miércoles, 30 de junio de 2010

Dilemas naranjas

"Decía que la "Naranja Mecánica" del 74 erar el fútbol total, que jugaban basquetbol con los pies, los enfrentamos nosotros en el 72 con Independiente y Pipo Ferreiro, el técnico, me hizo jugar de cinco. Jugué en Amsterdam, donde perdimos 3-0. Era tal la superioridad, que en un momento lo miré al Zurdo López y le dije: "Zurdo, contalos, que son más". (Luis Garisto, Hablemos de fútbol)

Cuando ataca Holanda el mundo es perfecto: las diagonales de Robben, los trazos de Sneijder, el ir y venir de Kuit, los caprichos estéticos de van Persie. Y hay minutos, en todo partido de la misma Holanda, en los que se teme lo peor, lo irremediable, lo injusto pero factible.



Cuando los tulipanes llegaron al Mundial de 1990, idolatrados campeones de Europa, su técnico Leo Beenhakker hizo una declaración que sonaba a condena: “En un Mundial o Eurocopa, el 90 por ciento de los equipos asiste para ganar, pero siempre hay uno que simplemente desea mostrar lo bien que sabe jugar: ese equipo es Holanda. Ese es nuestro drama. Como un boxeador que es muy bueno pero no sabe noquear al contrincante”.




Lo increíbles es que podemos imaginarnos en cancha a Cruyff, a Gulitt, a Bergkamp, a Seedorf, a van der Vart. Imaginar en ataque a Rep, a Rensenbrink, a van Basten, a Kluivert, a van Nistelrooiy: el naranja de Holanda brilla no por su chillantez sino por el genio lúdico de sus ofensivos, pero eso garantiza pocos títulos.




Pasea el Narciso holandés a sus rivales, les mete el primer gol, genera las ocasiones para marcar el segundo, y luego se distrae en disfrutarse, gozarse, no creerse, verse en el espejo como adolescente que se acomoda el fleco, y termina el partido: han perdido 2-1.




Contra Japón estuvieron cerca de ser alcanzados en el último instante tras un partido que les perteneció y Eslovaquia les amargó el final del partido de octavos de final. Los naranjas han ganado todos sus juegos, pero esa vieja capacidad redentora genera sospechas, o, como dijo Leo, Holanda es el boxeador brillante que no sabe noquear.



Existe un paralelo entre su preciosismo futbolero y la cultura local: hacer espacio. En un pequeño país, desde siempre sobrepoblado y arrinconado contra el mar, los holandeses han luchado por acomodar a todos sin perder la sensación de apertura, de aire.




Una de las principales características del “futbol total” de la Holanda del 74 -que sin ambiguedades, ni dudas ha configurado el fútbol moderno- era agrandar el espacio al atacar y reducirlo al defender. El mecanismo para ello radicaba en rotar posiciones constantemente a fin de, primero, recuperar balón a la brevedad, y segundo, hallar vías de acceso a la portería rival. Sin embargo, todo ese afán por encontrar espacios sólo se ha traducido en una gloria (la Euro 88) y en muchísimas e incontables desilusiones.




Jugar contra Brasil en estos cuartos de final, revive mitos y fantasmas: los amazónicos son la negación de aquella idea naranja de que jugar bonito no se traduce en ganar.
Si las piernas de cristal se lo permiten, otra vez brillará Robben. Y ahí estará el magistral Sneijder, y el paranoico van Persie, y el joven gambetero Elia, y el todo-terreno Kuyt... Nos encandilará ese naranja, habrá momentos en los que Brasil no podrá ver ni las placas del auto turbo naranja que lo habrá arrollado, pero a la hora del silbatazo poco chance otorgamos a esta futbolera reivindicación que una vez más estará obligada a perder.




Y es que como una vez dijo Patrick Kluivert riéndose: “lo importante no es que sea gol, sino que sea bonito”.

martes, 29 de junio de 2010

5 seleciones

Para el redactor de este blog son 5 los seleccionados que más cerca pueden estar de campeonar. Empecemos por España, que jugó hoy el partido de octavos frente a Portugal, una selección intrascendente.


Hay dos Españas. Una es la que toca, se desmarca, intercambia posiciones y desequilibra en el ataque. La otra es la que se para estática, con sus jugadores clavados en una zona limitada, que anuncia sus movimientos y cae en la depresión. Lejos de lo que venden los medios españoles como Marcas, Sport, As esta selección está lejos de la exquisitez del tiki-tiki, pero tiene a Xavi e Iniesta y sobre todo a un gran jugador como Villa. Presumo que en cuartos sufrirá el cierre de espacios de Paraguay, pero no tengo duda que accederá a la semifinal. Allí, en ese territorio desconocido para los españoles ya sea Argentina o Alemania aplastarán con rigor a una selección que no está a la altura de lo que se dice de ella.


Argentina. Está en cuartos, Higuaín hace goles y Tévez se enchufó, pero una vez más la noticia es Messi. El centro de todo, el futbolista que tiene que llevar a la albiceleste al título. Argentina necesita un 10 para que todo funcione. Maradona se peleó con Riquelme, ha traído a Verón y Pastore. Pero no. El 10 es Messi. Maradona quiere que Messi sea el Maradona del mundial de México 86. Juega retrasado, con muchos metros hasta el área, participa más pero lleva menos peligro. Es Messi y en cualquier momento hace una jugada maradoniana y gana un partido, pero tan atrás pierde. Alguna vez le hemos visto en el Barcelona ahí, pero con futbolistas mejores en el medio. En Argentina no. En Argentina a menudo es Messi contra el mundo. Supongo que con Pastore o Verón de 10 y Messi más arriba las cosas irían mejor. Quizá sacrificando a Maxi, no sé. Es Messi y él solo puede llevar a Argentina hasta la final. Pero tan atrás va a ser más difícil. Veremos.


Alemania. El equipo que más ha crecido en los últimos meses, y uno de los que más apetece ver ahora mismo del mundial, a la espera de que España se entone del todo. Juega de maravilla, balón al pie, paciencia, abre a las bandas con Podolski y Muller, juega con Khedira en el medio en lo que es una de las grandes revelaciones del mundial, y sobre todo tiene a Ozil. Sería exagerado decir que el nuevo estilo de Alemania se construye alrededor de Ozil, pero lo parece. Le buscan, él se ofrece. Pocos jugadores hay con más talento en esta Copa del mundo. Si no fuese por la sensación de debilidad defensiva y la poca fiabilidad de Neuer los alemanes serían favoritos al título. De momento no, pero casi.


Brasil. El caso contrario a Alemania. Dunga estará satisfecho tras el partido ante Chile, su Brasil ya es exactamente lo que él pretendía. Bien construído atrás, sostenido por el mejor portero del momento, con poca creatividad en el medio pero agresivo y rápido arriba. Robinho ha entendido que tiene que ser el origen de todo el juego de ataque y lo hace. Ni Kaká ni nadie más, si en alguien reposa el juego de ataque de Brasil es en Robinho. Luis Fabiano las aguanta, las pelea, finaliza. Lleva un gran mundial, pero Robinho en ataque es el mejor. Desde el punto de vista colectivo, Brasil ha sido el equipo más poderoso.Y guste o no, es mérito de Dunga. Al César lo que es del César, a Dunga lo que es de Dunga.



Holanda. Caso curioso. Tiene toda para jugar con dos extremos bien abiertos pero no lo hace. O bueno sí, lo hace pero sin extremos. Con la lesión de Robben los holandeses jugaron incluso con Kuyt y Van der Vaart en las bandas. Posición de extremo para hombres que no lo son. Con Robben se mantiene Kuyt. Tampoco. El daño que haría Holanda con Elía y Robben en las bandas sería tremendo, pero de momento Holanda sólo amaga. Gana con dificultades en un mundial de momento con un calendario benévolo. Y con poca creación con Van Bommel y De Jong en el medio.

lunes, 28 de junio de 2010

Admirable Robben, mete miedo Brasil

Hoy creo que está demás escribir sobre la magia de Robben… Basta con verlo y admirarlo plenamente. El partido de Holanda – Eslovenia fue intrascendente excepto cuando Robben la tocaba, la masaba, transformaba el balón en un objeto dócil, en la jugada inteligente que teje a su alrededor… ¡Impresionante!



Del partido entre Chile – Brasil Bielsa volvió a plantear el partido desde un punto de vista sumamente predecible. Pero basta con que en el banquillo esté Bielsa para que todos hablen del admirable juego de Chile (¿?). Hoy Chile no jugó a nada, ni siquiera a que no le hagan una goleada. Bielsa es un tipo admirable dentro y fuera de la cancha, sin embargo, sus seleccionados cuando juegan partidos fundamentales no tienen variables para afrontar los partidos.


No era demasiado difícil acertar que Brasil le ganaría a Chile sin mayores dificultades. La diferencia de jerarquía individual es enorme y Brasil sabe a qué juega. No es el caso de Chile. Hace dos partidos hablé bien de Bielsa, de su empecinamiento por jugar siempre a la ofensiva e imponer su determinación aun contra todas las probabilidades. Pero contra España, el trabajo de Bielsa me sugirió un balance negativo: los constantes cambios, los nervios del equipo, la excesiva obediencia de los jugadores, las expectativas desmedidas de los hinchas, el esfuerzo inútil, la actitud monacal, las largas concentraciones, el contacto regimentado con la prensa, la prohibición del sexo para los futbolistas y todo ese aparato simbólico del logotipo Bielsa me hicieron pensar en un esfuerzo completamente inútil que, en definitiva, tiene algo de engaño. No es que Bielsa sea deshonesto, pero creo que se engaña a sí mismo: lo que hace no sirve demasiado.

No sirvió lo de Argentina en el 2002, un equipo preparado para matar que creó una sola situación de gol en tres partidos, y no sirvió lo de Chile en Sudáfrica, que arrancó bien contra selecciones flojas y cayó estrepitosamente frente a las que tenían otros recursos y otra historia. Se dirá que Chile ganó un partido en un mundial después de 48 años, que la actuación del equipo fue digna y superior a la de otras oportunidades. Pero cuál es la idea de invertir horas y horas de estudio y de práctica para crear automatismos futbolísticos que no dan resultado en la cancha, no solo por el score sino por el juego. Chile encaró cada partido con un dibujo táctico y una alineación diferentes. En algunos casos, muy diferentes. Es cierto que Suazo, su único delantero de punta temible, estuvo lesionado y nunca se recuperó del todo. Y también es cierto que contra España el árbitro lo liquidó prematuramente pero hoy, en el encuentro decisivo, Chile salió a jugar sin volantes creativos y con el nueve en una pierna. ¿De qué sirve en esas circunstancias pretender que se lo ataca a Brasil si no se le crea una sola situación de gol hasta que el partido está definido? ¿Por qué Valdivia, claramente el jugador chileno con más talento, tiene oportunidades mínimas de jugar y nunca se le pide que conduzca el equipo hasta que el marcador es adverso?

Es cierto, Chile fue un equipo disciplinado y solidario, en el que no hubo malas caras, peleas, ni gestos descomedidos. Pero ese logro es más importante en un campamento de boy scouts que en una competencia deportiva. Siempre es triste perder, pero es un poco más triste cuando uno se convence de que tiene el sistema para ganar pero en verdad no tiene con qué hacerlo. España fue más que Chile, pero Brasil fue demasiado. Eso no importaría si Chile fuera Eslovaquia contra Holanda, con su técnico del traje a rayas. Pero es tremendo que el entrenador de un equipo inferior se amargue como se amarga Bielsa en el banco y que haga amargar a todo un país al que le hizo creer que su equipo estaba en otro nivel de competencia. Es cierto que en algunos países no parece haber salida: Bielsa fue mejor que Nelson Acosta —un camelero que sancionaba jugadores— y que tantos otros. Es mejor persona, es más noble, tiene otra idea del juego. Pero está equivocado como entrenador de selecciones y dos mundiales lo han demostrado.
Del otro lado, Brasil es algo espantoso. Si Chile intenta jugar más de lo que puede (una presión constante que termina en impotencia ofensiva y goles en el propio arco), hace demasiados años que Brasil juega menos de lo que puede. Sabe que tiene los mejores jugadores del mundo en cada puesto (si no tiene el primero, seguro que el segundo) y en lugar de concluir que debería golear y gustar se conforma con ganar cada tantos años un mundial y con salir sin haber aportado nada en los restantes.

Con la historia a favor y el papel de favorito entre favoritos, Brasil se plantó en octavos asumiendo su debut en el "veradero Mundial". Sin urgencias pero con complejo histórico, el equipo de Bielsa enfrentó a la "canarinha" con su arsenal de siempre: Presión asfixiante en el centro del campo, robo de balón cerca del área del rival y un ritmo de juego vertiginoso. La receta chilena, que fue un martirio para España durante media hora, se repitió con los mismos resultados ante los brasileños. Fajó, buscó el cuerpo a cuerpo y forzó la máquina. Pero, como ante España, Chile nunca encontró el modo de matar el partido. Sin último pase, sin clarividencia y sin alternativas en el ataque, la resistencia del mediocampo chileno fue minando poco a poco, minuto a minuto, segundo a segundo. A la media hora, en una jugada de laboratorio, los armarios empotrados de Dunga dinamitaron la débil defensa de Bielsa. Una torre humana, Juan, protegido por Lucio y por Luis Fabiano, metió la testa para hacer el primero. Con la autoestima por los suelos, Chile no volvió a levantar cabeza. Sólo tres minutos después del primero, llegó el segundo puñetazo carioca. Luis Fabiano, poco estético pero muy eficaz, acudió a su cita con el gol de manera puntual. El ariete sevillista, todo fibra, se abrió paso entre los centrales después de un toque suave de Kaká. Al filo del fuera de juego, quebró al arquero y marcó. Brasil, con suficiencia, mató cuando tenía que matar. Lo hizo con la cotidianeidad de ese empleado que pasa un día más en la oficina. Chile, herida de muerte, se resignó. Durante 34 minutos, el equipo de Bielsa aguantó de pie. De ahí en adelante, se desmoronó como un castillo de naipes.




En un intento desesperado por cambiar el guión brasileño, Bielsa metió a Tello y Valdivia por Contreras y Mark González. El experimento no funcionó. Brasil fue más físico, más inexpugnable, más fiable, más veloz, más fuerte y mucho más directo. Chile, todo voluntad pero nula pegada y cero ideas, presentó su rendición de manera incondicional con el tercero, rubricado por Robinho de manera brillante. De ahí hasta el final, Chile fue un nada que acabó achicado por el músculo y el físico terrorífico de los brasileros. Con los chilenos bajando los brazos y con muchos espacio libre, Brasil se dio un festín en el contragolpe. Unas veces llegó al área chilena con la potencia de velocistas como Maicon, Alves y Ramires. Otras, con la finura de Kaká y Robinho. Roto por el eje, Chile tuvo un ataque de dignidad y quiso morir matando. Pero a pesar de los esfuerzos de Suazo y compañía, Chile nunca pudo. Bielsa, resignado, debió pensar que habría dado un brazo por disponer de Zamorano y Marcelo Salas. Sin gol y superados, los chilenos inclinaron la cabeza ante un rival superior. Fue demasiado para ellos. Brasil, en su partido más completo del campeonato, les pasó por encima.




Dunga, enterrador del "jogo bonito", el responsable de “militarizar la samba” (como dice Juan Villoro) sigue acumulando cadáveres deportivos y victorias con su receta industrial: Solidez defensiva, jugadas a balón parado y contragolpe letal. Sólo un iluso podría discutir que Brasil es firme candidato a ganar el Mundial. Otra cosa es el asunto estético, antes seña de identidad brasilera. Con el paladar acostumbrado a las fiestas del fútbol samba, resulta grotesco que Brasil, el gran estandarte del espectáculo, haya profanado su propio templo en función del pragmatismo. La nueva versión brasileña, una versión clónica de la Alemania de los ochenta, se ha convertido en una máquina de ganar. No engancha ni cautiva, pero gana por contundencia irrefutable. Brasil asusta…

domingo, 27 de junio de 2010

¿Desmitificar a Bielsa?

El universo del fútbol se dimensiona en 64 partidos por ahora jugados en Sudáfrica. En este vasto universo hay un ausente muy importante, casi determinante en la configuración del fútbol de hoy: José Mourinho. Este personaje se halla a las antípodas de otro: Marcelo Bielsa. ¿Por qué los comparo? Por un detalle muy simple. Creo que el fútbol moderno se debate en aquello que ha llegado a conceptualizar tanto en el discurso como en la cancha además en los logros estos dos directores técnicos, directores de orquesta, pensadores y ejecutores de fútbol… Lo que los diferencia no es el fin sino el medio, a ambos el único elixir que los alimenta y los fecunda es el triunfo pero los métodos para llegar a él los acomoda en mundos distintos de este apasionante universo que se llama fútbol.

Detrás de Mourinho siempre se levanta una polvadera de adjetivos que constantemente apuntan a la racanería, pragmatismo y mezquindad. Por el contrario, detrás de Bielsa los adjetivos, casi en consenso, lo coronan como el Dt distinto, el del pressing, el obsesivo del detalle, el pretensioso que piensa en “todas” las variables del juego, el que pierde pero pierde atacando. En este texto no quiero abrir la zona mediática que igual los diferencia y los transforma en sujetos densamente particulares, sólo pensemos en la arrogancia y las estrategias del lusitano que siempre se transforman en titulares de los medios del mundo y en los ojos agachados de Bielsa que evaden de forma sistemática los lentes de todo tipo de cámaras. Ahora, quisiera detenerme en el juego, en los estilos que proponen ambos entrenadores y configuradores de fútbol.


El viernes Bielsa a través de la selección chilena así como deslumbró cómo sus seleccionados quitaron el balón a la selección española de algún modo para mí el rosarino se mostró algo ingenuo y predecible (ingenuo en ese idilio que persigue a través del fútbol), demasiado enamorado de sus formas de ver el fútbol, de sus conceptos, de sus obsesiones. En otras palabras, demasiado enamorado de sí mismo. Creo que Chile se entregó con mucha facilidad frente a España. Fue por supuesto mucho más interesante ver a Chile, como Ícaro que va al sol sabiendo que sus alas son de cera... Y en esto Bielsa fue el mayor responsable. En todas sus declaraciones previas señaló que él no puede plantear partidos para el empate, sólo puede diseñar juego en función de ganar. No entendió que España con el empate podía estar eliminada y no jugó con esa variable especulativa. Asustó sin causar el menor rasguño en el área española, dominó durante 25 minutos y a partir de ahí se cayó su planteamiento, los jugadores –con rostros muy parecidos a los argentinos frente a Suecia– además de extenuados, se extraviaron en entorpecer el juego español con faltas y con muchas fragilidades e imprecisiones en la salida. FUeron estos detalles los que le hicieron perder el partido. Bielsa podía haber jugado con la ansiedad española, podía haber administrado mejor la ansiedad de la selección que dirige y no lo hizo. Esto demuestra que Bielsa apuesta de manera obsesiva y casi predecible a una sola forma de ganar que es la suya. En síntesis: Bielsa trabaja sus equipos a un registro. Creo que se equivocó frente a España… Chile no es Argentina, no es Brasil…

Mourinho es un Dt mucho más maquiavélico en ese sentido. Sus equipos desde el punto de vista de espectador no seducen, adormecen el juego... Pero el detalle que es interesante en el portugués es que no se repite y sale a ganar cuando así el contexto lo determina o sale a racanear cuando la situación se lo exige como método más importante para plantear un partido. Para él no es indigno buscar un empate. Pero repito, lo interesante es la multiplicidad de registros. Si pensamos frente a Barcelona en la semifinal de la Champions League el Inter no podía salir a presionar a lo loco a Barcelona porque terminaría perdiendo. A Mourinho, como a todo DT, le piden la victoria, él piensa, estudia, y comprende que sólo de este modo puede ganar ante el equipo al que no se le puede discutir la posesión del balón, a Barcelona. Frente al mismo equipo en su casa presenta otros rostros, otro modo de poseer el balón, también de atacar a Barcelona y gana 3 a 1.


Con esto no quiero decir que Mourinho es un mejor técnico que Bielsa. Sin embargo, creo que el fútbol te exige una multiplicidad de registros para encararlo. Creo que Bielsa allanó el camino español, le abrió las puertas a ser primero del grupo con mucha ingenuidad y testarudez. El necesitado parecía Chile y al final del partido terminó rogando que Suiza no le gané a Honduras. En ciertas circunstancias, no está mal la racanería, la mezquindad, sobre todo en selecciones menores como la chilena. Mañana la selección de Dunga esperará ansiosa que Bielsa le planteé un partido similar al de España, donde Bielsa asombre al universo del fútbol con su modesta selección dominando al penta campeón. Ese será un territorio muy propicio para que Brasil se come a su presa en octavos. Pero al final del partido todos admirarán al “gran técnico”, a sus obsesiones, a su admirable pressing, hablarán “que bien le robó Chile la pelota a Brasil” y punto eso será todo… ¿No hay algo de demagogia en esto? ¿Acaso Bielsa no es igual de maquiavélico que Mourinho? ¿A Bielsa le interesa que Chile trascienda en el mundial? ¿O acaso es más importante su ego profesional? Ojalá mañana Bielsa me sorprenda y no haga más de lo mismo: una sutil racanería y mezquindad personal…

viernes, 25 de junio de 2010

Con Dunga, Cristiano no sería titular

Brasil ganó el grupo. No creo que con su fútbol esté conquistando nuevos adeptos, ni con sus resultados nuevos fanáticos, pero nadie le puede quitar a Dunga el primer lugar de una fase llamada "de la muerte" desde el día del sorteo.

Pero tampoco podemos culpar al entrenador brasileño de no cumplir, porque nunca prometió el famoso jogo bonito, ni profesó la fantasía, ni la estética en su propuesta. En el mundo Dunga, las celebridades, el glamour, el mundo fashion están de lado y las cambia por obreros, rústicos y gente del común.

Es más, para él son un problema las figuras, y de tajo las alejó de Sudáfrica. Ronaldinho, Ronaldo y Adriano lo miran por "tv". Fuera de Kaká, Dunga prefiere a Elano que al mediático Dany Alves, hace ingresar a Ramírez, pone de titular a Nilmar y Grafitte también tuvo su oportunidad como relevo. Con la conducción técnica del capitán campeón del 94, jugadores de Wolfsburgo, Panatinaikos, Benfica y Villarreal le ganan el pulso a los del Milán, Juventus, Barcelona y Real Madrid.

Dunga, el más antigaláctico, se pone ropa que no combina, nunca usa corbata, prefiere que sus jugadores la toquen antes de que ejecuten una gambeta y la concepción colectiva del juego siempre debe superar a la capacidad individual de sus fichas.

Por eso, el Cristiano Ronaldo de este mundial no tendría ni la más mínima posibilidad de estar en un equipo dirigido por el entrenador del penta.

CR9 pasa por un momento en el que quiere vencer primero a sus compañeros que a sus rivales, minimiza a Danny, cuando está Almeida, el centro delantero se desespera mirando firuletes. De las pocas veces que ha pensado en un compañero, nació un gol ante Corea del Norte. Y eso que no quiero escribir de la costumbre de estar peinándose y mirándose en la repetición de la pantalla gigante de los estadios.

En el fútbol siempre deben jugar los mejores, pero nunca perder la concepción colectiva, aunque tampoco negar los valores individuales.


En realidad para mi gusto futbolístico no nombraría a Dunga como entrenador de mi equipo y no me gastaría tanta plata en Cristiano Ronaldo, aunque no puedo negar que cuando le sale una jugada me levanto y aplaudo.


Por Tito Pucceti

Al final Chile cumplió...

Cuando Chile venció a Suiza hubo un elemento fundamental: no jugaron con ansiedad. Este detalle fortaleció el ímpetu creativo de los chilenos. Hoy en cambio frente a España se excedieron en nervios, la ansiedad devoraba la pausa y eso no les permitía procesar ese vértigo frenético que tanto gusta a Marcelo Bielsa. La ansiedad se reflejaba en el hiperquinético juego del Alexis Suazo que deambulaba por tener y retener la pelota. Se reflejo en esos primero 15 minutos donde a Chile fácilmente le sacaron tres tarjetas amarillas. En el absurdo remate de Bravo a los pies del implacable Villa. En los nervios y la impotencia que se reflejaban en los infinitos gestos de Bielsa, típicamente acomodado sobre sus rodillas como queriendo en esa pose descubrir alguna clave para transformar el partido.

Con esta enorme ansiedad Chile asfixió de entrada el tráfico español en el centro del campo. Esa máxima obligó a los de Vicente Del Bosque a jugar sin la pelota, un calvario hasta ahora nunca sufrido. España sin pelota es una selección intrascendente. El equipo español, huérfano de esférico, vivió un tormento desposeído de su trofeo más preciado. Chile, apoyado en una presión terrorífica, exigente, brutal, embistió a una España que no encontraba las claves en ese manual sobre el cual entraron y supuestamente previeron las variables del partido. Chile con 2000 voltios, se enchufó al partido y condenó a España a parecer un cable pelado. Era el mundo al revés: Chile tenía la pelota y España la perseguía. La Azul, porque esta vez La Roja mudó de color, aguantó el martirio chileno, que no dejaban espacio sin presionar. En su salsa, el equipo de Bielsa convirtió su fútbol en un ajedrez revolucionario. La apertura chilena hizo zozobrar a España. Allá un caballo, Mark González (un cohete). Por allí un alfil, Valdivia (un incordio). Y más tarde, una torre, Bounseyour (un jugador impredecible). España sólo atinaba a defenderse. El temporal pudo desencadenarse de no haber mediado dos cruces extraordinarios de Piqué y Busquets. Cuando peor la pasaba España encontró su oportunidad…


Tres acciones dinamitaron el tablero cartesiano del maestro Bielsa. Todo empezó con una cabalgada eléctrica de Torres, todo fe, en un envío kilométrico. Fernando forzó que Bravo metiera el pie, la pelota cayó en los dominios de Villa y el asturiano, magistral, ejecutó un globito teledirigido que voló con delicadeza hasta posarse en las redes. El tanto, liberador, dejó entrever el talón de Aquiles de Chile, su defensa. Con la duda instalada en el equipo de Bielsa, España golpeó de nuevo. Iniesta se puso el frac, tiró una pared con Torres y devolvió a Villa, abierto en el pico del área. El asturiano, sutil, amagó con el disparo y sirvió al espacio libre para Andresito, que apareció libre de marca en la frontal. Su remate, un canto a la precisión, entró a ras de hierba pegado al poste. España, a la que medio mundo acusaba de falta de pegada, hacía dos goles en dos disparos.


Otro detalle importante fue que bastó que entrara en acción Marco Antonio Rodríguez Moreno, Chiqui Drácula, según los mexicanos, para que Chile se perdiera en la cancha. Rodríguez es un árbitro que no tiene contemplaciones con los infractores ni con el fútbol y cuyos actos de tarjetero serial desacomodan los partidos. En un lapso de seis minutos, les sacó tres tarjetas amarillas a los chilenos. La expulsión de Estrada fue el tercer movimiento en falso de Chile, que arranco el partido de forma brillante y terminó exhausto más preocupado en el partido entre Suiza y Honduras.



En el segundo acto, Chile no varió su apuesta y España volvió a las andadas. Con más balón pero menos profundidad, el equipo de Del Bosque se tomó cinco minutos de respiro y quiso imponer su famoso fútbol-control. La apuesta española le costó un gol de Millar, rozado por Piqué, que abría de nuevo un partido que parecía cerrado. Sin margen de error, entró Cesc Fábregas para cambiar la velocidad de ejecución del centro del campo. Sus tres primeras apariciones fueron una bendición para el fútbol. La mala noticia para España fue que, salvo chispazos puntuales, su ritmo nunca fue a más. España se limitó a sacar la calculadora y secuestrar la pelota y Chile, con un ojo puesto en el empate entre Honduras y Suiza, se dejó llevar. Mitad exhausta, mitad conformista, la horda de Bielsa aceptó el armisticio y juntos, españoles y chilenos, dejaron correr el tiempo. De un modo feo, pero práctico, unos y otros aceptaron su posición final en el grupo. Chile no quiso morir matando porque entendió que puede quebrar la historia frente a Brasil (esta es definitivamente una utopía futbolera, deseable utopía). España tampoco pisó a fondo, porque entendió que bastante había tenido con superar el drama de su debut ante Suiza. Con el objetivo cumplido, ambos firmaron la tregua. España, esta vez sin buen fútbol, sí supo salir del pozo en el que ella misma se había metido ante los suizos. Francia o Italia, por ejemplo, no pueden decir lo mismo. España se mete en octavos, pero tampoco puede presumir. Próxima estación, la Portugal de Cristiano Ronaldo. Un todo o nada. A Chile el difícil reto de vencer a Brasil…

Peripecias de los entrenadores

Si en este Mundial el chivo expiatorio favorito de los arqueros ha sido la Jabulani, el de los seguidores ya no es el árbitro, sino el director técnico. Con ocurrencias arcanas, contraintuitivas y a veces insostenibles, el también llamado míster parece obsesionado con sorprender a la fanaticada –en parte para justificar su sueldo millonario, en parte para hacernos creer que él ve más– mediante decisiones que festejan sobre todo los equipos rivales. Se dice que en Montevideo, cuando vieron que México saltaría a la cancha para el partido decisivo con el Guishe Franco como presunto ariete, las calles se llenaron de candombe y serpentinas, y también se ha escuchado a los muchos detractores de Italia corear el nombre de Camoranesi en los estadios, convencidos de que la vieja gloria del Cruz Azul conseguiría transmitirle a los Azzurri la maldición de la inoperancia y el lento semirritmo.


Ya desde las listas de convocados la ira se estaba desbordando en dirección de los banquillos. Siguiendo el ejemplo del Mundial de Italia 90, cuando en el duelo Argentina-Brasil de octavos de final el aguador de la albiceleste disolvió un Royphnol en las botellas que beberían los amazónicos para sedarlos, una vez que se supo que Dunga no llevaría a Ronaldinho a Sudáfrica se desató una fiebre nacional para intoxicar al timonel, no con narcóticos sino con cicuta. Y antes de que Francia se hundiera ignominiosamente en el grupo A de la mano de Domenech, ya había en París el proyecto de transformar el Obelisco en una vuvuzela gigante para empalarlo tan pronto regresara.


Aunque Maradona viajó a la cita mundialista con la etiqueta de ser la piedra en los botines del tercer campeonato argentino, hasta ahora han sido Domenech, Marcelo Lippi y el Vasco Aguirre los técnicos que han destacado por su terquedad y sus metidas de pata. México, es cierto, a diferencia del campeón y subcampeón del mundo avanzó a la segunda fase, pero habría que decir que la hazaña la consiguió en buena medida a pesar de Aguirre, y más bien gracias a que la mala estrella del técnico de los Bleus era aún más nefasta que la suya. Lippi, por su parte, es obvio que dejó la cabeza en el pasado y nunca la volvió a encontrar. No sólo creyó que el 2006 podría durar para siempre y Cannavaro no se convertiría en una momia disfrazada de capitán; también supuso que 1982 era algo así como el sello de agua de todos los mundiales y bastaría jugar sólo los últimos diez minutos de la primera fase para avanzar a tropezones con tres empates sudados. La mala suerte hizo además que a la maquinaria normalmente bien aceitada de los tetracampeones le faltara un eje importantísimo —Andrea Pirlo—, y sufriendo como siempre sucedió lo que casi nunca: que Italia hiciera las maletas tras el tercer desafío.


Es verdad que nos gustan tanto los chivos expiatorios que, si pudiéramos, los ordeñaríamos para más tarde triturarlos a través de los medios. Y también es verdad que quienes se desempeñan en el rectángulo de césped son los futbolistas y hacia ellos deberíamos dirigir la mirada y las críticas. Pero en el armado de una selección el técnico tiene mucha tela de donde cortar, las piezas del rompecabezas las decide él, y está claro que la desgracia de un equipo se escribe desde la convocatoria. Lippi, que siempre ha jugado a ver más, no sólo marginó a los ya veteranos pero muy peligrosos Totti, Del Piero y Toni, y a los delanteros que todos los tifosi pedían: Cassano, Balotelli y Borriello, sino que confió en la Vecchia Signora del Calcio —la Juventus—, como columna vertebral de una Italia lerda y decepcionante. Buffon, Cannavaro, Chiellini, Marchisio, Camoranesi, Pepe, Iaquinta… ¡todos de la Juve!, y no hay que olvidar que en su liga local ese equipo se quedó en un deslumbrante séptimo sitio y que su defensa, encabezada por los tres primeros arriba mencionados, recibió 56 goles, demasiadas para cualquier equipo de primera división y un auténtico escándalo para la mística italiana.




Así como Lippi dejó todo en manos de los inoperantes jugadores de la juve, (quienes se encargarían de hacer que Italia calificara con la inercia del pasado), Domenech y Aguirre, cada cual a su modo, también se aferran —se aferraron—al clavo ardiente del esoterismo y la cábala. Mientras que en el caso del timonel francés se antoja un gesto de desesperación consultar a las constelaciones para conjurar la ausencia de gol, qué decir cuando un entrenador sobrio pero imaginativo, como solía ser el Vasco, confía ciegamente en un oráculo de nombre Mario Carrillo, tan enigmático como el de Delfos pero tan dudoso como el de Walter Mercado. “El mejor jugador nunca debe permanecer en la cancha” o “El rival se intimida cuando alineas a un delantero en silla de ruedas” son el tipo de mensajes sibilinos que, mucho me temo, salieron de la boca del auxiliar técnico del tricolor durante la fase de grupos y dejaron a Aguirre con ese gesto incierto de galletita china.




No sabemos si el destino del Vasco, en caso de perder el domingo contra Argentina, será el empalamiento o la trituración mediática, pero todavía está a tiempo de sacudirse el estigma de genio incomprendido, que no es sino la variante optimista del chivo expiatorio. Si primero amordazara a Carrillo para no caer en la tentación de consultar sus consejos, y después, frente a una defensa lenta y un tanto improvisada como es la gaucha, mandara al ataque a los más veloces (a Guardado, Juárez, Chícharo, Giovani, Barrera, con la opción de cambio de Vela y El venado Medina), es muy probable que entonces, aun con el descalabro, pueda volver a casa en calidad de héroe trágico.

jueves, 24 de junio de 2010

Italia es una mentira

Después de pegarse un tiro en el pie ante Paraguay, Italia se permitió el lujo de rubricar un aburridísimo partido frente a Nueva Zelanda. Su fútbol, vomitivo, fue pasado por alto por esa legión de profetas que auguró, parapetado en la historia, que la tropa "azzurri" pasaría de grupo emulando aquel afortunado pase sin ganar un solo partido en España '82. Italia, decrépita, mezquina, apática, antipática y huérfana de talento hasta caer en la mediocridad, se jugó todo a una carta ante Eslovaquia, una selección en las antípodas de los italianos. Porque los eslovacos son una selección invadida de jugadores de talento y poca fama mundial, mientras que los italianos están en el otro extremo. Son un conjunto de futbolistas de escaso talento y sobrevalorada reputación, con caritas bonitas de romanos iracundos. Con eso ya ganó la Copa del Mundo, en efecto, pero ese triunfo sirvió para que el vigente campeón se refugiara en su gran mentira. Sin ningún mago de guardia, sin fantasista, sin regista y sin capo cannonieri que echarse a la boca, Italia se suicidó. Pensó que bastaría con mirar a su glorioso y afortunado pasado, pero Eslovaquia le devolvió a su cruda realidad. Aferrado a ese cuento rosa histórico de que Italia pasa las de Caín en la primera fase y luego renace, la autocrítica brilló por su ausencia y esta Italia pensó en que con jugar a no perder acabaría ganando como siempre.

Italia jugó a la ruleta rusa, perdón, eslovaca. Y se levantó la tapa de los sesos. Se disparó tres veces a la sien. No hubo bala ante guaraníes ni "kiwis", pero a la tercera, fue la vencida. Su rival, más estético, más valiente, más meritorio y más atrevido, se ganó la clasificación centímetro a centímetro. Los últimos coletazos de Italia casi acaban con el corazón de los eslovacos, que juguetearon con la mala suerte y un castigo cruel. Pero esta vez, el fútbol, justicia poética, premió al que siempre quiso ganar, Eslovaquia. Lo hizo con una exhibición de Srktel en la zaga, con Vittek genial en la definición, con la aportación de Hamsik entre líneas, con el brío de Kucka (ridiculizando a Montolivo y De Rossi, inoperantes) y con las incursiones de Stoch, un puñal en el costado. La locura corrió a cargo de Kopunek, en un saque de banda, que dejó en cueros a Cannavaro, Zambrotta y el resto de defensas indefendibles de una Italia inerte.


Italia, cuya leyenda dice que siempre hay que matarla dos veces, gastó su suerte. Eslovaquia, por si las moscas, la mató hasta en tres ocasiones. Tuvo orgullo y ocasiones para resucitar, pero haber salido ilesa de este desafío habría sido excesivo hasta para un equipo cuyo "culo" es mundialmente temido por el resto del planeta fútbol. Esta Italia, la más infame que uno recuerda desde que tiene uso de razón, ha quedado desnuda en Sudáfrica, con una mano delante y otra detrás. No tiene fútbol, no tiene defensa y se marcha para casa con toda la justicia del mundo. Su estilo, cavernario, oscuro y sobrevalorado, se ha llevado su merecido. Italia llora lo que entiende como su "porca miseria", pero su eliminación es una magnífica noticia para el fútbol. Jugó al fútbol de una manera mezquina, pobre. Su recompensa, un avión para irse a casa. Es lo que suele ocurrir cuando a un resultadista le quitas el resultado. No le queda nada. Sólo la sensación de ridículo y de ser una gran mentira.

miércoles, 23 de junio de 2010

Un milgro argentino


El siguiente texto pertenece a Ezequiel Fernández Moores:


"Lo malo de las victorias es que no son definitivas. Lo bueno de las derrotas es que tampoco son definitivas". La frase pertenece al escritor portugués José Saramago, fallecido en estos días mundialistas, como Jorge Luis Borges, que murió en pleno México 86. El ex crack portugués Luis Figo cuenta que la frase de Saramago le sirvió mucho durante su carrera. ¿Le sirve hoy a la Argentina de Diego Maradona? Las victorias en primera rueda de Sudáfrica 2010, es cierto, seguirán sin ser definitivas. Las derrotas sí. Una derrota, de ahora en más, obligará volver a casa. De poco importará lo bueno que se pueda haber hecho contra Nigeria, Corea y Grecia.

La selección portuguesa de Cristiano Ronaldo homenajeó a Saramago jugando el lunes con brazalete negro. Aplastó 7-0 a Corea del Norte, la única selección del Mundial que viene de un país comunista. Saramago era comunista, pero demócrata. Tal vez sonrió con una vieja ironía de Jean Luc Godard. El cineasta francés dijo una vez que el comunismo sólo existió en dos tiempos de cuarenta y cinco minutos. Cuando la maravillosa orquesta húngara de Ferenc Puskas dio una lección de fútbol colectivo a Inglaterra. Fue en Wembley 1953. Irrepetible en Sudáfrica 2010, donde sobran equipos y faltan jugadores. Lo que llega a Sudáfrica son sólo los restos que dejan los clubes. No deja siquiera lugar para los milagros. Cuentan que una tarde, en el Estadio da Luz, Saramago, que era ateo, se asombró al ver que muchos a su alrededor se persignaban o miraban rogando al cielo. "Yo también espero todos los días una señal de Dios. Una lástima que no la encuentro". México, próximo rival de Argentina, también lloró en pleno Mundial de Sudáfrica la muerte de uno de sus mejores escritores, Carlos Monsiváis. Una vez, cuenta su compatriota Juan Villoro, a Monsiváis le preguntaron sobre la "atávica incapacidad" del fútbol mexicano de "solventar la pena máxima", una posibilidad que bien podría suceder este domingo en el Soccer City. Monsiváis, creyendo que le preguntaban por los problemas en las cárceles, respondió: "Hay demasiado hacinamiento y eso provoca motines".

Monsiváis odiaba el fútbol, igual que Borges, que dio una conferencia en el Teatro San Martín en el momento en que comenzaba el Mundial 78. "Juan Villoro ha dicho que Dios es una pelota. En este caso específico -decia Monsiváis- soy ateo". Villoro, efectivamente, escribió un libro formidable llamado "Dios es redondo". Con el argentino Martín Caparrós, autor de "Boquita", escriben estos días en la página web de Letras Vivas un blog sobre el Mundial. El intercambio sube de temperatura ahora que la Argentina y México volverán a enfrentarse, igual que en Alemania 2006. "La diosa Fortuna -me dice Villoro desde el DF- fue cruel y sitió el partido de Argentina después de nuestra derrota. Fue como ver al verdugo afilar sus armas. Creo que no hay nada qué hacer. Nuestros mejores apoyos son la Virgen de Guadalupe o un psicoanálisis lacaniano exprés para vencer el complejo de enfrentar a una Argentina claramente superior. Eso sí, caeremos jugando bien y con frases célebres de los cronistas". Villoro me cuenta que siguió la jornada mundialista en su casa, "oyendo a los gritones de la televisión nacional". Tiene vecinos uruguayos. "No nos une el amor -me dice- sino el espanto... de enfrentar a la Argentina". En su casa de Montevideo, Eduardo Galeano, autor de "Fútbol a sol y sombra", colgó en la puerta un cartel que dice "CERRADO POR FUTBOL". "No lo descolgaré hasta el último minuto del último día. Helena (su esposa) y yo vimos TODOS los partidos. Ella es atea de nacimiento, pero yo tuve infancia muy católica, y algo de eso queda", me cuenta antes del partido contra México. Caparrós siguió el triunfo de la Argentina ante Grecia en el mejor hotel de Arúa, que tiene diez habitaciones, a 15 dólares la cama y carece de luz desde la medianoche. Arúa es un pueblo de Uganda, en la frontera con Sudán y el Congo. Pantalla gigante, seis mesas de plástico y cuatro acompañantes mudos. Tal vez fue mejor así. En el Ellis Park, cuando hace unos días Corea del Sur amagaba con el empate y todos sufríamos, un hincha argentino lo reconoció y le preguntó: "¿Caparrós, usted cree que si Argentina gana el Mundial el gobierno aprovechará para usarlo políticamente?".


Ya no existe chance de utilización política para los sudafricanos. Tampoco para África, que justo en el primer Mundial en su tierra juega peor que nunca. En su despedida a Saramago, la vicepresidenta de España, María Teresa Fernández de la Vega, dijo que el Nobel portugués "soñó una tierra libre, un mundo en el que los fuertes sean más justos y los justos más fuertes". El fútbol se parece a la vida. Tampoco tiene justicia. "En cada partido -dice Villoro- los futbolistas juegan a ser dioses y el árbitro a ser hombre. Ningún otro deporte tiene un sistema de justicia tan endeble, es decir tan parecido a la vida". Caparrós habla del fútbol, y más aún de los Mundiales, como su "espacio de salvajería feliz". Villoro se pregunta si "tiene caso que suspendamos la respiración, el matrimonio y el trabajo a favor de lo que pasa en la cancha y define al fútbol como una "vuelta a la infancia donde cada juego es eterno y no admite más reglas que su propia duración". ¿Cuál será, para nosotros, la duración de Sudáfrica 2010? " ¿Pasaremos los cuartos de final? ¿O nos pasará como en Alemania, otra vez el equipo más bonito de la primera fase, pero eliminados en cuartos de final, para que la Copa quede en manos de equipos supuestamente más "serios", como el Brasil de Dunga? ¿Será Sudáfrica 2010, como por momentos amaga, un Mundial "made in José Mourinho", sin ideología, puro pragmatismo?
"¿A quién le importa el Mundial?" La pregunta, que bien podrían haber hecho, si vivieran, Borges o Monsiváis, la hizo hace unos días en un festival de literatura en Inglaterra Nadine Gordiner, premio Nobel de Sudáfrica. Los asistentes estallaron en aplausos. Tampoco le interesa el Mundial a JM Coetzee, el otro premio Nobel sudafricano. Cuando escribió "Esperando a los bárbaros" Coetzee no lo hizo pensando en la FIFA o en los barras argentinos. Borges decía que "el fútbol es popular porque la estupidez es popular". Y agregaba: "El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra". Murió ocho días antes de La Mano de Dios. Me di cuenta cuando vi su rostro en un televisor mudo del centro de prensa del Mundial de México. Como Bustos Domecq, seudónimo que compartió con Adolfo Bioy Casares, Borges, que prefería las riñas de gallos al fútbol, llegó a imaginarse en un cuento que ya no hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores. "¿Nunca lo llevo a maliciar que todo es patraña?" Se pregunta Galeano en su libro "En qué se parece el fútbol a Dios". Y responde: "En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales". Sudáfrica 2010 construyó estadios que no serán demolidos, pero que tal vez serán inútiles tras el Mundial. "¿Cómo se pueden construir estadios tan lujosos en medio de un océano de pobreza?", se preguntó Cissie Gool en un debate que intelectuales sudafricanos celebraron en mayo pasado. El de Polokwane, al menos, fue testigo anoche de la nueva hazaña de Palermo. El fútbol argentino precisa alimentarse de los mitos. Polokwane parecía anoche la Bombonera. Pero no tenemos mito mayor, se sabe, que el de Maradona. "Los que dudábamos de la condición divina de Maradona -escribió hace unos días el periodista John Carlin- nos estamos viendo obligados a cuestionar nuestro agnosticismo". Ateos, agnósticos y creyentes, intelectuales y simples hinchas, tal vez coincidan que, al menos en tiempos de Mundial, Palermo es un milagro argentino en Polokwane. Ojalá no sea el último.

lunes, 21 de junio de 2010

¡Bien Chile!

A Suiza su fútbol apenas le alcanza simplemente para construir un muro y hoy recibió un premio por ello: batió un espantoso record tuvo el arco invicto durante 551 minutos ganando nada más ni nada menos que a Italia en el Mundial 90. Frente a ello Bielsa y la selección que dirige supo encontrar las claves para fracturar esa aburrida y monotona pared que conformaron los blancos. Al ver el juego suizo, me preguntaba: ¿cómo los españoles no pudieron abrir ese muro? Y es que Chile no se extravió en la ansiedad que sí peso en los españoles –con excepción del gran Humberto Suazo que sí la ansiedad lo carcomió no por nada en el segundo minuto del partido ya contaba con una tarjeta amarilla–. Chile manejó con jerarquía las circunstancias del partido. No dejó espacios para el contragolpe de los suizos –que ni a eso se animaron–. En el primer tiempo sorprendió las proyecciones de Beausejour, el talento y la calidad de Alexis Sánchez y la sólida participación de los laterales Isla y Vidal... Para el planteamiento chileno fue fundamental la expulsión de Behrami en el minuto 30. Los suizos no pudieron subsanar su ausencia y expusieron más fragilidades que frente a los españoles. El segundo tiempo, jugó Bielsa mandó a la cancha a Jorge Valdivia y Mark González en lugar de Humberto Suazo y Arturo Vidal, minutos más adelante mandó a Esteban Paredes por Matías Fernández y fueron ellos los constructores del gol. Chile sorprende por su fuerza, su lucidez en cancha, el muy buen momento de Suazo, de Valdivia, de Paredes.

La selección chilena no se entregó al vértigo frenético, se nota que Bielsa aprendió del 2002 en Japón-Korea. Argentina en ese mundial no tenía pausa, un instante para pensar la jugada, todo era velocidad por las puntas y centros en busca de Batistuta, López o Crespo. Este Chile no corre sin antes pensar en el sentido que puede ofrecer la velocidad a la jugada. Se adminitra el vértigo, se cuidan los espacios, se presiona al rival con ánimo de recuperar el balón y someterlo a la inteligencia de Fernández o de Valdivia.


El árbitro de Arabia Saudita Khalil Al Ghamdi fue el personaje central del encuentro. Entorpeció el juego, desde la primera jugada perdió el rumbo. La amarilla a Suazo fue el indicador de que a lo largo del partido iba a interpretar de forma maximalista el reglamento. Y fue así vino un aluvión de tarjetas, sacó nueve amarillas y una roja y eso no sirvió para ordenar un partido que no tuvo roces, ni graves choques como el de ayer entre Brasil y Costa de Marfil. Tan grave fue su papel en cancha que en un momento del partido que por casualidad ingresaron dos Jabulanis a la cancha el árbitro no pudo organizar una pelota muerta en la que Suazo sacó una ventaja por un descuido del árbitro. ¿Cuál es el equilibrio entre lo que dice la norma y la interpretación del árbitro? Khalil Al Ghamdi hoy demostró que hay una profunda irregularidad del arbitraje a nivel mundial. Lo grave es que la FIFA no realiza esos ajustes y condiciona a equipos como Chiles que no podrá contar con Fernández, ni Carmona.

domingo, 20 de junio de 2010

Qué hará Bielsa...

Mañana cuando Chile enfrente a Suiza Marcelo Bielsa jugará un partido fundamental. Una revancha en Mundiales. El 2002 Argentina frente a Inglaterra y Suecia con alto vértigo, velocidad frenética y una suma de pelotazos se hundió en la intrascendencia. Todo aquello que se decía: se hablaba de la maquinaria perfecta, del planteamiento o planteamientos tácticos infalibles. De la revolución bielsista, etcétera. Para mañana me surgen demasiadas dudas:

¿Cómo planteará Bielsa el partido? ¿Su pilar será la posesión, la iniciativa en cuanto ataque? ¿Acaso ese no es un terreno demasiado propicio para una selección como la Suiza que lo que más desea es que la ataquen obsesivamente? ¿Qué alternativa preverá Bielsa si es que su propuesta de fútbol patina en el vacío y la improductividad como lo hizo la selección española? ¿Esperará a los suizos? ¿La selcción chilena presionará pero ajustando hasta el infinito el repliegue chileno? Si el partido se entraba, ¿cuál será el plan B de Bielsa? ¿Activar los laterales? ¿Qué? ¿Confiar en la “magia” de Sánchez, de Suazo? Si algo sabemos de Bielsa es su enorme capacidad de encapricharse o aquello que se conoce en lenguaje futbolero: “Morir con la suya”. Sin embargo, ¿es una locura pensar que Bielsa mañana esperará a Suiza? ¿Que dejará por un partido su marcaje a presión, su obsesión por dominar el balón? ¿Que bajará las revoluciones de ataque para concentrarse en la creación? La selección española tiene muchos recursos sin embargo ninguno de ellos sirvió para marcar, ¿qué hará Chile? ¿Acaso tienen tantos recursos futbolísticos? ¿Qué hará Bielsa? Seguramente hoy en la noche Bielsa, si es que duerme, intentará deshacerse de los fantasmas del 2002… Ojalá lo logre y mañana sorprenda al mundo del fútbol…

Mientras Bielsa anda en estas faenas la prensa chilena expande su tufillo exitista sobredimensionado… Eso no es de buen augurio…

Tres caras de una moneda: Paraguay - Brasil - Italia

Lo de Paraguay no es vistoso, detrás de su fútbol no hay una estética del toque envolvente estilo el juego español de los Xavi e Iniesta. Sin embargo, en su fútbol cualquier tipo de estas carencias se las suplanta con un fuerte espíritu de rugbiers. Su fortaleza física, su equilibrio mental, su orden táctico y sobre todo ese inmenso corazón guaraní es el que coordina su particular exquisitez. A esto se añade el Dt Martino, muy bielsista en ahogar la salida de los rivales, muy conservador para mirar el arco rival, pero muy hábil para plantear partidos y mover las fichas. A los paraguayos es injusto exigirles que además de controlar los partidos –virtud que la explotaron frente a los tanos– ataquen con intensidad e infinito vértigo el arco contrario. No, no eso no es el fútbol paraguayo. Su fútbol es lo que hicieron hoy. Anular la salida de los esloveneos –no sé si es correcto este gentilicio– tanto por la puntas como por el centro, bloquear cualquier ráfaga de creatividad en los contrarios y de a poco extraerles la poca autoestima que les resta. Esas fueron las claves del partido de esta mañana. No vale la pena individualizar y lanzar nombres, prefiero en este texto abundar en generalidades. Ojalá Paraguay trascienda esta fase y en la siguiente se tope con un rival como Japón o Dinarmka… Ya es hora de que llegue a cuartos y marque toda su impronta.


Lo de Italia asombra por la enorme inoperancia de una selección que frente a Nueva Zelanda naufragó y se hundió en lo profundo de su mediocridad . Volviendo a ver el partido o parte de él sorprende que la única situación clara de los tanos fue en el primer tiempo cuando Monteolivo lanzó un disparo que choco en el poste. Italia fue un desastre. Atacó casi todo el partido pero no creó peligro. Tiró diez mil centros que los zagueros neocelandeses rechazaron con comodidad. Tanto que en el segundo tiempo se dieron cuenta de que su rival era mucho más en los papeles que en la cancha y hasta tuvieron un rato la pelota, mientras Camoranesi y compañía seguían pateando y tirando centros sin destino. Es difícil que Italia progrese mucho con tamaña falta de talento en la cancha. No es solo la falta de Del Piero, de Pirlo sino ya la de un delantero como Inzaghi, alguien un poco más fino que estos Iaquinta y Gilardino. Di Natale, del que tanto se habla, juega por afuera y mostró muy poco hasta aquí. Del otro lado, Nueva Zelanda se colgó por momentos del travesaño, pero su defensa hizo un buen trabajo, con los tres centrales Reid, Nielsen y Smith sacando todo. Con lo hecho ya se pueden ir tranquilos a casa. Los dos goles despiertan sospechas. El de los neocelanadeses parece ser que estaba en posición adelantada y el penal para los tanos responde más a una exageración del árbitro que una aplicación inteligente del reglamento.

Días pasados rogaba acabar con el mito de Brasil… Me ratifico. Es seguramente una de las selecciones brasileras menos espectaculares y vistosas. Pero, sin embargo, es la más efectiva y pragmática. En el área contraria es letal. Su pragmatismo llega al extremo de recurrir a cualquier recurso como Luis Fabiano y sus dos sutiles juegos con la mano. Poco importa que falten las florituras de los Ronaldinho, Adriano, Diego, Ganso y otros con magia en sus pies que no están en Sudáfrica porque a Dunga no le apetece. En su lugar, brillan rocas en el centro del campo como Felipe Melo o Gilberto Silva, expertos en la retaguardia como Juan o Lucio, con Julio César cubriendo sus espaldas. También está Maicon, demostrando por qué es el elegido para el carril derecho. O Michel Bastos, un extremo reconvertido a lateral que también sorprende por lo bien que trabaja en la banda izquierda. En el primer tiempo, Brasil hizo el mejor gol del torneo, cuando Luis Fabiano se la tocó de taco a Kaká, este le devolvió un pase asombroso y el delantero fusiló al arquero y la clavó en el ángulo. Este gol fue fundamental para noquear a los marfileños que se hundieron en una patética improductividad que ni Drogba se salvó. Es una pena porque para muchos de esta generación de jugadores marfileños será su último mundial. Además que se trataba de la esperanza africana pero al parecer todas las selecciones se hundirán en esta primera fase. Volviendo a Brasil este es un Mundial realmente duro. Brasil demostró solidez. Especialmente esa capacidad para definir en el momento menos pensado desde una situación de intrascendencia y producir la jugada más brillante en medio de la monotonía y la tensión. Es un equipo durísimo al que, por ahora, se le pueden hacer muchos reproches. Jugar este mundial es muy difícil. Y parece que Brasil está encontrando las claves para poder manejarlo… Veremos…


No puedo cerrar este post sin escribir sobre el árbitro francés Lannoy quien definitivamente hizo el peor arbitraje del campeonato. Validó el gol con doble mano de Fabiano. Dejó pegar en extremo a los marfileños. Y para colmo expulsó al que recibió los golpes. Dejó pasar dos pisotones que eran para tarjeta roja. Costa de Marfil terminó apenas con tres amonestados, cuando bien podrían haber ido presos.

sábado, 19 de junio de 2010

Pulsión de muerte

Fueron dos días muy tristes para la literatura: ayer, antes, mucho antes de que juegue Alemania con Serbia, después, mucho después del triunfo de Suiza sobre España, en medio de esos dos tiempos falleció José Saramago. Hoy, mientras los mexicanos sólo piensan en su futuro partido frente a Uruguay recibieron una dura noticia, falleció el gran cronista irónico: Monsivaís. Qué duro para la literatura, para los lectores, para aquellos que quieren descubrir qué es el sentido común, que hay allá entre las palabras que comunican a la gente, en las palabras que sirven en las que no, algo de eso sabían o con algo de eso constantemente especulaban estos dos grandes escritores. Monsivaís supo hacer del mundo un laberinto de infinitas crónicas, un objeto gigante, inabarcable para transformarlo en texto, en humor. Saramago siempre con las palabras arrojaba al mundo pequeñas huellas a seguir, no quería configurar ningún camino, menos ruta dogmática, simplemente arrojar migas para allí capturar eso que puede ser la poesía.

Hoy anduve demasiado abstracto, pensando en la muerte, en la indócil Jabulani. Mi mirada sobre el fútbol no se concentraba en las selecciones que se enfrentaban, quería mirar a la tribuna, a los vendedores ambulantes, no quería saber de Eto, menos Sneijder, olvidarme de Asamoa, del excelente árbitro Baldasi. De rato en rato, me reía del profundo sueño que me produjo el aburrido, improductivo y marchito fútbol de los ingleses (jejejeje). Quería agarrar una vuvuzela y tocarla en honor de estos grandes de la palabra, de las especulaciones, de las mentiras. Ensordecerme, eso es lo que quiero. Entre todas esas peripecias me encontré con un texto interesante que se llama Pulsión de Muerte del conocido periodista Enri Gonzales. Ahora, lo leerás, misterioso lector que visitas este blog. Mientras lo lees yo me quedaré como un fantasma sentado en la tribuna que ves en la foto tomada por la BBC. Allí estoy, ¿me ves? Allí... Tengo un cartel que dice: Yo soy un candidato a nada...


Pulsión de muerte


Supongamos que las selecciones de fútbol fueran psicoanalizables. En ese caso, habría que seguir suponiendo, funcionarían según el principio del placer y según el principio de realidad.
Freud atribuía al principio del placer los impulsos más básicos: queremos conseguir el placer y evitar el dolor.

Lo normal sería que un partido estimulara el principio del placer en sus participantes. Son futbolistas jugando a fútbol, una actividad que (no dejemos de suponer) les gusta muchísimo, ante una audiencia cuya inmensidad parece capaz de satisfacer cualquier tipo de exhibicionismo.
Evidentemente, existe el rival. Y existe la responsabilidad de sacar un buen resultado. Eso activaría el principio de realidad, es decir, la acomodación a las circunstancias: se acepta demorar el placer y se tantea, se especula, se defiende, sin perder nunca de vista que el objetivo es la satisfacción final: la victoria, el pase a la siguiente fase, el orgasmo supremo de alzar la copa.
La mayoría de las selecciones oscilan entre placer y realidad. Algunas, como Argentina, Uruguay o México, empezaron muy clavadas en la realidad y en el segundo partido se aproximaron al placer. Otras, como Alemania y muy especialmente España, ya han comprobado que la realidad, a veces, es poco placentera y conduce a la frustración. Habrá que ver cómo evolucionan.
Hay, sin embargo, un par de casos especiales para los que también se puede apelar a Freud. El doctor vienés consideraba que en situaciones de altísima tensión, cuando la realidad se hace insufrible, las personas esgrimen una pulsión opuesta a la del placer. Se trata de la pulsión de muerte. La persona (la selección de fútbol, en el caso que nos ocupa) desea desaparecer, autodestruirse, convertirse en nada, para resolver una tensión que no es capaz de afrontar.
Inglaterra es uno de esos casos. En sus dos partidos ha resultado evidente el sufrimiento de sus jugadores, su incapacidad para hacer frente a la realidad. Que tipos como Rooney, Gerrard y Lampard no consigan tocar un solo balón con criterio revela una angustia profunda. Un síntoma adicional fue la bronca de Rooney a los espectadores tras el empate con Argelia: la pulsión de muerte se vuelca al exterior en forma de agresividad.

Hay algo que oprime a los ingleses. Tal vez las muchas décadas de frustración desde la victoria de 1966, tal vez la presión de un público que en cada Mundial espera mucho de ellos y a la vez sospecha que obtendrá poco; tal vez la misma presencia de Capello, un técnico que tiende a exprimir y carbonizar sus equipos. No lo sé.


Luego está el caso de Francia. Quizá sería un exceso de benevolencia atribuir a los seleccionados franceses, entre los cuales hay futbolistas de una calidad teóricamente indiscutible, una simple fase negativa, un descenso hacia la pulsión de muerte. Lo suyo parece más bien nihilismo. Pero también esa valoración podría resultar demasiado positiva.
Dejémoslo en el viejo “jemenfoutisme”: les da igual todo, les aburre el fútbol, les hastía el público, no quieren perder más tiempo del estrictamente necesario entre balones que brincan y ruido de vuvuzelas. Lo que desean es largarse de vacaciones.


Lo que, bien mirado, y tratándose de futbolistas a los que, por lo que sea, no apetece jugar al fútbol (¿odio a Domenech?, ¿sentimiento de culpa por haberse clasificado con la mano?), enlazaría con el principio de realidad y el principio de placer: quieren darse el gustazo de irse a la playa.

viernes, 18 de junio de 2010

Y cayó el candidato...


Para Alemania el partido de hoy era un simple trámite impuesto por la FIFA para llegar a octavos y de a poco escalar a la final. Esta mañana el fútbol dio un sopapo a los germanos que no ofrecieron ni un pedacito del fútbol que mostraron frente a Australia. Seguramente el goleado rival del domingo pasado ofreció demasiados espacios tanto a los inteligentes volantes (Muller, Khedira, Özil) como a los puntas (POdolski, Klose).


Hay que precisar que Alemania se quedó afuera, pero recibió un golpe durísimo, que le complica la clasificación y, aunque finalmente logre pasar, se abre un serio interrogante sobre sus verdaderas posibilidades. No es que Alemania haya sido un desastre total sino que se combinaron una serie de circunstancias para que perdiera el partido, pero esas circunstancias se proyectan de algún modo sobre el futuro.


Los alemanes salieron un poco displicentes, livianos. Serbia no fue el equipo apático que jugó con Ghana. Se paró mejor en el medio, le obstruyó los caminos al rival agrupándose en el medio y jugó con energía, voracidad, concentración. Lo de Serbia era simple. Marcar, dársela a Stankovic en el medio, buscar al rubio Krasic en la derecha, tirar centro para que la baje el gigante Zigic. Nada para inquietar demasiado a nadie.


Alemania seguía tranquilo, dejando pasar los minutos y, de pronto, entre los 30 y los 35 se encontró con Klöse expulsado y con un gol en contra obtenido con la fórmula Serbia. Y de pronto, el mundial era otro.


Alemania se recuperó un poco. Hubo un tiro en el travesaño de Khedira cuando terminaba el primer tiempo y, al principio del segundo, los alemanes jugaron diez minutos brillantes con la conducción inspirada de Ozil, su mejor jugador, ahora tirado sobre la izquierda. Los serbios se pusieron nerviosos y a los diez minutos clavados Vidic cometió un penal infantil. Pero Podolski lo anunció y el buen arquero Stojkovic lo atajó.

Allí se terminó Alemania, mostrando lo que uno nunca hubiera esperado de los alemanes: debilidad anímica. Eso es lo más preocupante de su derrota. El equipo bajó los brazos, produjo poco de allí en adelante y, para terminar de caerse, contó con la colaboración de su técnico que sacó a Ozil para poner a los suplentes que no habían rendido siquiera contra Australia, cuando el partido era fácil. Serbia manejó bien el contragolpe y pudo aumentar, tuvo dos tiros en los palos, pero no le interesó ganar por más y acaso lo lamente en el futuro. Alemania se fue con la cabeza baja, como pocas veces en su historia.

Horrible Francia


La llegada de Francia al Mundial estuvo teñida de la tramposa mano de Tierry Henry frente a los irlandeses. Cayó en el repechaje ya que no tuvo el fútbol suficiente para encarar una eliminatoria. La Francia de Domenech es una desgracia para el fútbol. Ya lo sabíamos, pero después del fiasco de la última Eurocopa, no nos queríamos convencer de que los franceses no tuvieran nada mejor que ofrecer en esta oportunidad y continuaran con esa monotonía y ese desgano para jugar. Los franceses parecen estar esperando el momento de volverse a casa y salir de vacaciones.


Domenech, además, intenta empeorar la alineación en cada partido. El otro día, contra Uruguay, había jugado bien Diaby. Ayer Domenech lo mandó más atrás, sacó a Gourcuff e incluyó a Malouda. Resultado: Diaby no pesó en el ataque y casi no se lo vio. En cambio, tuvo un mayor protagonismo Ribery, un buen jugador que con los años se ha ido transformando en un mal jugador, casi en un mentiroso. Ha perdido inspiración y simula ejecutar movimientos de ataque. Tira al arco, centra o pone un pase largo sabiendo que no va a ocurrir nada, que su equipo va a perder la pelota. En los últimos tiempos escucho seguido a los comentaristas de la televisión decir que los atacantes deben “terminar las jugadas”, esto es, que no deben dejar que les quiten la pelota a media agua y venga el contragolpe. Francia cumple este precepto a rajatabla: Ribery, pero también Anelka, Govou, o Malouda (y ni hablar del muy torpe Cignac que entró en el segundo tiempo) se sacan la pelota de encima cuando llegan cerca del área. La tiran afuera o se la regalan al arquero. Lo máximo que parece ambicionar la Francia de Domenech cuando ataca es lograr un corner. No hay una jugada imaginativa, una sorpresa sino apenas la tenencia intrascendente de la pelota. Tengo la impresión de que entre los dos partidos, Francia tuvo una sola situación de gol y fue a los seis minutos contra Uruguay. Creo que nos aburrimos mortalmente con Francia pero hay que verle el lado positivo al asunto: falta un partido y después no le veremos nunca más la cara a Domenech.


México respetó demasiado a Francia. En realidad, los mexicanos son muy respetuosos. Tal vez por eso salen a jugar siempre con extrema cautela, arman esos cerrados sistemas defensivos y protagonizan encuentros muy cortados. Ayer se batió el récord de faltas, nada menos que 48. México juega con cuatro en el fondo, pero con Rafa Márquez como quinto defensor por el medio, más otros dos volantes defensivos y un trío atacante que suele quedar aislado entre sí. Es cierto que México tiene algunos pequeños secretos, como que Márquez puede salir de la cueva a lo Pirlo y poner pelotas de atrás como hizo hoy varias veces, incluso en el primer gol. Y que otro defensor, Salcido, creó hoy la mejor jugada de ataque del primer tiempo. Pero, de todos modos, la táctica de México es aguantar el primer tiempo y, si el contrario no parece demasiado temible, intentar algo más en el segundo a partir de los cambios y de un adelantamiento de las líneas. Además, tuvo suerte, porque primero se lesionó Vela y entró el corredor Barrera, que molestó bastante a la defensa. Pero el técnico Aguirre recién dio la impresión de que intentaba ganar el partido cuando hizo entrar a Hernández por Franco, un jugador al que nunca le vi la menor gracia, ni cuando era argentino ni ahora. El Chichito Hernández, en cambio, es mucho más audaz e incisivo, como lo demostró definiendo muy bien en el primer gol tras picar a la velocidad del rayo. Pero si Aguirre lo deja en el banco en un partido más difícil, corre el riesgo de que después sea demasiado tarde. Pero igual, fue meritorio lo que hicieron hasta ahora.
Otra vez, el amuleto mexicano resultó Cuauhtémoc Blanco: entró y vinieron los goles. A esa altura, los franceses dejaban espacios y les importaba todo muy poco, ni siquiera se enojaron cuando el réferi les inventó un penal a los mexicanos, que Blanco ejecutó con maestría. Es difícil decir si el partido se definió con el segundo gol, con el primero o cuando salieron a la cancha.

martes, 15 de junio de 2010

Hay que acabar con el mito de Brasil


Una de las estafas más sangrantes del fútbol está relacionada con la selección brasileña y su apropiación del mito que la hizo incomparable. Brasil juega mal, o muy mal, desde hace demasiados años. Peor aún, profundiza con terquedad en un modelo antipático para los aficionados y con menos garantías de éxito de lo que se pretende. Pero pese a todo y esto es lo más doloroso… Aun así puede ganar el Mundial.


Tras la eliminación de Brasil en el Mundial 82 se produjo un movimiento contra la naturaleza de su fútbol. Se dijo que esa forma de jugar no tenía sentido, como si aquel equipo inolvidable no hubiera dejado huella. Brasil incorporó la figura del líbero en el Mundial de 1990 y formó con el cuadrado mágico en 1994. Dos centrales poderosos y dos pivotes defensivos para aburrir a todos, afearse y garantizar el éxito.


El mito ha dado mucho juego a una selección que no tiene respeto por su pasado. El número de partidos que Brasil juega mal es infinitamente superior al de partidos donde se respete el compromiso con el juego. El desequilibrio es tan grande que cuesta recordar partidos notables de una selección que tiene más exigencias que ninguna con el fútbol. La estafa procede de la diferencia entre lo que se promete, el mito del maravilloso fútbol brasileño, y lo que se concreta: uno de los equipos más aburridos del mundo. Y hoy en la tarde frente a los Koreanos fue otro partido de ese calibre.


La fórmula nació para ganar títulos y matar de aburrimiento a todos los futboleros de cepa. Es una deslealtad impropia de Brasil. Como todas las fórmulas, su efecto ha perdido eficacia con el tiempo. Los brasileños han terminado por depender de los detalles, no del vuelo de sus mejores futbolistas. Cualquier equipo con Romario, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho, Robinho tiene más garantías de marcar que ningún otro. Pero Brasil no está armado para sacar lo mejor de sus grandes jugadores. Está construido para defenderse de forma miserable y contrargolpear en el momento que los rivales le ceden un espacio.


La temprana y merecida eliminación en el Mundial de Alemania agitó al país pero no cambió los hábitos. Brasil se hundió porque ha interiorizado la vulgaridad. Los centrocampistas no pueden dar un pase, los delanteros están aislados, todo el mundo conduce la pelota, no hay comunicación entre las líneas, se privilegia tanto lo defensivo que el ataque sólo está disponible para el destello, el golpe de ingenio, un instante apenas.


El Mundial de Alemania hizo fracasar la reputación de Ronaldinho y empeoró el prestigio de Kaká. En medio del instrascendete juego de Brasil, los dos astros se olvidaron del fútbol y pretendieron hacer una publicidad para Nike en cada jugada, pero se olvidaron de brindar fútbol al equipo. Brasil no jugó cinco minutos decentes en Alemania y al parecer –espero equivocarme: pasará lo mismo en este Mundial. El mito del jogo bonito, el mito que explotan los brasileños como si nadie se enterara de la verdad, se desplomó en el Mundial 2006. Era un buen momento para reflexionar sobre las consecuencias del fracaso. Sin embargo, el resultado es desolador. Lo peor de la fórmula se manifestó nuevamente hoy frente a los Koreanos del Norte. De nuevo los centrocampistas defensivos, otra vez la ausencia de un pase, de un regate, de algo que remite no a Brasil, sino a un equipo de medio pelo. Nada. Otra decepción. Otra estafa. El mito a la basura. Metieron el gol en el minuto 70 y ofrecieron tan poco…


Costa de Marfil – Portugal fue el partido que más espere en esta primera fase… Está demás decir que el partido me decepcionó tanto… Aunque la monotonía vista hoy en los partidos, sobre todo entre Costa de Marfil y Portugal es un patrón general de casi todos los partidos. Casi todos sufren de una impotencia ofensiva generalizada y de una falta de convicción por parte de los equipos que exceda la mera ejecución correcta de un esquema rígido. No hay audacia, no hay variantes, no hay jugadores que se pongan un equipo al hombro. Todos han estudiado cuidadosamente a los rivales y saben más o menos cómo neutralizar el ataque contrario. Pero salvo alguna jugada preparada, nadie tiene mucha idea sobre cómo organizar el propio. Es como si la defensa estuviera a cargo de un técnico competente y el ataque de otro medio inútil. Y eso ocurre con equipos de continentes, tradiciones y jerarquías diferentes. Espero que los partidos de mañana, la tan esperada España se revele de esta mediocridad hasta ahora expuesta…


Foto: BBC

lunes, 14 de junio de 2010

Italia 1 - Paraguay 1


Reproduzco un gran texto de Quintin, su blog La lectora provisoria:


Fue un buen partido jugado por dos equipos que no tienen en la cabeza hacer un buen partido. Más que futbolistas, tanto italianos y paraguayos se parecen a un equipo de profesionales de otro rubro, digamos un escuadrón de bomberos entrenados para cumplir una misión riesgosa en la que cada uno debe aportar lo mejor de sí mismo y deben colaborar con sus compañeros. Italia es el inventor del fútbol-lavoro y Paraguay fue siempre su mejor alumno sudamericano (recordemos que su selección llegó a tener técnicos italianos). Tanto, que hoy le dio a los italianos una dosis de su medicina.


Lo paradójico de Italia es que, siendo un equipo de esforzados trabajadores, es también increíblemente arrogante. Uno los veía a los tanos cuando cantaban el himno, esa mayoría de grandotes rubios y de ojos celestes. Todas las selecciones europeas tienen jugadores de otras etnias entre los convocados, pero los italianos son italianos. A lo sumo, hay alguno del sur o algún argentino como Camoranesi, que la va de más italiano que los italianos y hace un punto de la prepotencia y la soberbia. Italia parece haber logrado eliminar finalmente de su equipo todo atisbo de aquellos jugadores que allá se llaman “fantasistas”. Ya no hay más Baggios, Tottis, Del Piero, esos jugadores que tenían prohibido jugar juntos pero que uno esperaba ver al menos un rato en los mundiales. O ya no salen más o no los convocan, pero da igual: el fútbol italiano va logrando parecerse cada vez más a sí mismo.

Paraguay es otro país en el que nunca abundaron los jugadores que la tribuna llama “distintos”. El número diez, un clásico sudamericano, no suele visitar tierras paraguayas. Tampoco delanteros exquisitos, creativos o excéntricos. Me viene a la memoria el insólito Pipino Cuevas, el más creativo de los delanteros paraguayos, que era todo lo contrario de un jugador paraguayo. Impredecible e irregular, nunca llegó lejos en la selección. En cambio, los paraguayos son sólidos, grandes defensores como los italianos, grandes cabeceadores también y grandes luchadores en el medio campo. Sus delanteros, como los italianos de ahora (no hablo de un Paolo Rossi o de un Inzaghi sino del prototipo), son fuertes, ágiles y dedicados.

Pero atención. Que los italianos no fantaseen y que hayan hecho del amarretismo una religión no quiere decir que no tengan técnica y menos que sean unos troncos. Ese ejército de mediocampistas que paran en la cancha y sus aguerridos defensores saben parar la pelota, saben tocarla, saben darle el destino adecuado cuando deciden no reventarla a la tribuna. Son físicamente muy aptos para jugar al fútbol porque saben hacer de todo un poco. Un buen ejemplo es De Rossi, cuyo rango va desde asesino a goleador. Y esta generación resulta particularmente apta para desdoblarse en defensa y ataque. Han incorporado un marcado de punta dúctil como Criscito y un volante muy interesante como Montolivo, acaso el que más se parece a un jugador vistoso Las dos altos y veteranos delanteros, Iaquinta (30 años, 1.86, más tirado atrás y por afuera) y Gilardino (28 años, 1,84, punta-punta) no son de los mejores que uno ha visto, pero se las rebuscan. Cuando los italianos atacan, hacen un gran despliegue, ocupan el ancho del campo y tiran centros temibles. Les alcanza con eso. O, al menos, siempre lo creyeron así.

A los paraguayos les pasa algo parecido, pero nunca terminaron de creerlo. Hasta que llegó Martino, que fue un jugador sutil, talentoso y estático convertido, como entrenador, en un defensor de las virtudes contrarias. Es decir, de las virtudes paraguayas. Martino le da a Paraguay la identidad que le corresponde. Porque si hemos señalado las virtudes históricas del equipo, sus defectos siempre fueron la irregularidad, la renuncia al ataque en los partidos importantes y cierta tendencia a perder la calma ante la adversidad. Este equipo paraguayo es mucho más equilibrado y mucho más consciente de que sabe defender pero también que necesita tener recursos ofensivos. Y, sobre todo, que debe estar concentrado todo el partido, en defensa y en ataque, aun cuando los resultados se compliquen. Martino logró también hacer rendir a sus jugadores más que en sus equipos (piensen en Morel o en Torres) y que las ausencias (una tremendamente importante como la de Cabañas, el mejor delantero paraguayo desde Arsenio Erico) no se noten.

El primer tiempo paraguayo fue perfecto. Desbarató todos los ataques italianos pero no renunció a retener la pelota cuando la conseguía y atacó con peligro. El gol fue de pelota parada y consistió en un tiro libre perfecto de Aureliano Torres y de un cabezazo perfecto de Alcaraz, la revelación del partido, un defensor lleno de recursos. Después, en el segundo tiempo, la táctica era no solo mantener el resultado sino conservar la pelota. Pero a partir de los diez minutos, Italia se la sacó y los desbordó. Es gracioso que cuando los italianos necesitan más ofensiva recurran un tipo como Camoranesi, el jugador menos creativo de la tierra. Pero les funcionó. Italia atacó y atacó y en el único error del arquero Villar llegó el gol, por supuesto, en una pelota parada.


Allí paró de llover y el partido se hizo mucho más intenso todavía. A pesar de la contrariedad, Paraguay se recuperó y volvió a jugar de igual a igual hasta los últimos minutos, cuando se lesionó Santana y ya no había más cambios. Pero aunque Paraguay volvió a perder la pelota, la defensa siguió respondiendo e Italia no pudo ganar el partido.
Foto: AP

domingo, 13 de junio de 2010

Alemania gusta pero no asusta

Es necesario empezar a escribir sobre el partido de Alemania – Australia desde un lugar común. Muy común… Para desarrollarlo quiero convocar al siempre fascinante (ex) jugador inglés Gary Lineker. Luego de que Alemania elimine por penales a su selección en el Mundial del 90 en Italia lanzó una frase que describe con tal cabalidad el poderío Alemán. En medio de sus típicas frases irónicas y su punzante lucidez dijo: “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, se lo juega once contra once, en el que siempre gana Alemania”.

Alemania llegaba al Mundial Sudáfrica vapuleada por una plaga de lesiones, se la menospreciaba por llevar a Sudáfrica a un grupo de jugadores jóvenes donde uno de los mayores es Philipp Lahm, sufrió el suicidio de su arquero titular, Enke. Además creo que lo más importante es que se trata de una Alemania multiétinica donde los turkos, los tunecinos, brasileros, son los nuevos herederos de esa costumbre de ganar y Low entendió que son ellos los que dotarán de esa frescura que carecían las últimas selecciones alemanas. Para no ser tan abstracto Cacau (brasileño), Marin (bosnio), Khedira (de padre tunecino) y los polacos Klose y Podolski, entre otros. Frente a todos estos condimentos o adversidades, según quien la mire la selección alemana hoy rompió los estereotipos que la rodean.


Contra Australia sorprendieron con un equipo extrañamente alegre (¿será por su nueva característica multiétnica que inyectaron gracia a su espesa sangre?), con mucho toque, nunca cayeron en eso que tanto los seduce: el pelotazo, por el contrario con la pelota en el piso mostraron un juego asociado, contundente, en el que mostraron su ductilidad en la técnica pero sin perder su típica fuerza. También sorprendió el juego estratégico por las dos puntas, las exquisiteces en el juego largo (en el que son los especialistas del Mundo). Sorprendió hasta la estética en los contragolpes que transformaban en nudo o en varios nudos a la confundida defensa australiana. Los mejores momentos colectivos de todo el mundial se vieron cuando los alemanes hacían ese sube y baja, descargando hacia las puntas en el momento oportuno para después ir a buscar al área, en fin: muy buen fútbol. Además hay que decirlo con favoritismos arbritrales del mexicano, ya sea en la expulsión del australiano o en no cobrar una clarísima mano en área, eso también son los alemanes: eficientes hasta en la suerto o en los favorítismos. Hoy volvió a surgir la Alemania de siempre: la favorita, como dicen los titulares de la Fox, de ESPN y cualquiera que haya rastreado los 8 partidos jugados.


Pero para sacarle un poco más de brillo a esta selección vamos línea por línea. Hoy jugó un arquero Neuer eficiente en lo poco que se le exigió, sobre todo una en la que sacó un remate de un australiano. Los tres jóvenes volantes: el tunecino Khedira sorprendente en su capacidad de contención y en su chispa para encender el ataque, el “alemán” Özil otro volante exquisito con toques de crack, irreverente (usted dirá un gesto extraño en un jugador alemán y es que evidentemente tiene razón no es alemán es turko) y otro interesante volante Müller con menos virtudes técnicas, pero con fuerza, velocidad y con dotes casi mágicas para el juego largo. No quiero olvidarme de dos punzantes delanteros como Klose y Podolsky, ni del controlador de ritmos el gigante Mertesacker, tampoco del gran lateral Lahm.

Después de tanto piropo creo que Joachim Low en el primer partido de su selección derrumbo esos pesados estereotipos que encasillan a Alemania en ese fútbol basado en el tedio que impone el físico, el pelotazo y la velocidad. Después de tantas crisis que sufrió su selección le dio una vuelta de tuerca fundamental. Low observó que en su país pasa algo distinto con las fuertes migraciones turcas, tunecinas, entre otras, y demostró que Alemania en la cancha también puede ofrecer otras variables trayendo a esos jugadores que deleitan en la Bundesliga. Ahora es importante ver las otras puestas en escena que quedan, sobre todo en contiendas más ásperas en octavos o cuartos… Por ahora, gustaron… ¡Como gustaron! Hoy en el fútbol de los alemanes no se priorizó su organización, ni su obsesiva metodología, ni se recurrió a su pragamatismo agobiante y predecible, ni se abusó de ese su orgullo por dedicarse al trabajo físico, hoy ganaron –como siempre, dirá Lineker– porque su fútbol fue más alegre, sometido más a la técnica, a la irreverencia y sobre todo a ese huracán que tienen atravesado en el pecho ese tunecino y ese turko…