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domingo, 15 de febrero de 2009

Otra señal del desastre: Strongest 0 – Nacional Potosí 1

La precariedad del Tigre 2009 deviene de un espantoso proyecto dirigencial –recién estrenado– que no hace más que perpetuar el desastre fundado por anteriores dirigencias, concretamente la del señor Pacheco. Está demás precisar que el actual Strongest carece de un mecenas empresarial al estilo bolivarista que ponga el dinero fresco para que la máquina por lo menos funcione, tampoco cuenta con el abundante dinero sospechoso de Oriente Petrolero que frente a las derrotas permanentes no se cansa de contratar jugadores y cuerpos técnicos que fácilmente superan el millón de dólares, carece –y esto es lo más preocupante– de la furia, de la bronca, de la actitud (futbolística y dirigencial) y la aptitud (futbolística y dirigencial) de los equipos que saben que pasean al borde de la cornisa y que en un mal paso o mal amague pueden perder la categoría y caer en el abismo del fútbol de la asociación.

Este Strongest carece de voluntad, de ideas, de fútbol y esto tanto a nivel dirigencial como deportivo. Es un equipo carcomido por la languidez, la tristeza y la apatía. Sufre del síndrome de la depresión del jugador retirado que se encapricha en dejar el fútbol y que por negligencias dirigenciales tienen una oportunidad más. La doblada columna vertebral del Tigre se sostiene sobre la veteranía de Sandro Coelho (la migajas que aporta su juego apenas le alcanza para imponer el peso de su cuerpo en la zona de contención y defensa, detalle que no es suficiente para frenar las arremetidas de equipos más estructurados), de Limberg Gutiérrez (que a estas alturas ha pronunciado sus defectos, ahora su caminata en la cancha se extiende a los noventa y cinco minutos, no limpia jugadas, si antes no llegaba a las marcas ahora ni siquiera puede desear llegar a ellas, no hace los pases que antes llevaban su particular impronta, su juego no punza y su remate parece estar oxidado y en reparación), de Rosauro Rivero (su juego rústico le impide aportar con algo al equipo, la garantía es que en sus pies el juego es mucho más lento e improductivo), de Martín Menacho (basta decir que ayer frente a Nacional Potosí fue tan inofensivo que hasta sus locuras pasaron inadvertidas).

Lo interesante de esta situación es que la impotencia de los seguidores atigrados ha llegado a tal punto que en masa creen que sacrificando al técnico Toresani el timón del barco atigrado cambiará de rumbo. Toresani es una ficha de este engranaje podrido, no es la cabeza de este “proyecto”. Es el responsable coyuntural del manejo del equipo, el gerente actual de las 5 derrotas seguidas del Tigre. Sin duda carece del bagaje suficiente para instaurar un buen clima de trabajo, su característica es la de decir lo que piensa por sobre todas las cosas y sin eufemismo alguno y eso en un equipo alicaído y moribundo más que despertar un efecto motivante despierta el rechazo y garantiza la derrota y las camarillas. Pero de lo que no se le puede responsabilizar a Toresani es de esta profunda crisis estructural que vive el The Strongest. Si la multiplicidad de males del Tigre se acabarían con el sacrificio de Toresani el pedido de la multitud atigrada tendría algún sentido. Pero seamos sensatos la crisis tiene raíces demasiado profundas y complejas que una dirigencia tan tradicional, tan predecible y tan mediocre no podrá solucionarla. Por el contrario, estas raíces podridas del club se los comerán vivos…

Esta era la gran oportunidad para reconstruir la institución atigrada a partir de otros pilares, como el restablecimiento de una ingeniería de escuelas futbolísticas integrales conformadas por adolescentes y jóvenes de todo el país dirigidas por formadores (como el profe Arzans, Barrientos, Berdeja, entre otros) al estilo de Vélez Sarfield de Buenos Aires, de Newells Old Boys de Rosario. La dirigencia podía armar un equipo económico –por no decir barato– con el tenor de La Paz F.C., de Nacional Potosí sin brillo, sin glamour pero con extremada disposición al trabajo, que tenga como único objetivo luchar para salir del descenso y que sea la cúspide de llegada de las escuelas de fútbol y no este mamarracho de exjugadores que juegan con la única motivación que a fin de mes les llegará su sueldito. La dirigencia podía vender la idea del mediano y largo plazo para reconstruir el pilar deportivo del Tigre e institucionalmente remodelar la estructura burocrática del club, horizontalizar la participación, demoler las cúpulas que deciden y ponen plata. Hay que democratizar las decisiones en el fútbol, democratizar los aportes (¿Por qué nadie en Bolivia quiere reproducir la democracia del Corintians?). El atigrado, la atigrada tiene que tomar responsabilidad en esta crisis pero esta dirigencia tradicional y mediocre no le deja ni siquiera pronunciarse… Así estamos últimos, de derrota en derrota… La derrota de ayer frente a Nacional Potosí debería ser la última señal para cambiar definitivamente de rumbo… Si no es así este barco quebrado, agonizante llamado Tigre no encontrará fondo…


Foto: Acción, La Prensa

lunes, 22 de diciembre de 2008

Carta de un Tigre Silvestre al presidente electo del club


Estimado don Sergio:
¿Conoce usted el mito de Sísifo? Sísifo diariamente emprende la tarea de cargar la inmensa roca en el hombro. Parte de cero. El destino de Sísifo le impulsa a emprender, a conquistar la cima. Cuando Sísifo se acerca a ella las distintas circunstancias lo vencen y suelta la roca que cae imponiendo su inmensidad. El destino de Sísifo es volver a emprender la gesta. Nuevamente partiendo de cero. Aquí se concentra la fuerza de su drama.

Como usted bien sabe esto de llegar a la presidencia atigrada es cosa seria. Es una réplica del mito de Sísifo, ya que es una tarea donde siempre hay que empezar de cero. Así que don Sergio nuevamente a cargar la inmensa roca. Definitivamente se trata de un compromiso que hay que encararlo desde el equilibrio que ofrece la inteligencia, la experiencia y la pasión que despierta nuestro Tigre. La complejidad de su gestión se potenciará aún más después de la debacle administrada y financiada por Jorge Pacheco (2004-2008), quien lastimosamente y más allá de sus buenas intenciones –si es que las tuvo– usó la plataforma dirigencial como una vía para no alejarse de las bonanzas que trae el poder. Al ex – ministro de trabajo de la UCS el gerenciamiento del club fue una responsabilidad que le quedó muy, pero muy grande respecto a sus capacidades. Y este fue desde mi criterio el núcleo de estos 4 años de penumbra, demagogia, tristeza, fracaso y más demagogia. Inicio esta carta recordando brevemente la anterior gestión porque en ella se grafica perfectamente todo lo que NO hay que hacer. Ese tiene que ser el mejor legado de Pacheco en estos 4 años de permanente sombra.

Señor Asbún, ojalá que la palabra proyecto tenga –en estos dos años venideros de su gestión– un correlato con la realidad institucional del club y no sea un simple comodín para salir del paso frente a las vicisitudes. La comunidad atigrada está hastiada de la demagogia permanente a la que nos acostumbró la anterior gestión, de la inoperancia consecutiva para administrar las finanzas, para configurar y fortalecer la ingeniería futbolística y para rediseñar el orden institucional del club. En ese sentido, quiero reiterarle que el Tigre atraviesa una crisis galopante de gestión. En Achumani se agotaron las ideas y se instauró la mediocridad como hábito para sostener la administración del club. Es por eso que me atrevo a recomendarle no rodearse de oportunistas, de benjamines, de amigos “fieles”, el Tigre necesita gestores, gerentes que reordenen la débil economía del club, necesita gestores deportivos que potencien la ingeniería futbolística y gestores que rediseñen los objetivos primordiales de nuestra casa.

La tarea es enorme y seguramente el peso del corto plazo ayudará a dejar de lado lo importante. Esta vorágine es la que no permite construir una institución con otra filosofía, con otro horizonte. En este contexto, casi ningún dirigente atigrado estuvo a la altura del desarrollo del fútbol como negocio, como generador de ingresos, como proveedor de entretenimiento para el espectador, como escuela formadora para la vida, como matriz cohesionadora de pasiones stronguistas. Ojalá don Sergio dé batalla a la vorágine del corto plazo. Ojalá doblegue esfuerzos para combatir a toda esa coraza de mediocridades en la que se refugian tercamente algunos stronguistas. Stronguistas que hábilmente se reciclaron en su candidatura…

Por las señales dadas entiendo que usted no caerá en la tentación dirigencial de crear en la comunidad atigrada una hiperinflación de expectativas. Entiendo la urgencia por armar lo antes posible un equipo competitivo para encarar los 4 torneos que le esperan al The Strongest en el 2009. Pero no caiga en los errores de otros quienes creyeron que al acumular jugadores “caros” estaban armando equipos imbatibles (¡Ay ingenuos!). Cuesta armar un equipo, pero cuesta mucho más formar jugadores que lleven la impronta atigrada. El Tigre, por ahora, no tiene ni lo uno, ni lo otro. Este es uno de los rasgos de esta feroz crisis que carcome trozos inmensos de nuestro futuro. Por lo tanto, muy humildemente le recomiendo instaurar en la comunidad atigrada la palabra paciencia, la palabra proceso pero con contenido y trabajo y no como escudo frente a la negligencia. ¿Por qué recurro a estas palabras? Porque para armar un equipo con las características del 2003 se necesita paciencia, recursos, un cuerpo técnico capaz de domar el vestuario y con mucho criterio pedagógico y futbolístico. Y para empezar a generar el trabajo en serio en la formación se necesita diseñar un proceso. Un proceso armado tomando en cuenta un conjunto de variables fundamentales de tal manera que no se diluya en un par de meses. Para ello hay profesionales con perfil interesante como el profesor Saenz quien hasta ahora no ha tenido ninguna oportunidad para formar jugadores dentro de las características de un proceso y en equipos “profesionales”.

De mi parte, como siempre, como un Tigre Silvestre -enemigo de los falsos protagonismos- estaré ahí para aportar al club ya sea con las tarjetas de oro, con mi constante presencia en las gradas del Siles, con la modestia que mis opiniones y mis limitaciones ostentan.

jueves, 4 de diciembre de 2008

¿Por qué es tan difícil la situación atigrada?

- Porque en una institución configurada a tropezones –construida exclusivamente sobre el dictamen del coraje y la extrema aventura– su elite dirigencial se reduce a inyectar recursos para salvar el momento y no ideas, menos fútbol en sus dos caras: la formativa y la profesional-competitiva.
- Porque la crisis y la debacle forman parte del ciclo de vida stronguista. En este difícil cuadro la complejidad para transformar la institución –la casa del Tigre– en una estructura sostenible se convierte en una utopía.
- Porque esta improvisada aventura de Jorge Pacheco –de casi 4 años de sistemática inoperancia– no hereda al club más que una deuda de 328.839 dólares. Y nos deja el mal sabor de su gestión que jamás encontró un norte ni en lo deportivo, ni en lo institucional.
- Porque Pacheco lega al Tigre un trocito de su inmenso patrimonio familiar: 5.865.192 millones de bolivianos con el fin de cubrir el orificio de la deuda. Dinero con el que Pacheco busca dejar en su salida un gesto heroico de su gestión y forma parte de su estrategia política para defenderse de la enorme voracidad de sus opositores –inmensa masa, por cierto. Sin embargo, habrá que recordarle a Pacheco que esa es la suma que el Tigre hubiera quintuplicado si es que clasificaba a Copa Libertadores o a la Copa Sudamericana en los cuatro años de su gestión…
- Porque el informe de gestión de Pacheco le hace un amague riguroso y hábil a las deudas impositivas, a los pases de jugadores, sobre todo el de Escobar. Detalle que pronuncia más la agonía aurinegra…
- Porque el estado de la cuestión del Tigre dibuja un contexto que nuevamente incentiva a que el club priorice la llegada de capitales antes que de ideas. Por tanto, la coyuntura exige que aterricen los apellidos de siempre con sus temeresosas billeteras…
- Porque las caras visibles de la hinchada replican las estrategias demagógicas de la dirigencia y no trazan alternativas para salir del foso…
- Porque lastimosamente el destino atigrado tiene en frente a una elite dirigencial mediocre con escasísimo potencial creativo para reconfigurar la institución. También se trata de una dirigencia que no se cansa en mandar señales en los que es fácil palpar que no tendrán recursos suficientes para afrontar la empresa del renacimiento atigrado.
- Porque esta crisis reincidente sumerge cualquier voz alternativa a este coro decadente que transforma la asamblea atigrada en un vulgar escenario para proyectar sus limitaciones. Y me refiero no sólo a Pacheco, sino a los sujetos que operan en la oposición, cómplices de esta debacle…

Foto: Suplemento Acción, La Prensa.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El cerco de nuestros mitos…

La debacle estronguista trasciende la vergüenza política que vive la centenaria institución. Esta no es sólo una crisis coyuntural del andamiaje dirigencial y de los sujetos que conforman esa decadente cúpula –que tenazmente se aventura a trazar un camino muy cómodo hacia la desintegración absoluta de la institución gualdinegra– es algo de sintomatología más aguda que compromete en gran medida la espina dorsal y hasta me animaría a decir: el corazón atigrado. A mi modo de sentir el amarillo y negro creo que todo apunta a esa peligrosa manía que tenemos los Tigres de enamorarnos hasta el absurdo del sufrimiento, de la improvisación, de la agonía, de esa melancolía que ofrece la derrota. El mito de resucitar de la ceniza debe cumplir su ciclo. El mito de ser los Más Fuertes está carcomiendo fragmentos enormes del futuro estronguista y lo que es peor resquebraja la sostenibilidad del Stronguer como institución. El mito del permanente renacimiento, el de ser los Derribadores de siempre impide configurar un proyecto institucional a corto, mediano y largo plazo. En otras palabras los mitos aurinegros erosionan valores convencionales como la organización, el trabajo, la responsabilidad, el compromiso, la creatividad; además que subestima todo lo que está relacionado con la planificación, la honestidad y el respeto. Y pondera exclusivamente la fuerza, la espontaneidad, la improvisación excesiva y deposita su fe en la irrupción del milagro, en algo que devenga de la polenta de la garra. Y es así cómo la dirigencia –Pacheco, Montalvo y el recién aparecido Llanos– están manejando la gerencia del club (protegidos con la coraza del mito actúan con una improvisación desmedida, desprovista de conceptos institucionales que les permita diseñar un norte al Stronguer, con muy poca honestidad de por medio y sin ningún respeto al Tigre). Es así como la comunidad atigrada se imagina a sí misma (como los eternos derribadores, como el club que tiene la obligación de sufrir hasta el último segundo para conquistar algún resultado), es así como esperamos que juegue el equipo domingo a domingo el equipo (con pura fuerza y huevo que sólo alcanza para ganar un par de partidos y no campeonatos), es así cómo entrena el Tano (con todos los códigos del ponga huevo, con la espontaneidad que ofrece el carajazo y con una excesiva fe en el milagro). El peso de nuestros mitos (configurados en 100 años) es tan fuerte que no nos permite reaccionar frente a esta crisis institucional. Todos los Tigres nos cobijamos tan cómodos en el Mito, sobreestimamos sus potencialidades mágicas como ya hemos vivido un Viloco, como hemos sufrido todo tipo de embestidas de las cuales renacimos esta crisis nos parece que no será más que una leve turbulencia en esta espesa historia de derrotas… Un capítulo más de esta historia de pocas glorias y de muchas derrotas. Despertemos del mito. Esta crisis no se solucionará con una Asamblea, ni con la convocatoria a elecciones que no es más que un mecanismo para volver a atraer escasos capitales frescos al club y un conjunto de problemas que vienen acompañados de los apellidos de siempre: Asbún, Ascarrunz, Bustillos que son los principales responsables de esta profunda crisis atigrada. Dirigentes astutos que apelando a los mitos estronguistas esconden su responsabilidad en este paulatino proceso que nos lleva al casi derrumbe de la institución. Como estronguista creo que es urgente reponer tradiciones más virtuosas como la frontalidad atigrada, la capacidad estratégica gualdinegra que abrió una resquicio de esperanza en la sequedad del Chaco, recuperemos la transparencia para actuar y proceder del gran Chupa Riveros, rescatemos la creatividad que hace 100 años impulsó a José López Villamil y a los primeros aurinegros a inventar, ladrillo a ladrillo, este prodigioso ámbito comunitario que don Rafael Mendoza dio cuerpo hasta alcanzar esta inmensa matriz que diariamente nos dibuja como Tigres.

Ilustración: Aldo Mercado

martes, 8 de abril de 2008

El Oro de los Tigres

Y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
Del mito y de la épica,
Oh un oro más precioso (…)

El Oro de los Tigres, Jorge Luis Borges


La impronta atigrada de la Garra no deviene de la larga lista de honrosos jugadores, del entramado de gloriosos y míticos equipos, menos por sus conocidos y polémicos dirigentes; la garra es una marca registrada que nace en la euforia amarillo y negro de cada uno de sus apasionados hinchas. Hinchas del ayer que nos legaron todo un saber cifrado en clave amarillo-negro. El Oro de los Tigres es su gente, mujeres y hombres, la vasta y compleja comunidad que cada Tigre conforma. El Oro de los Tigres es el Kalatakaya Huarikasaya, ese trueno aymara que fisura, retumba y estremece el corazón rebelde atigrado.

Uno aprende a ser Tigre en el vertiginoso tumulto que hace más de 100 años se teje
en el entorno de la cancha. Uno aprende a ser Tigre en la salvaje selva de la euforia atigrada. Uno aprende a ser Tigre en la sombra y en la gloria, con un pie asentado en un episodio de derrota y con el otro hundido en el orgullo tenaz de la garra. Y es desde las tribunas que se configura en cancha el inconfundible estilo de lo que somos. Un conglomerado enorme de luchadoras y luchadores que sin temor al tropiezo y a la derrota hacen de su inquebrantable fuerza un lenguaje. Una forma de expresar en amarillo y negro el fútbol y, sobre todo, la compleja poesía que se enreda en la vida.

Uno aprende a ser Tigre, en la multiplicidad de historias que abuelas y abuelos transmiten de oreja a oreja, de corazón a corazón. En los gestos de cada uno de los beneméritos que atados a su radio todavía escuchan los ecos de la Cañada Strongest. En las narraciones que cada quien esboza sobre su versión de lo que es el ser atigrado. En los mitos que nos refugian y nos cubren de una identidad luchadora. En el dolor de las marcas de derrotas dibujadas en nuestro estoico lomo aurinegro. En los infinitos goles gritados que fragmentan los corazones y las gargantas. En el notorio contraste que se produce frente al Celeste y Blanco Académico.

Uno aprende a ser Tigre en el misterio que se refugia detrás de cada uno de nuestros goles. En la Euforia fraterna compartida. En el cariño que cada quien le distribuye al The Strongest, al más fuerte. En la autoestima visceral que nos nace después de haber caído y tropezado. Sí, porque el The Strongest no instaura una historia que hegemonice la gloria, es también y, ante todo, una sinuosa historia compuesta por historias de derrotas, de triunfos que siempre ceden al matiz, al pero.

El hincha del Tigre tiene un destino demasiado empinado. Tal cual Sísifo carga el peso de la camiseta, en ella inscribe las marcas de su pasión, su fascinación, su im/paciencia, su fidelidad, su furia, su inocencia, su intolerancia, su autoritarismo, su absolutismo, entre otras marcas que lo distinguen a leguas como Atigrado. Y cada domingo desde muy temprano prepara su espalda para afrontar la cuesta, para afrontar las magulladuras del peso de cargar las durezas de la Euforia Stronguista. Ya en cancha Sísifo-Tigre se asoma a la cima de la cumbre. En ella, libre del peso, se entrega a la tensa levedad del juego, y en esta corta instancia o disfruta su llegada con un triunfo o sufre los avatares de la derrota; sin embargo, sea cual fuere el resultado todo concluye cuando inevitablemente Sísifo -Tigre, terminado ya el partido o la gesta, se avienta desde la cima, se arroja a la trampa de su agonía. Todo para recomenzar la faena, el próximo domingo. Ser Tigre es una forma extrema de aprender a sudar caudales tal cual como se suda en la cancha bajo el mando de la pesada e histórica polera aurinegra.

Los Tigres somos un laberinto inacabable de historias, épicas, ficciones, debacles, resurrecciones, calvarios y lágrimas. Nuestra gloria se construye sobre el escombro de cada derrota. Personajes de toda laya conforman esta nuestra familia que sabe mucho de sudor y goles, de las glorias del cielo y del calor devastador del infierno. Por eso somos amarillo y negro. Vivimos del contraste, y en el contraste. En un solo toque somos oro, carbón y fuerza, los tres lados de la inexplicable moneda atigrada.

Los 100 años no es una suma caprichosa del tiempo, por el contrario es un ámbito donde confluyen una multiplicidad de líneas, de referentes, de emociones, de detalles, de datos, de anécdotas, de revanchas, de misterios y de derrotas. No es fácil abrir la memoria atigrada sin caer en el vacío que ofrece la melancolía, sin desvanecerse en el júbilo que despierta esta sensación de llevar en la sangre los huracanados vientos andinos del aurinegro.

Son 100 intensivos años de enseñanza permanente al corazón aurinegro que se alimenta diariamente en la locura asfixiante de una pasión indescriptible, estoica, que rueda sobre el impredecible destino esférico de un balón. No es fácil ser Stronguista sin palpar la sal de la lágrima. Es que ser Tigre es encarar al mundo bajo una identidad móvil y en permanente construcción. Una identidad compuesta por diversas piezas dispersas en una centuria que se cohesionan en el amarillo y negro, en la sempiterna médula del GRAN Chupa Riveros. Se trata de una identidad intercalada entre la fuerza, la frontalidad, la batalla y la mixtura de versiones heroicas y antiheroicas que sólo ofrece el coraje de un Tigre Derribador. Un Tigre que se alimenta del cerco que impone su memoria pero que, al mismo tiempo, lo transgrede y lo resignifica.

Hoy cumplimos 100 años de compromiso incondicional con esta euforia. Hoy festejamos al Oro de los Tigres. A José López Villamil, que fundó no sólo un club de fútbol, sino una máquina lúdica para abordar la inmensidad del mundo. A los primeros hinchas, una turba híbrida de doctorcitos, mineros e indígenas que iracundos golpeaban piedras para dar fuerza al equipo. A la Chainita, ave que ofrendó sus colores a la trascendencia gualdinegra. A la Vicuña, que en su aventura le enseñó a correr al Tigre. A los héroes del Chaco que eligieron bautizar al fortín como Cañada Strongest con el fin de armar un cerco al absurdo de la guerra. Al infinito duelo por las insustituibles ausencias atigradas desaparecidas en el desastre de Viloco. Hoy festejamos al Oro de los Tigres. A la fidelidad y sabiduría de Lucho Galarza, a la fiereza impagable del Tano Fontana, al dulce juego del GRAN Chocolatín Castillo, al arácnido fútbol de Sergio Oscar Luna, a la fortaleza inquebrantable de Luis Héctor Cristaldo, a la displicencia añorada de Sandro Coelho, a la fuerza de Titán de Óscar Sánchez. El Oro de los Tigres, también, para aquellos que por caprichos del tiempo no vi: el Zorro Bastida, Jorge Latini, Max Ramírez, Osvaldo Potente, Eduardo Ángulo. Pero, El Oro de los Tigres, sobre todo, en estos 100 años de Euforia es para todos los hinchas del ayer y de hoy, que alimentan día a día, hora a hora, segundo a segundo esto que hace una centuria nos habita como una estela inagotable pintada de amarillo y negro.
Arte Digital: Aldo Mercado

domingo, 23 de marzo de 2008

No sólo perdimos el partido, también la dignidad

Es imposible descifrar la “propuesta” futbolística del técnico Bernardo Redín. “Propuesta” que se reduce en atorar, acumular, aglomerar inocentes atacantes aurinegros y desubicados puntas -carentes de olfalto de gol- con el único fin de esconderlos en una solitaria isla en el área contrincante. Redín nunca movió las piezas necesarias para que éstas vayan en auxilio de sus inútiles atacantes, por el contrario, optó por abandonarlos definitivamente; Redín, se quedó mudo al borde la línea de cal sin apostar por una variable táctica, sin ordenar las piezas, sin afilar la máquina futbolera y esperó con los brazos cruzados que se produzca el desastre. Decisión macabra ya que el Tigre perdió no sólo el partido, sino que también se perdió la dignidad. El resultado 3 a 1, frente a un rival, Universitario de Sucre, que supo desactivar la absurda maraña de fútbol que expuso el equipo del Dt Colombiano. Con un Mealla que logró un gol que fracturó la escasa fuerza anímica del Tigre, un Axel Bejarano lúcido que en cada toque abría heridas en una defensa atolondrada y con un Salaberry que se sacó la espinita de su horrible pasó por el Tigre. En síntesis, la inteligencia futbolística de Villegas dinamitó al desordenado planteamiento atigrado.

El equipo del Tigre Centenario no tiene resuelta una ingeniería futbolística que configure juego, tampoco se nota el trabajo en el armado de una estructura defensiva. El Tigre es un equipo quebrado en dos, con una sobrecarga de jugadores responsables de marca, débiles a la hora de ejercer su responsabilidad. A lo mucho en este Tigre se ve la gana desordenada y dispersa de Cardozo, la impotencia consecuente de Escobar, la poca eficacia de Silvera, la inoperancia de Méndez, el ni fu ni fa de Flores, la imprecisión de Lima, la torpeza de Ricaldi, la falta de fútbol de Rolón, la desmotivación de Angulo, la soledad de Bejarano... A este equipo no le duele perder y esto es lo que a larga más lástima de este inexistente proyecto futbolístico...

También es imposible descrifrar la “propuesta” gerencial de Jorge Pacheco. “Propuesta” que demuestra una vez más que no es suficiente tener una poderosa chequera y una frondosa billetera, sino que es más importante saber gerenciar un club. Está más que demostrado que el Doctor Pacheco no puede administrar los objetivos mínimos del Club. Sus decisiones coyunturales, su desnorteada apuesta futbolística, su inexperiencia a la hora de contratar jugadores, su demagogia frente a los medios, su poca credibilidad para armar cuerpos técnicos, su escasa visión para proponer políticas deportivas e institucionales, su oscuro manejo económico, su maleado y agresivo equipo de trabajo (Alberto Montalvo, Arnez, entre otros), su vergonzoso festejo de la primer centuria donde está ausente la histórica mística del The Strongest lo hacen acreedor al título del peor dirigente atigrado de estos 100 años. Si exagero, ruego, imploro a mis lectores, que rebatan estos criterios, pero con ideas y ejemplos, no con insultos y amenazas.

No es posible que a tres semanas del inicio del centenario la dirigencia organice una fiesta chicha a las "damas atigradas", fiesta impreganada de espantosos gestos machistas. Detalle que infecta y corroe a la compleja práctica cultural llamada fútbol. No es posible que la actual dirigencia cínicamente utilice el centenario para lavar y proyectar su podrida imagen.

Atigrados, estamos a dos semanas del esperado centenario. Centenario secuestrado por un bando de peligrosos vividores que saben muy poco lo que es ser Stronguista, que ni por casualidad saben la Historia del Tigre, menos de la pasión indescriptible que despierta el oro de los Tigres, tampoco saben lo que es llorar y derramar lágrimas aurinegras después de cada derrota, es gente que nunca gritó un gol del Tigre hasta que la garganta se quiebre en sangre... Este redactor de blog no participará en ningún acto cumbiero de la dirigencia; actos que desplazan a la sombra lo que es el ser Atigrado y que buscan poner en el centro de la escena la frivolización del festejo estronguista.

Atigrados somos parte de un legado que debemos potenciarlo y heredarlo, no permitamos que estos sinverguenzas jueguen con esta tradición, simplemente para satisfacer sus mezquinos proyectos personales...


¡Viva El TIGRE CARAJO!