie, mensajes que tardan en llegar lo que tardan en cerrarse los ojos.
-Porque jugaba con mi padre siendo muy niño, en el pasillo de mi casa. Y en la cocina me imaginaba una multitud hábida que clamaba por un gol de bandera, y os juro que desde el campo y de entre las flores surgía un cántico memorable de sustancial y memorable épica.

-Porque existe Joahnnes Cruyff, un jugador cuya naturaleza pudo cambiar las funciones univocas del futbolista dentro del campo. Su apostura, su mirada en alto con la consciencia fija en la pelota y en el destino de la misma, su habilidad para jugar tanto en lo corto como en lo largo, hicieron del holandés un rebelde, un jugador proclive a la táctica, pero dispuesto a suplantarla por un engarce, un regate imposible, un tiro dispuesto a encontrar su madirguera en el arco.

-Porque existió Miguel Marín. La historia del Gato está ligada muy profundamente a mis ideales futboleros. Un portero es lo más cercano a la estampa del superhéroe que suprime la gravedad, atrapa obuses y antepone el cuerpo a cualquier tipo de amenaza. Nunca vi en su momento un jugador con esa capacidad de liderazgo; verlo jugar era atender un comic en dimensiones reales, donde el era el personaje principal, y sus compañeros encarnaban una especie de Liga de la Justicia.

-Porque Maradona me enseñó lo que el futbol salvaguarda de plasticidad, danza, ritmo y vértigo. La prodigiosa técnica individual del Pelusa, su lectura del partido, su voluntad para convertir su cuerpo en una poderosa estructura de mente, cuerpo y cambios rítmicos, aunado a su pie izquierdo que funcionaba como un pistón de precisión ominosa, hicieron de su paso en las canchas una novela de ascensos brillantes, y descensos mediáticos, enturbiados por el culto a su personalidad. Si Pelé era el Rey del fútbol, Maradona es un ángel caído sin imposturas, desafiando leyes y promoviendo las propias en su reino.

-Porque existe Paolo Maldini y su gallardía. Un jugador que hizo de la línea izquierda la prolongación de un feudo donde cabía el pundonor, la caballerosidad, la fortaleza y el reflejo al rojo vivo, merece estar en cualquier once ideal de los tiempos modernos.

-Porque la vida y al obra de Mané, Garrincha, es una fabula que va de la partitura precisa, del ballet radiante, a los pasajes de una decadencia que tiene mucho de humano, sí, y más de literario.

-Porque el futbol me da la oportunidad de confirmar que Octavio Paz, un tipo que lo deploraba, era un poeta genial pero era un hombre aburridamente libresco.

-Porque me hizo conocer una faceta entrañable de un jugador como Jorge Valdano y una faceta no menos entrañable de un narrador como Juan Villoro.

-Porque me da la oportunidad de un diálogo abierto en un lenguaje no exento de colorido literario. El futbol es lenguaje cuya semántica trama, en cada partido, una historia de final cerrado en la cancha, y abierto en las tribunas o en la entraña de la afición.

-Porque existen jugadores como Steven Gerard, quien encaminó a su club a recuperarse de una derrota 3-0 en una inolvidable final de Champions; y jugadores como Frank Lampard, quien levantó la vista luego de meter un gol buscando la mirada de su madre recién fallecida; y jugadores como John Terry, prodigio de eficiencia y pundonor, quien falló un penalty decisivo y nos mostró su corazón desnudo en medio de la cancha; y jugadores como Juan Arango, quien casi muere por una agresión criminal, y regresa a la cancha para meter los goles que salvarían a su equipo del descenso.

-Porque existe el Cruz Azul y una historia que los medios se empeñan en borrar a golpe de indiferencia, desdén, olvido mendaz.

-Porque existe un club como el Barça, capaz de convertir el juego en una maquinaria, una fiesta, una pista de baile, un concierto.

-Porque Messi nos da la posibilidad de ver la naturaleza de una infancia liberada en el campo de juego. Nos enseña el sentido primigenio del futbol como un espectáculo donde cabe habilidad, instinto, ritmo, velocidad mental, entrega y fortaleza física.


-Porque puedo entender a un escritor como Eduardo Galeano.


-Porque hay equipos como el Milán y el Arsenal.


-Por Zidane, los que le siguieron y los que aprendieron antes que él a desaparecer balones con un giro prodigioso.

-Porque no hay partido igual nunca.

-Porque no habrá partido igual nunca.

-Por el gran Tigre que entre nubarrones, amarguras (tal cual la vida) me enseñó la forma en la que se quiebra una garganta al exponer una pasión.

-Por maestros como Chichi Romero, Luis H. Cristaldo, por el gol de Etcheverry a la moral de los brasileros... En fin...

-Por los poéticos textos de Luis H. Antezana...

-Por ese extraño vértigo que se teje entre la palabra y el balón...

Adaptación de Daesu

viernes, 16 de enero de 2009

Ritmos

Si los jugadores encarnaran la música, serían melodías plenamente identificables en el pentagrama del campo. La felicidad en la disposición de un genio como Messi, ¿no nos recuerda acaso esas melodías de alegría radiante que musicalizan cintas de final feliz? ¿No representa Ronaldinho el desenfado sonoro de una samba? ¿Un jugador como Beckham, convertido en un mercado ambulante, no traduce acaso la música chillout que ambienta esos impresionantes malls fríos y postmodernos?¿El ritmo que lleva a las canchas un jugador como Riquelme, tan introvertido y genial, no se parece acaso a esos tangos perdurables, sin letra -como le gustaban a Borges- que resuenan en los mórbidos galpones como parte de la naturaleza? Los jugadores tienen ritmo. Sin embargo, lo principal es establecer el cambio de ese ritmo en función de un planteamiento táctico que funciona como las partituras de una sinfonía nunca definitiva. Las ligas del mundo, al menos las más famosas, también funcionan con una muy reconocible identidad ritmica a la que los jugadores se adaptan.La Liga Premiere, por ejemplo, no admite parsimonias ni especulaciones, no deja que los jugadores sasonen sus razonamientos dentro de la cancha y se despliega con la vertinginosa voluntad de un tormenta o un tornado. Su música futbolística es lun solo pianístico ejecutado con virtuosismo inapelable. La Liga Española, en cambio, parece ese jazz donde lo sorprendente traza un mecanismo de recomposición rítmica sobre la marcha. El Barcelona por eso es una Big Band: como las orquestas fundacionales (Count Basie, Louis Armstrong, Cab Callaway) surte de talento el orbe, de sus raíces se desprenden esos solistas (Messi, Iniesta, Hleb, Xavi, Etoo, Henry) que funcionan solos y como parte de un conjunto.

Daesu

viernes, 12 de diciembre de 2008

Derby

El tristísimo cierre del Barça, la temporada pasada, incluyó muchas cosas: la decadencia de una época llena de esplendor futbolístico y mediático (por la vía de Ronaldinho y Etoo), la confirmación del liderazgo de un par genio como Xavi e Iniesta -pese a todo-, la fragilidad de Lio Messi -sus lesiones por un desgaste físico casi obligatorio-, el momento cansino de Rafa Márquez -su incomodidad frente a la presencia cada vez más necesaria de Milito en la zaga, hicieron de Rafa un defensa casi prescindible-, la mala jugada de Etoo al desafiar su estancia entre los catalanes con un gesto pusilánime y cobarde, una serie de derrotas que lo colocaron al borde de la Champions y que tuvo su punto central en el Santiago Bernabeu, escenario donde el Madrid tuvo chance de confirmar su buen momento, e hizo de ese Derby un carnaval de goles, jugadas, toque y baile. Ese juego fue una pesadilla cuyo pórtico no pudo ser más preciso: un pasillo que saludaba al virtual campeón, pero también al enemigo definitivo.

La historia del Deby Español también incluye muchas cosas. La presencia de Francisco Franco y su campo de influencia -aunque algunos historiadores lo nieguen- sirvió para acrecentar los éxitos del Madrid. El asesinato de Sunyol durante la Guerra Cívil (Presidente del Barça en ese entonces), el tráfico de jugadores al margen de la ley, la falta de garantías ofrecida por la policia que resguardaba el partido de vuelta en una -sospechosa- final de Copa, tres goleadas históricas de 5-0 (dos del Barça, una del Madrid), junto al evidente favoritismo arbitral que ha perseguido la historia de los merengues, ha ubicado a éstos del lado de ese sector privilegiado por una sistema que se organizó en las entrañas de un evidente poder militar. Sin embargo, también es cierto que el Real Madrid ha sido superior al resto de la competencia en más de una ocasión. Su necesidad de triunfo es casi marcial y su aplicación parece el diseño de una maquinaria hecha con soberbia, poder monetario y voluntad estratégica.

El Barcelona al que enfrentará el sábado no es el mismo al que dejó en rídiculo la temporada pasada. El orgullo, el pundonor madridista puede que no alcance. Jugadores como Higuain o Robben (lo mejor que tiene los blancos) se enfrentan a una muy flexible línea media que involucra fuerza física, soltura casi dancística y una indudable técnica individual. Los duelos que se avecinan en las distintas zonas del campo parecen favorecer a los catalanes. Henry contra Ramos, Messi contra Salgado, Cannavaro contra Etoo. Apuesto a la onza de un jugador como Messi, que el Barça gana con cierta solvencia. No apuesto nada, eso sí: en el futbol hay fantasmas que se encargan de arrojar al sumidero cualquier estructura.




Daesu

martes, 2 de diciembre de 2008

Messi vs. Ronaldo

Porque el futbol es un sistema próspero de mercado, finanzas redituables, pasarelas inamovibles de esplendor mediático, Cristiano Ronaldo debe ser nombrado el Mejor Jugador del Año. Su principal competidor, según el mismo portugués, no reúne los méritos suficientes para ganarle. Y continuando con su apabullante modestia, afirma que Él ganó la Champions y la Premier League, restándole mérito así a sus compañeros de equipo. Sí, Cristiano Ronaldo va a ganar dicho título por eso. Su impresionante capacidad individual forma parte de un tramado de talentos insobornables como los de Tevez, Rooney, Gigg, Scholes o Nani, jugadores que por sí solos tienen la virtud de no rebasar la dirección orquestal de un técnico como Don Alex Ferguson. Sin embargo, el hecho de restarle mérito a un jugador cuya capacidad de gozo enaltece el futbol como anarquismo radiante, es ignorar la dimensión que tiene un torneo de futbol como el torneo olímpico. Lionel Messi consiguió lo que muchos, pero muchísimos jugadores, no han podido conseguir: recibir una medalla que lo ponga en esa dimensión de semidioses donde el deporte tiene la etiqueta de hazaña heroica. Es decir, en el Olimpo. Cristiano Ronaldo tendrá que atravesar el turbulento río del recambio generacional en la selección lusitana. Su apostura de arcángel de pasarela, su celebración de presumible desdén al otro y sus indiscutible técnica individual, tendrá en el futuro un ineludible tour de force cuando se encuentre solo, sin la cerebral elegancia de casi todos los miembros de la generación precedente. Hace unas semanas apenas, Brasil hizo de un amistoso contra Portugal un carnaval de tiros, paredes, autopases y vértigo. Cristiano Ronaldo parece que ha llegado a su tope emocional y es inevitable catalogarlo como un jugador infantil, genial pero infantil. Messi también ha llegado a ese grado de madurez celebratoria y afirma que Cristiano Ronaldo se merece cualquier título porque es brillante. Messi seguirá creciendo y seguirá emocionando como hasta hoy, con esa portentosa humildad que lo engrandece y esa gigantesca virtud de tener el balón a pesar del mundo, que empequeñece a los otros.

Daesu

lunes, 10 de noviembre de 2008

Etoo: La revancha


Hacia mediadios de año, todos vimos como Samuel Etoo cerraba un cliclo triste con el Barça. Delantero de movimientos felinos, letal (en contraste con su inamovible cara de niño desamparado) y con la elegancia de un carterista, había llegado de Mallorca donde era considerado una suerte de Emperador de los Baleares.


En Barcelona tardó muy poco en encontrar el tono, el ritmo de un equipo estructurado para jugar por nota, y se convirtió en una referencia insustituible en la zona ofensiva. Junto a Ronaldinho, hizo una mancuerna de creatividad poderosa, a la que posteriormente se uniría Lio Messi y ese espectacular acarreo de balones al área de los rivales. Pero Samuel Etoo cayó en un bache producto de las lesiones que le minaron el músculo y la confianza. Y su cierre de campaña fue desolador (sólo comparable a la fuga por la puerta de atrás de un Chelito Delgado indolente): se ganó esa tarjeta amarilla que le negaba la posibilidad del pasillo al Madrid, virtual campeón de la liga, y la afición catalana lo quiso catapultar a los médanos de un olvido más bien justo. Como el indiscutible profesional que es, Etoo supo manejar con solvencia las ofertas del exterior, Guardiola lo ratificó a regañadientes en el club, y el camerunés se apegó a los ideales táctico de su entrenador en turno.


Un inicio titubeante en la presente campaña nos hizo que vislumbraramos un deja vu mas o menos prematuro. Sin embargo, el Barça ya le encontró la temperatura al torneo y paulatinamente ha encontrado la dosis necesaria para aliviar los malestares de antaño. Con un juego de flujo continuo, sin abandonar la tenencia de la pelota (usando al extraordinario Xavi como fuente de su energía colectiva) y un par de salidas como Alves (por la derecha) y Keita (por el centro), el club catalán ofrece un futbol tridimensional que combina vértigo, técnica y eficacia.Ver el compromiso actual de Etoo dentro de la cancha, su aplicación táctica y su escalofriante facilidad en la definición (aunado a ese aire melancólico de los asesinos que se arrepienten en el acto) es testimoniar la feliz resurección de un crack inigualable. Es atender, también, el escenario que todo hincha busca en su aventura como espectador de futbol: el escenario de la revancha deportiva, la recuperación del honor y la dignidad en ese campo de juego que alguna vez fue su patíbulo.
Daesu

viernes, 7 de noviembre de 2008

Fiebre en las gradas

Hoy en día, ver al Arsenal es establecer una relación inmediata con los ideales del futbol moderno. La asociación como filosofía, la técnica individual como obligación y la funcionalidad como sistema, son elementos que caracterizan al equipo londinense y le dan lustre a la Premier League, un escenario dispuesto no sólo a la verticalidad simplista, sino también al vértigo radiante. Sin embargo, los gunners no siempre han vivido en el esplendor y la gloria de los títulos. Han tenido, también, etapas de oscuridad y frustración, traducidas en trofeos que se les escapan en el último aliento, algunas derrotas consecutivas en semifinales de copa y la incapacidad de su directiva para confrontar las necesidades del club y, por ello, de una hinchada cuya paciencia vive en permanente estado de redención.

Cuando Nick Hornby visitó por primera vez Highbury (en un juego Arsenal-Stoke City), ese viejo bastión de gloria ubicado en el norte de Londres, tenía once años. Y fue justo ese descubrimiento del Arsenal lo que motivo su doble romance: con el futbol y con el club. Al mismo tiempo nacieron en él las necesidades, los manes, los demonios internos que conforman casi impeceptiblemente el espíritu del hincha.

¿Qué es ser un hincha? ¿Qué representa ese nada sutil arrebato que el futbol genera en una colectividad, inusitadamente abandonada a su liberador pulso? ¿Qué razgos identifican al hincha de los otros, ese contingente de indiferencia, insensibilidad, domesticidad distante que ataca el futbol y sus consecuencias desde la intocada trinchera de esa vida real "tenue, más apagada" y que "contiene un potencial menor para entrar en un delirio inesperado"?

Fiebre en las Gradas, el maravilloso libro que Hornby concibió como un homenaje al club de sus amores, terminó siendo un bello manual de supervivencia futbolística, un ideario del hincha acendrado en sus pasiones inamovibles, un prodigioso ensayo sobre los diversos procesos que ha pasado la liga más rica de la actualidad. Fiebre en las Gradas responde, además, a las preguntas anteriores con puntualidad y gracia. Se trata de un libro cuya seriedad radica en la forma serena con que el autor confronta algunos aspectos oscuros del balompié mundial, sin eludir momentos de alentadora simpatía. Es, vaya, la autobiografía futbolera de un narrador desaliñado e inteligente, que desentraña los muchos rostros del balompié a nivel cancha y extracancha.
¿El mejor libro de futbol? No lo sé, no puedo evitar pensar en los extraordinarios libros de Galeano, Villoro o Valdano. Desde la dimensión que utiliza Hornby para estructurar su relato, desde la perspectiva realista que usa para describir la Zona Norte del viejo Highbury, desde la invocación de un lenguaje nada solemne para contar sus descalabros como aficionado de un club sufrido al mismo tiempo que histórico, creo que el inglés tiene ventaja. Su libro pasa por la crónica, la autobiografía y el ensayo inteligente de una pasión acaso indescifrable, con una ligereza abrumadora.


Daesu

viernes, 27 de junio de 2008

La novela española

El fútbol es lenguaje. Sí, si colocamos cada signo, cada rasgo de artesanal factura, cada gesto de irreprochable heroicidad, cada despliegue técnico y físico que invoca la apropiación de la pelota con un solo pie, en medio de una selva ignota de piernas, tendremos una página cuya lectura nos deja el sabor de un capítulo de folletón semanal. Por eso exigimos más de ese autor demiúrgico que organiza, desde el vestidor, un texto conformado por once formas distintas de concebir el fútbol, configuradas a plenitud en un diálogo concreto de armonía.

¿Qué era España antes del juego contra Rusia? ¿Qué era la Furia Roja antes de ofrecer su concierto del tiempo complementario? ¿No era una de esas novelas por entregas cuyos capítulos iniciales nos ofrecían expectativas, y al final, terminaba en una marejada de lugares comunes, metáforas manidas, descripciones torpes? ¿No fue la telenovela que pugnaba por la incorporación de Raúl sino algo menos que eso: una crónica mediática escrita a muchas manos para acuchillar a Aragonés ante el hipotético fracaso de la selección?

Dicha pugna se convirtió ayer en menos que lo anterior: se transformó en una hoja de vileza, suelta en el olvido de un país en plan de carnaval. Mis permanentes alusiones a España como mi favorito no es gratis. Tienen una de las mejores medias del mundo, con jugadores dotados de una técnica indiscutible pero, sobre todo, de una madurez y una frialdad necesarias para solventar empresas de riesgo. Sin embargo, la media española no es un muro, al contrario, posee una flexibilidad que le permite a Aragonés un arrojo de sabiduría táctica como el de ayer, al meter a Cesc Fábregas (un jugador que combina la frialdad en la definición y la asistencia con una radiante alegría cuando tiene la pelota en los pies) por el lesionado Guaje Villa. Adelantó a Silva y Silva metió gol como un falso delantero capaz de rematar y botarse en busca de balones. Metió al estupendo Dani Gûiza -impugnado también por muchos aficionados españoles- y el jerezano metió gol. Le removió las entrañas a un voluntarioso pero inexacto Andrecito Iniesta, y el manchego dio un segundo tiempo perfecto.

De hecho, todo el segundo tiempo de España fue perfecto. Asistimos a un baile de prodigiosa armonía entre un fútbol asociación, un fútbol de elaboración veloz y consciente por todas las zonas del campo, un fútbol de toque continuo y vertiginoso, y un fútbol cansino, esperanzado en la calidad de un par de individualidades que finalmente sucumbieron, sí, ante una media omnipresente y letal. Si el fútbol es justo -que en realidad no lo es- España debe coronarse el domingo. Pero enfrente tiene a Alemania, esa novela de épica y triunfo que nadie quiere leer pero que finalmente terminamos leyendo.

Daesu